15/12/10

MI CUARTO A ESPADAS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 15/12/2010


 Con la irrupción de Wikileaks una gran parte de la dignidad perdida ha vuelto al periodismo. Aquello que el viejo conservador liberal Edmund Burke (1729-1797) había calificado visionariamente como “cuarto poder”, ha sufrido un desgaste conceptual de tal magnitud que resulta completamente fatuo calificar así a los medios de comunicación. El ejercicio de contrapoder y lucha por las libertades que magistralmente encarna Humprey Borgart en la película “El cuarto poder” (en inglés: Deadline U.S.A.) de Richard Brooks (1952), solo parecen revivir hoy en la persona de Julien Assange.
Grupos y empresas controlan la información, silenciándola, desvirtuándola, retorciéndola. Del sabueso e impenitente noctívago de aquel cine negro, no pocos periodistas han pasado a ser personajes de campanillas, tertulianos de corifeo que usan su verbo pirotécnicamente para loa de los intereses del medio alineado. Pasa aquí y en EE.UU. Convencidos de que se dirigen a parroquianos fieles, llegan a proclamar, por ejemplo, que las actuaciones policiales y judiciales responden a campañas políticas (y no al acatamiento de esa ley que es igual para todos); que Sadam tenía algo que ver con Al-Qaeda o que ETA estaba detrás del 11-M.
Los viejos románticos de la profesión, aquellos que conocen lo que todo horno cuece, que tienen fuentes propias, independencia de su jefe de sección y estilo en el manejo del adjetivo y la coma, ven horrorizados la exaltación de la nota de prensa institucional que lleva la misma noticia a todos los medios sin discordancia alguna. O como dice Meryl Streep en “Leones por corderos” (2007), “nos creímos todo aquello de las armas de destrucción masiva y ninguno de nosotros se molestó en contrastarlo”.
Wikileaks no ha puesto en riesgo vida alguna, como dicen los que más temen al ejercicio de una prensa libre. Sus reveladoras filtraciones han recordado al mundo que la prensa no está para adular al poder o a los que lo ambicionan, sino que es un instrumento para construir sociedades más libres y honestas. Internet emerge como un contrapoder, un espacio de voces que precisan alternativas, que permite al ciudadano consciente su agrupamiento en busca de intereses colectivos. Por eso no duden de que meterán mano al medio por todas las vías posibles. Irán a por ellos.
En el país de las cortinas de humo, de las mentiras y montajes infumables sobre el 11-M, de la crítica absurda al inteligente periodismo de “Salvados” (La Sexta), que no nos vengan con mandangas deontológicas sobre las filtraciones: “la verdad os hará libres”, Jn 8, 32.
 

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