28/9/11

EL PREMIO (Y LA VERGÜENZA)

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 28/09/2011

Alfonso Pereda Fernández, parece un señor muy majo. Lo conocí el domingo pasado en el programa de la Sexta, “Salvados”. Alcalde durante muchos años de Espinosa de los Monteros, don Alfonso es senador del PSOE por Burgos, cargo que desempeñó en sustitución de Simón de la Torre (junio 2011). En su fugaz aparición televisiva se reconoció feliz de estar en la Cámara Alta. Resaltó que allí se comía bien y barato (dos veces lo dijo), y precisó que aquél era el premio de su vida. A tenor de lo declarado después por el senador del BNG, Xosé Manuel Pérez Bouza, aquello más que un premio era una bicoca: el que menos cobraba, incluyendo las dietas, se embolsaba unos 5000 euros al mes. Pero no era esa la bomba informativa: el senador gallego reconocía, con vergüenza pero sin ambages, que el Senado no servía para nada. Inoperante, sin sentido y sin efectos: tal es el Senado. Un premio. Tan sólo cuesta 60 millones de euros anuales mantener este preservatorio de exs (alcaldes, presidentes y ministros).
Esperanza Aguirre, con sus consejeros del brazo, se enfada de que le descubran que aquello de bajarse el sueldo un 15% fue un engaño: crearon una partida opaca en los presupuestos, la 1803, que redondea el sueldo del gobierno regional enjugando lo quitado (y un poquito más para la presidenta, en torno a 106.000 euros anuales).
Sin meternos en los pozos de la corrupción, con este sistema y la que está cayendo ¿cómo no va a desilusionarse la gente de su clase política? Lo escandaloso es oír a próceres como Duran i Lleida proclamar que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que hay que recortar (él dice “reorientar”), mientras su señoría se aloja todas las semanas en El Palace...
Está claro sobre qué espaldas cabalga la crisis. Millones de ciudadanos sufren el paro, la pobreza y la falta de horizontes. En su desvalimiento, les (nos) recortan los servicios niveladores de nuestra maltrecha sociedad: educación, sanidad, asistencia social. Y mientras nos capan, la casta política se da la gran vida... con el dinero de todos.

14/9/11

POR QUÉ NOS SOLIVIANTA CATALUÑA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 14/09/2011

    El auto del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña sobre el modelo lingüístico educativo vuelve a poner sobre la mesa las relaciones interregionales españolas y ciertos conflictos en torno a la identidad nacional. Vayan previamente varias consideraciones: una, que la identidad cultural es creada y negociada, en absoluto genética o inmanente. Dos, que la lengua, aun con ser uno de los elementos tradicionalmente esgrimidos en la construcción identitaria, es tan solo uno y en muchos casos poco o nada decisivo (véase el caso de las repúblicas hispanoamericanas). Tres, que el natural uso del catalán ha sido absurdamente discutido y hasta perseguido en distintos momentos del pasado, destacando, a los intereses actuales, la torpísima y cruel persecución franquista.
    Se tiende a leer negativamente la solidez e incluso viabilidad de la idea de España (construida básicamente en los siglos XIX y XX) por la pretendida desarticulación que exhibe nuestro país, su evidente diversidad cultural y la emergencia de regionalismos de mayor o menor ímpetu, algunos en competencia con la nación. Esta lectura absurda supone que las naciones bien construidas son aquellas que siguen el (mitificado) modelo centralista francés. Lo lamentable es que se actúe desde esta miope perspectiva en proyectos que buscan aliviar sentimientos de culpa por yerros de un pasado que se perpetúan así hipotecando los nuevos presentes.
    Como cualquier nacionalista, los partidos catalanistas pretenden con su versión de la historia y la cultura totalizar el imaginario social. Cuando defienden la inmersión lingüística sólo en catalán como facilitadora de la integración, atacan implícitamente cualquier otra diversidad, y con ello al beneficioso bilingüismo que, dicen, caracteriza a la región y ampara la Ley. La exigencia de integración en Cataluña solo en catalán esconde la creación artificiosa de distancias con el resto de España. No se ataca el que se estudie en catalán, sino que el bilingüismo no figure de forma real en la oficialidad administrativa de todo tipo. La excusa de que el español es sobradamente la lengua de la calle o la familia no hace sino reconocer el afán de convertirlo en idioma subalterno con la consiguiente depreciación en ciertos ámbitos sociales y oficiales.
    No creo en la manía gratuita contra lo catalán, pero en verdad irrita su pretendida agresión en español a no sé qué singularidad forzada, escasamente integradora, nada generosa y poco leal.