1/12/10

PUTREFACTO, MENUDO ELEFANTE

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 1/12/2010

Hay un inmenso elefante azul en mitad del salón que mira a uno y otro lado con cara de sorna, descojonado de risa por su pretendida invisibilidad. El elefante se llama corrupción y se alimenta, sobre todo, de la construcción y las obras públicas.
No nos equivoquemos y pensemos que la corrupción es un tema manido, especialmente la de la llamada Gürtel, que suena ya a salsa remostada. La corrupción, además de  cáncer para la democracia, supone prácticas de profundo perjuicio social que acabamos pagando entre todos.
La contravención de los principios de igualdad, transparencia, honesta administración pública, legalidad.... lleva mucho tiempo instalada en la gestión de lo público, especialmente en las esferas de lo municipal y autonómico. Compra voluntades, firmas, personas...  Y quienes la practican pretenden después la honorabilidad social que da la riqueza.
No es simplemente dinero de un señor que pasa al bolsillo de un político. Los miles de euros que éste se embolsa por estampar alevosamente su firma en un documento de licencia o concesión vuelven putrefacto todo lo derivado de ese gesto. Ninguna esfera de influencia de ambos, político y empresario, permanece incólume al devastador proceso de la corrupción y desintegración ética.  Obviamente este fluir monetario va repercutido en la obra, que no solo implica un encarecimiento de todo el proceso hasta llegar al usuario sino además un peor servicio. Acabamos pagando cifras exorbitantes por cosas que no las valen, con materiales que no se corresponden a las calidades exigibles. El ciudadano es estafado y engañado: porque el político, su representante, ha puesto su interés personal por encima del bienestar ciudadano; y porque se despilfarran los recursos que generan sus impuestos al favorecer a una empresa que no era ni la más eficiente, ni la menos costosa, ni la mejor...
No todos los políticos son corruptos y no se debe consentir este lugar común de “todos lo hacen” que lleva al mantenimiento de gentes turbias. Ya está bien de dar gato por liebre. Se ha de exigir limpieza y probidad, y los partidos han de ser los primeros en cortar el más mínimo atisbo de falta de honradez si no quieren ser tenidos por cómplices. Se lo exigimos a los obispos con los curas pederastas, ¿no lo habríamos de hacer con quienes elegimos para que procuren el bienestar social?