29/6/11

DE AQUELLOS MIMBRES...

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 29/06/2011

Hace años, significados sectores de nuestra ciudad parecían regirse por la frase del nazi Albert Leo Schlageter: “cuando oigo la palabra cultura, echo mano a la pistola”. Esta había sido la reacción de la dictadura, convirtiendo a intelectuales y artistas en gentes, cuando menos, “sospechosas”.
Hasta los años 20, la cultura era un patrimonio de la burguesía, salvando las zarzuelas o las bandas de música. Las cosas empezaron a cambiar con los primeros avances modernizadores de España, su tímido despegue urbanístico e industrial y la llegada de las vanguardias. En Burgos, personajes nacidos en torno a 1900 identificaron aquellos cambios con sus ilusiones de jóvenes creadores, con sus deseos de una sociedad más abierta y plural. Surgieron revistas inolvidables (Parábola), tertulias de tronío (El Ciprés), teatro de renovación (Pardo Casas), y la necesaria ampliación de la base social a partir del fomento de la cultura: el renovado Orfeón Burgalés y el Ateneo Popular. El primero, una vez en manos de Antonio José, inició la inmensa labor de formar musicalmente a gentes sencillas, muchos de ellos con escasos o nulos estudios. Conciertos, concursos, adaptaciones de obras, actuaciones inolvidables, convirtieron aquel empeño en una de las más emocionantes empresas de nuestra historia. El Ateneo Popular, frente al burgués Ateneo de Burgos, dirigió sus esfuerzos a la formación de las clases obreras, en idéntica política a las también entonces llamadas Universidades Populares, de fuerte base institucionista. Allí se dieron clases de alfabetización, se configuró una asombrosa biblioteca popular y se organizaron exitosos ciclos de conferencias, fiestas culturales y los llamados paseos artísticos.
Hace cinco años, sondeando  a un profesor francés sobre la imagen de Burgos en el extranjero, me comentó que básicamente era conocida por haber sido capital de Franco durante la Guerra Civil. Aquello parecía perpetuar la obra de la dictadura: las persecuciones y asesinatos de nuestros creadores, la censura, la casposa cultura oficial y provinciana que tantas décadas campeó por nuestras calles e instituciones.
Pero hoy estamos ante un verdadero “nunca más” de aquellas prácticas. Nos hemos re-novado y con ello hemos recuperado parte de lo perdido y, sobre todo, hemos entendido que la cultura es una riqueza social de todos y con todos. Y aunque la capitalidad cultural europea se la haya llevado San Sebastián, que nos lleva décadas de ventaja en su apuesta por la cultura, el ilusionante camino recorrido en pos del 2016 ha hecho que Burgos deje de ser simplemente una ciudad bonita para ser una verdadera capital cultural. Loor a sus precursores.