26/1/11

IRAS Y MIERDAS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 26/01/2011

También las palabras las carga el diablo. Y en su detonación, enmierdan. No se puede decir cualquier cosa y quedarse tan pichi. O fijamos límites o nos dejamos de pamplinas y vivimos a torta limpia.
Resulta descorazonador ver cómo políticos y medios de comunicación pierden el sentido ético y de compromiso con la verdad que debe animarlos. ¿Qué ocurre cuando, paradójicamente, ciertos medios de comunicación abandonan su crucial papel para convertirse ellos mismos en factores políticos de alteración, manipulación y tergiversación? ¿O qué cuando los políticos apesebran los medios con dineros publicitados u oscuros? Lo diré con claridad: todo se acanalla.
El caso de la congresista Gabrielle Giffords en Arizona ha obligado a la nación estadounidense, con su presidente a la cabeza, a decir ¡basta ya! No se puede construir el disenso político sobre la confrontación y desacreditación más grosera dando alas a la inmensa minoría estulta para cometer crímenes execrables. Porque en Estados Unidos se han estado diciendo barbaridades sobre el Presidente Obama, sobre los demócratas más progresistas, sobre aquellos que han antepuesto principios de compromiso social a rígidas e intolerantes morales religiosas, caso de Giffords.
El discursito de Mayor Oreja el otro día en la convención del PP no tiene nada que envidiar a las jeremiadas del Tea Party. No es un verso suelto, es un ala entera. Eran casi, palabra por palabra, las rijosas barbaridades que sueltan medios como Intereconomía TV, que llega prácticamente a decir que el Gobierno obliga a abortar. En fin, nada sorprendente en un país donde todavía hay quien sostiene que el 11-M es cosa etarra.
Hay todo un sector social y mediático que articula su posición política no en propuestas o compromisos, sino en la ira, el descrédito y la ignominia. En su credo político no están los ciudadanos, sino “los nuestros” y “los enemigos”. Viven indisimuladamente la vieja cultura del odio de los vencedores de la Guerra, con el mismo lenguaje cainita que niega el pan y la sal al diferente. Menuda mierda de televisión, menuda mierda de discusiones, menuda contaminación de los ciudadanos más crédulos. Lo peor es que este odio reproduce incultura y pobreza mental. Pero esto, unos y otros, lo saben bien.

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