23/11/11

PRODUCTOS MILAGRO

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 23/11/2011


Un grupo de ciudadanos norteamericanos ha conseguido que la empresa Power Balance, vendedora de las “pulseras milagro”, les indemnice con 42 millones de euros por engaño publicitario. Los dueños de Power Balance se declararán en bancarrota ante la que se les viene encima, pero que les quiten lo bailado: en EE.UU. han vendido millones de estas tiras de silicona con un dibujito u holograma que, dicen, refuerza mágicamente el equilibrio, la fuerza y la flexibilidad de quien lo porta a través de “frecuencias” y “energías”. En España, donde han recibido levísimas multas, se calcula que han vendido unas 300.000 pulseritas. Y en ello siguen gracias a la siempre eficaz estrategia de pagar a pijos oficiales, famosetes o deportistas para que las luzcan en público y provocar así el efecto emulación.
Este es un asunto viejo, antes fueron aquellas pulseras “magnéticas” con sendas bolas en los extremos; los también “magnetizadores” de agua; colgantes con piedras de energía; etc., sin contar con la miríada de “medicamentos” milagrosos en su efecto adelgazante o tonificante. Y tantos talismanes y reliquias mágicas... Nos reímos de cómo manejan la credulidad los vendedores de crecepelo en las películas del oeste, mientras abrazamos entusiasmados las nuevas modas descubridoras de nuevas energías y otras coloristas soluciones. Al final, la credulidad siempre perdura. Necesitamos confiar en que se operará el milagro, que desconcertaremos la propia vejez del cuerpo, que ahuyentaremos males, conflictos, celadas y especulaciones sólo con portar una insignia, una pulsera, con comprar y apoyar palabras que sólo son humo.
Los tiempos de crisis lo son también de tahúres y oportunistas. Ante la zozobra general, se aplaudirá a quien diga que tiene la solución mágica, la receta... (que obviamente no puede desvelar). Hartos de tanto sinsabor, inseguridad y angustia, los ciudadanos buscan caudillos, líderes que galvanicen energías y prometan esperanzas, que aparenten poder y fuerza frente a las coyunturas que los están deslomando, aunque luego descubran la ineficacia de lo prometido. La gente está deseosa de creer. Así, convirtieron en “el deseado” a uno de los reyes más imbéciles y dañinos de nuestra historia, aquel lerdo de Fernando VII.
Cuidado con los productos milagro. Sus efectos pueden ser duraderos, aunque no sean los esperados...

9/11/11

AÚN QUEDA DEBATE...

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 9/11/2011


El debate me ha dejado el agridulce sabor del deseo frustrado tras el revuelo de su propio acontecimiento. Llegué hasta el final y me sorprendió en el rostro el rictus del desencanto. Luego, las obviedades: los parroquianos golpeándose el pecho a lo simio para imponerse por ruido al contrario. Al final, todo parecía artificio e ilusión.
Me queda la certeza de que tanta sospecha no es en vano y que, si se cumplen los oráculos, esto, España, va a ser el llanto y rechinar de dientes. Ignoro el sentido de la alegría de quienes no reconocen en qué clase de ciclo estamos y con qué actores nos las vemos. La ausencia y hasta vaciedad de propuestas del virtual ganador me sobrecogen. Como lo hace la contención de políticas y ayuno de presupuestos de la Junta de Castilla y León (no nos delatemos...). Lo que Aznar profirió jeremíaco ayer en León es el anuncio de la que se prepara. Entonces, ¿a qué tanta contentura absurda?
El único frente que tenemos los millones de medianos que somos la inmensa mayoría de España es un Estado que nos defienda frente a los embates de la especulación, de la falta de entrañas de quienes tienen en la quintuplicación de haberes su único fin, de la desregulación que acabará con el esfuerzo de treinta años de construir un modelo de oportunidades y equilibrios en democracia.
Andan los absurdos y los jovenzuelos queriendo vibrar con frases altisonantes (“orgullo de ser españoles”, “una gran nación”...) como si estuviéramos para ferias de vanidades. España tiene un problema de fortísima descomposición estructural en sus sectores productivos, una podrida herencia de la elefantiásica construcción, gran dependencia de industrias temporales como el turismo, una muy deficiente cultura capitalista, un sector bancario inflexible y alicorto y un Estado al que irresponsablemente le desmocharon de todo lo que hoy le haría mucho más eficaz en la corrección de la crisis: una banca pública sólida y capaz de generar soluciones, empresas públicas solventes que no se deslocalizarían ni fugarían sus beneficios...
Esta campaña está siendo la de la ceguera. Los ciudadanos más medianos nos jugamos mucho, mucho más que nunca. La falta de conciencia histórica de vivir una gran depresión nos puede conducir al precipicio más hondo.