3/11/10

FE Y RAZÓN

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS 3/11/2010

   Viene el Papa y conviene tentarnos la ropa ante un asunto que todavía hoy continúa, para muchos, como cuestión irresuelta: qué rol juega la Iglesia en nuestra sociedad. El papel que las religiones han tenido históricamente estaba justificado en la situación de desigualdad social permanente: la intermediación con el más allá era la escusa para el establecimiento de los principios morales/civiles que gobernaban las vidas de los sujetos a través de sus conciencias. La Iglesia se ha reservado siempre el papel del privilegio: ellos, su burocracia, son los únicamente habilitados para relacionar a los fieles con su dios. El manejo de los terrores colectivos, la angustia ante la muerte, la desazón por el caos y aleatoriedad del mundo, la vejez y enfermedad, etc. han conformado un fértil terreno para la siembra de seguridades, promesas, paraísos y certidumbres.
Pero lo que pudo valer para una época raramente puede revalidarse para otras. El Papa lo sabe, de ahí su nuevo Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, o lo que es lo mismo, la re-evangelización de las tierras de más viejo catolicismo. ¿Es esto lo que España necesita? ¿Más Iglesia, más doctrina, más conductismo por terceros de los ciudadanos? Qué rápido consumimos ese título de ciudadanos..., qué poco nos paramos a pensar en el significado de esa invocación de derechos y deberes ganados con sangre frente al fanatismo y dirigismo de quienes querían la perpetuidad de la sociedad de súbditos... Somos ciudadanos, sumas de voluntades libres que aúnan decisiones por el bien colectivo. Somos sujetos independientes y con criterios personales, con valores, decididos a buscar y construir una sociedad más equitativa y tolerante.
   El exceso de obsesión sobre el ser colectivo, el afán por reunir elementos que expresen la identidad ha construido la especie de que para ser español hay que ser católico, cuando lo único que de verdad nos convierte en españoles es vivir en España y cooperar por el bien común. Que durante siglos los tonsurados dominaran las empobrecidas vidas ajenas no convierte a la tradición religiosa en garante de nada. Demasiadas pruebas ha dado ya la Iglesia de su inhumanidad y carnalidad como para pensar que la moral y el bien solo pueden darse en su divino seno. A lo mejor es al contrario. Por si las moscas, recordemos la definición de Fe que da Ambrose Bierce: «creencia sin evidencia en lo que dice alguien sin conocimiento sobre cosas sin parangón».

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