8/12/12

LOS CULPABLES

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA. 08/12/2012.

Duélese Almunia de la dura reestructuración de las cajas, de los miles de puestos de trabajo que se destruirán, de las instituciones que hemos perdido... Y en plan elegante larga ¿para qué mentar a los culpables?
Pero, ¿se ignora? ¿Cómo que quiénes son los culpables? ¿Pero es que ya los hemos olvidado? Se sentaban en los consejos de administración de nuestras cajas, incluso las han presidido (y quebrado). Algunos siguen ahí. Aquellas cajas, surgidas con un propósito de banca social, han muerto gracias a que nuestros chuscos políticos de a pie, siempre al servicio de los especuladores, siempre al servicio del partido (qué conmutativo todo), convirtieron estas entidades en máquinas de financiación de lo suyo: sus siglas, las obras e inversiones innecesarias y chulescas, los nacientes emporios del ladrillo, de las telecomunicaciones e información... Financiaron sempiternamente economías circulares e improductivas, extractivas de lo público. Los conocemos. Eran consejeros caracterizados por la oscuridad y la ausencia de cualificación, las más de las veces pobres necios manejados desde atrás, que no cabían en sí de orgullo por haber alcanzado un sillón de cuero en sala alfombrada, recibiendo increíbles morteradas en forma de dietas por asistir a reuniones en las que no entendían una coma. Y lo están declarando en juicios y comisiones: “no entendía lo que se decía”. Existen actas en las que se recoge quien los propuso. ¡Claro que se conocen a los responsables! Sus orígenes están en pasillos de sedes políticas, en haber sido felpudos de promotores locales, ¡haber llegado a ser concejales! Y, sobre todo, haber sido defenestrados de algún puesto político por mala gestión, peores resultados y derrotas electorales.
Almunia va de prudente y no da nombres. Y periodistas (muchos de probados servicios), retorican: ¿cómo que no hace falta? Y, tras varios golpes de pecho, no añaden más... Lo que tampoco es de extrañar, pues aquí nos conocemos todos. Que sí, que nos conocemos todos.

Henri de Toulouse-Lautrec. "Monsieur Fourcade". 1889.