2/1/13

EN DEFENSA DEL ESTADO

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 02/01/2013, Contraportada.

Uno de los temas clave del 2013 será la reforma de la Constitución, una demanda que empieza a aparecer en agendas políticas de muy distinto signo ideológico y que no puede ser tratada con ligereza pues implica la enunciación formal del Estado en cuanto a sus instituciones y competencias, pero también en cuanto al carácter, calidad y cantidad del mismo.
El concepto del Estado es fundamental porque a partir de él construimos una sociedad más solidaria o más individualista. En el texto de 1978, esta clave constitucional viene definida como “Estado social y democrático de Derecho” (art.1). Un proyecto que trataba de plasmarse en una eficaz red asistencial sanitaria pública, una educación de alcance y accesos universales en todos sus segmentos, una justicia gratuita, junto a valiosos desarrollos más recientes como la ley de dependencia, los avances en igualdad, etc. Estado social y democrático entendido como beneficio para la mayoría de los españoles al aumentar las oportunidades educativo-laborales, al extender la calidad asistencial y sanitaria, el ejercicio de los derechos, el mayor acceso a bienes y servicios.
Desde al menos tres frentes distintos se pretende acabar con este Estado: la extrema derecha neoliberal, el egocentrismo nacionalista periférico, y la extrema izquierda anarquista antisistema. Aunque su presencia, peso social y fines últimos son (relativamente) divergentes, en cualquier caso son tres fuerzas en permanente ejercicio erosionador. El neoliberalismo pretende adelgazar el Estado porque desprecia los conceptos de igualdad y servicio para maximizar los de negocio y beneficio (de su clase social). Los nacionalistas periféricos lo representan como el monstruo constreñidor de su libertad y anhelo de convertirse ellos mismos en tal engendro. En cuanto al anarquismo antisistema, percibe al Estado como el opresor deshumanizado que limita las posibilidades de su proyecto comunitarista acéfalo. El problema es que la inmensa mayoría de ciudadanos que formamos esta sociedad compleja no tenemos otro elemento de cohesión y redistribución que un Estado “social y democrático”. Ciertamente son mejorables los alcances de ambas voces, y en ello nos va nuestro destino. Pero con el desarme del Estado, somos los ciudadanos de a pie quienes quedamos inermes. Es la muerte (ya en marcha) de nuestro modelo de inclusión y solidaridad. ¿Reformar? puede ser, pero ¿para qué?


Thomas Benjamin Kennington. "The Pinch of Poverty".1891.

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