3/1/12

DERRIBOS, S.A.

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 4/01/2011


¿Hacer país o asegurar la hegemonía de la economía financiera? ¿Es la hora de los (pretendidos) tecnócratas o de los políticos? ¿Debemos buscar el déficit ensoñado antes que el bien colectivo?
Del susto con que nos desayunábamos ocasionalmente hace unos meses, hemos pasado al asiento de una angustia colectiva pendiente de la última deliberación del Consejo de Ministros. Una zozobra semanal que aumenta con la llegada del jueves y que, como ya hemos aprendido a ponernos en lo peor, nos lleva, al parecer, a aceptar lo que venga. Los próceres ministeriales, encantados. De nuestra resignación nace su esperanza desmanteladora. Y la que se avecina va a ser gorda. Las formas y lenguajes gubernativos que van apareciendo traslucen una contención que asusta (“esto no es más que el inicio del inicio”); la contención de un rottweiler en posición de ataque. Y aunque el doberman se ande dominando hasta que pasen las elecciones andaluzas (¡qué desfachatez!), se le ve con ganas de correr y aprovechar la todavía dócil aceptación social de la demolición de lo debido y lo indebido (“lo pide Alemania”, “para contención de los mercados”...).
Allá irá, al parecer, RTVE, a la que el recorte de 200 millones probablemente aboque a un cambio de modelo que supondrá un empobrecimiento más (otro) de nuestras vidas. Habíamos alcanzado una televisión y radios públicas referentes de calidad e independencia, un sólido pilar para nuestra democracia y sociedad. Lejos habían quedado aquellos tiempos en los que el ente público estaba al servicio descarado del partido que gobernara. RTVE está a años luz de otros grupos audiovisuales que han tomado la estupidización colectiva por bandera, que han hecho de la manipulación informativa, la basura y la casquería señas de identidad. Tiemblo al pensar en su transformismo en algo “más rentable” a partir de miradas-tío-Gilito.
Esto no ha hecho más que comenzar... luego vendrán los grandes recortes a los servicios públicos y la elitización de lo que son logros y rupturas asentadas de viejos modelos clasistas. Y la pregunta volverá a ser la misma: ¿Queremos país o (hiper)mercado?, ¿políticos o cobradores del frac?

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