10/10/12

IRRACIONALISMOS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIODE BURGOS, 10/10/2012. Contraportada.

Salvo contadísimas excepciones, el nacionalismo es una receta de simplificaciones emotivas que jibariza el pensamiento. De su invocación a una esencia singular, distintiva y eterna, nace un “nosotros” enaltecido (comunidad imaginada) que adopta bien una posición subalterna, pretendidamente perseguida o maltratada; o bien otra de altanería dominadora. En ambos casos obsesivamente homogeneizadoras y excluyentes.
Como es sabido, el nacionalismo construye naciones y no al revés. Inventa y conforma un “pasado”, define los agravios del presente y ofrece como solución a todo problema un futuro paradisíaco una vez alcanzado el “nosotros solos”. Como ejercicio político es conflictivo e insolidario dadas las innegables raíces de exclusivismo que porta. Cuando es adoptado por la izquierda incurre, además, en las contradicciones máximas al traicionar los postulados universalistas e igualitarios que deberían animarla.
El nacionalismo, como señaló Gellner, es ante todo un sentimentalismo. Y como tal, como en cualquier fe, las razones son pocas o inexistentes. Su obsesión por rastrear la “nación” en tiempos pretéritos es, además de imposible, un absurdo irreal. Su vinculación a un territorio matriz es algo absolutamente moderno. Al revés de lo que suele defenderse, no nace del “pueblo”, sino de un discurso de élite.
La presente “irrupción” nacionalista catalana surge de una torticera manipulación de los principios del Estado Social basado en la solidaridad interclasista e interterritorial. Su interpretación catalanombliguista de la realidad solo tiene parangón con la casposa respuesta centralista del Gobierno. Mientras, el resto asistimos perplejos a la retroalimentación de discursos únicamente beneficiosos para las élites conservadoras de CIU y del PP; discursos con los que tratan de ocultar la cruda realidad y sus terribles errores de gobierno. El aliño: actitudes-macho, enarbolamiento de enseñas, o la ridícula invocación testosterónica al fútbol.
La deriva soberanista arturmasiana es tan penosa como la estúpida invocación a la “marca España” con la que García-Margallo pretende presentar al país como si fuera una colección de Zara. Unos y otros, líderes y grupos de interés, envueltos en soflamas, hipotecan y vacían los futuros colectivos con tal de perpetuarse irresponsablemente… ¡Con la que está cayendo!

Wassily Kandinsky. "Algunos círculos". 1928.