18/1/12

CÓDIGO GENÉTICO

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 18/01/2012


   Como muy bien explicó Eric Hobsbawm, una y otra vez el pasado se construye a partir de la interesada ensoñación del mismo. Esa construcción se hace, obviamente, desde situaciones de poder y control de medios de comunicación. Se trata, entre otras cosas, de generar mitos e imágenes que apunten, orienten, influyan o modelicen la sociedad en una dirección concreta. Tales mitificaciones responden a programas ideológicos que usan el pasado para construir intencionadamente el presente. Esos relatos no deben ser confundidos con la Historia (aunque así lo pretendan sus valedores).
   Estos días pasados hemos visto la erección mitográfica de Manuel Fraga a raíz de su muerte: todos los medios de comunicación invadidos por panegíricos desmedidos sobre el gran patrón, el  hiperpolítico clarividente, demócrata de primera hornada, que con 89 años seguía ocupando un escaño senatorial. Muchas son desde luego, las cosas que se pueden decir de Fraga Iribarne,  pero hacerlo pasar por el Moisés español que condujo la dictadura franquista a la democracia no deja de ser un absoluto exceso conveniente a los tiempos presentes. El conocido aperturismo de Fraga durante el franquismo no dejaba de ser una vuelta de tuerca más al reajuste del sistema dictatorial. Fraga fue, ante todo, un hombre que buscó el poder y lo ejerció sin complejos. Su gran capacidad de adaptación y cálculo para ocupar espacios políticos no hacen exactamente de él un demócrata. Su afán por el mando, el orden y las esencias,  en la más pura línea franquista, significó la inserción de un ADN hiperderechista en la democracia con la creación de Alianza Popular, un partido que se negó a suscribir los Pactos Políticos de la Moncloa, eje matriz de nuestra democracia, suscribiendo solo los pactos económicos. (De ahí la posterior exaltación en el refundado PP de aquellos que procedieran de UCD y dieran un mayor barniz democrático al partido, una suerte de segunda genética, que no era precisamente la de don Manuel).
   En fin, ya hay nuevo santo conservador, pero el gato y la liebre siguen siendo cosas distintas. Descansen el finado y las malas conciencias. Veremos si esta vez los mitos hacen su trabajo.

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