15/6/11

CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 15/06/2011


El sábado pasado, en Castrillo de la Reina, se entregaron a sus familias los restos recuperados de seis personas asesinadas al comienzo de la Guerra Civil. Fue un acto intenso y emotivo en el que el pueblo entero homenajeó a aquellos seis hombres (Lázaro Esteban García, 47 años; Julián Santamaría Carretero, 41 años; Saturio Gómez Ibáñez, 28 años; Ponciano Salas Esteban, 36 años; Arturo Rubio Salas, 23 años; y Nicolás Rubio Salas, 28 años) y a sus familias, trasmitiéndoles el calor, apoyo y respeto que no recibieron durante las oprobiosas décadas del franquismo. Fueron más de cuatro horas dedicadas al recordatorio de cada uno de ellos (al dulzainero, al alcalde, al labrador y secretario de la Casa del Pueblo, al vecino y padre-viudo, al cantero, al concejal...) y al inmenso sentido de su pérdida injustificada, al desgarrador trauma ocasionado a sus familias.
Mucha gente se quedó sorprendida cuando expliqué que aquellos asesinatos que, desde la ingenuidad de un pueblo pequeño eran achacados a envidias y malos quereres entre vecinos, no eran otra cosa que crímenes contra la humanidad. Sí, crímenes contra la humanidad conforme lo tipifica el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, suscrito por España. Rigurosos trabajos históricos han demostrado cómo este tipo de asesinatos fue un modus operandi repetido por toda la geografía en la que triunfó el golpe de estado de 1936. De ahí que el nuestro sea un país plagado de fosas comunes. De todo ello se deriva que existieron órdenes directas de las autoimpuestas autoridades militares de acometer una crudelísima e inmediata limpieza ideológica asesinando a los que pertenecían a partidos, sindicatos y sociedades afectas al Frente Popular. Así puede explicarse que las cifras de la represión directa en retaguardia (sin contar los fusilamientos post-1939) superen las cien mil personas asesinadas.
Con la devolución de los restos al cementerio, tras una misa, las familias de Castrillo sintieron que sus muertos habían sido reintegrados a su comunidad y los vivos comenzaron a cerrar su larguísimo duelo inconcluso. Descansen en Paz, quienes, a falta de sepulturas, nunca pudieron velar y honrar a sus padres, tíos y hermanos. Cuéntenles a ellos que el franquismo no era un régimen totalitario.