1/2/12

JUSTICIA BANANERA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 1/02/2012


   De siempre las encuestas del CIS reflejan la desconfianza que despierta la justicia entre los españoles. La judicatura, el cuerpo más monolítico y conservador del Estado, se ha caracterizado por su lento funcionamiento, fortísimo sentido endogámico y resistencia a los cambios modernizadores, junto a una cierta insensibilidad. Los dobles raseros que ofrecen con las ridículas o inexistentes sanciones para jueces que se comportan como enfermos mentales, o que actúan irresponsablemente, frente a lo que están haciendo con Garzón, canta por sí solo. Mentar el juicio de Camps y Costa es ya hablar del esperpento: la absolución  (5 votos a favor, 4 en contra) de unos delitos que toda España pudo oír en grabaciones efectuadas por la policía. Un escándalo. Pero lo de Garzón es de órdago. En el juicio que está teniendo lugar sobre los crímenes del franquismo, el propio tribunal reconoce los excesos del instructor Varela, de quien se conoce su personal animadversión a Garzón. Y el fiscal, el sinsentido de iniciar un juicio a instancias de una acusación particular de extrema derecha, esos que se autodenominan “manos limpias” en clara evidencia de su síndrome Macbeth. España demuestra cómo la Justicia sigue siendo un sector que no ha hecho su propia transición, en el que la democracia parece no haber penetrado suficientemente. Y si lo ha hecho, por paradójico que resulte, ha sido por control de los otros poderes del Estado, de ahí el temor generalizado que despierta la propuesta del PP de que los jueces se gobiernen ellos solitos.
   El calvario de Garzón, con el muy posible fin de su carrera, representa, por un lado, lo peor del sistema; por otro, la grandeza de este hombre. La aplicación de leyes y convenios internacionales para tratar los crímenes del franquismo, además de ser un acto de plena justicia, ha sido, como estamos viendo, un acto de inmensa valentía. Lo que ya nadie podrá parar es la denominación de “crímenes del franquismo”. La invocación de la ley de amnistía vuelve a dejar el tufillo del interés por proteger a los culpables en lugar de a las víctimas. Condenen o no a Garzón, para la historia eso ya no puede ser ocultado: fueron Crímenes contra la Humanidad.