15/2/12

LA REFORMA PENDIENTE...

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 15/02/2012

   La cuestión principal que pone sobre la mesa la reforma laboral del gobierno es la merma de los derechos de los trabajadores, o lo que es lo mismo, todo aquello que ha supuesto un avance en la mejora de la nuestra calidad de vida en los últimos 30 años. Esta crónica de una muerte anunciada no deja de sorprender por la insistencia con la que se transmite que el lastre de la economía es justamente el trabajador asalariado: carga obsoleta que no deja fluir la libre creatividad del empresario. Así, la parte más débil de la ecuación productiva, el trabajador, por mor de sus derechos, queda convertido en culpable del estancamiento económico, en tanto que el empresario es exonerado de toda responsabilidad.
   Los trabajadores, la inmensa mayoría de los españoles, son concebidos como mero factor de producción. Su pérdida de derechos es entendida como la clave necesaria para que una empresa aumente su competitividad... Pero de ahí no se deriva creación alguna de empleo.
   La desregulación del sector productivo, asevera el neoliberalismo, favorece la iniciativa privada y el dinamismo mercantil. Sin embargo, el resultado de la mala gestión política es, exactamente, la radiografía actual: millones de desempleados tras el agostamiento de la burbuja inmobiliaria promovida por un sector del empresariado ávido por la multiplicación exponencial de sus haberes con la voraz connivencia de las entidades crediticias. Y todo esto, con la anuencia de la clase política que distorsionó interesadamente la realidad económica presentando balances grandilocuentes, como hizo Rodrigo Rato.
   Un empresario es, por lógica, alguien que busca alcanzar grandes beneficios asumiendo ciertos riesgos iniciales. Entendiendo que hay que favorecer la cultura del emprendedor, ha de quedar claro que un empresario no es una ONG, ni un filósofo social. Su preocupación es la de su capital. Quien ha de acabar con el paro es el Gobierno con verdaderas reformas estructurales, en especial cuando a los otros, los dinámicos empresarios, no se les ha “reformado” en lo más mínimo. Son, fundamentalmente, los mismos. Con tales mimbres, razón tendrá Montoro cuando dice que la reforma, por sí misma, no creará empleo.