9/3/11

EL "MODELO" ISRAELÍ


IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 9/03/2011


Las recientes revoluciones populares en países musulmanes han agitado entre ciertos sectores el fantasma del islamismo y su pretensión de incorporar a la vida política sus principios religiosos. Supongo que los asustados no serán los mismos que apoyan al Tea Party, Rouco Varela, Foro de la Familia y demás confesionalistas pro-crucifijo en las escuelas... Lo curioso es que quienes ven con más desconfianza las demandas populares del Magreb, suelen poner como contraejemplo la que llaman “única democracia de medio Oriente”: Israel. Pero, ¿qué es, en verdad, Israel?
En primer lugar, un Estado definido por su confesionalidad: primero es “judío” y luego “democrático”, fijando jurídicamente un principio legal de supremacía religiosa. Y sobre esta base se configura un modelo apartheid: existen unos ciudadanos de primera, los judíos; y otros de segunda, los árabes. Dígase la paradoja con todas las letras: un estado judío racista, que facilita la llegada y adquisición de nacionalidad a todos los judíos del mundo en virtud de la llamada “Ley de Retorno”, pero que no permite el retorno de los miles de refugiados palestinos que salieron con cada una de las guerras habidas.
El 20% de la población del Estado de Israel es árabe, bien musulmana, bien cristiana, con sus derechos en clara recesión. Con más de 35 leyes discriminatorias vigentes hoy en día contra los árabes, sus derechos de representación política, de residencia, comercio, propiedad, educación, etc., están cada vez más limitados. El apartheid iluminista de Israel se basa en los principios exaltados de un sionismo que cree receptores de todo derecho sobre la tierra de Palestina a los judíos, dando uso legal a un término de origen mágico: tierra redimida. Todo espacio poseído por judíos, independientemente de su catadura moral o religiosa, es tierra redimida. La poseída por los árabes es impura, no-redimida. Su obsesión homogeneizadora lleva a planteamientos de limpieza étnica como la propuesta de traslado contra su voluntad de los árabes-israelíes al futuro Estado Palestino a cambio de nuevas colonias judías en Cisjordania (Liberman dixit).
Con complejas relaciones político-económicas con EE.UU. y Europa, y una historia de trágico sufrimiento manipulado y patrimonializado por el Estado, Israel es una excepción en demasiadas cosas como para asumirlo sin problemas. Para definirse “democrático” se han cultivar, al menos, dos principios básicos: el de la igualdad y el de libertad. De la fraternidad, en este caso, ni hablamos.

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