10/4/13

¿EN EL SIGLO XXI?

Ignacio Fernández de Mata

Reyes en el siglo XXI. Suena, sin ánimo provocativo, a rareza de circo. Piénselo: nacer tan privilegiado como para que ninguno de los principios básicos de una democracia le sean aplicados. Nacer predestinado a ocupar la Jefatura del Estado. Antes, nacer varón; ahora, nacer primero. Todo lo que hay que hacer es… nacer.
El principio del sistema monárquico es un residuo de tiempos pasados como podrían serlo la ordalía, el geocentrismo o la inquisición. Contradice los pilares de una sociedad democrática y abierta, y está por ver qué beneficios aporta la predestinación al cargo.
En España contamos con monarquía porque así lo decidió Franco: su sucesor sería rey, entendiendo el dictador que así perpetuaba su antidemocratismo. Al final, el rey transitó a la democracia porque, como es natural, estaba interesado en el mantenimiento de la monarquía (la democracia fue el medio, como revelan los últimos cables de wikileaks). Sí, ya sé, el golpe de Estado de 1981… Le agradezco mucho al rey que resistiera a la tentación golpista. Creo que con la laureada de San Fernando hubiera valido; no hace falta que el agradecimiento alcance a hijos y nietos. Y tampoco nos equivoquemos, él no es garante de ninguna unidad de España, de lo contrario no existirían los nacionalismos y potentes regionalismos. Es tiempo de abandonar la retórica y reconocer que las cosas son algo más que imaginarlas.
La irreal baratura de la casa real (demasiados gastos no contabilizados con cargo a diferentes ministerios) junto con la rijosa invocación de su valor como embajador, pretenden ser razón de la monarquía. En fin, decir esto supone ignorar por completo qué intereses mueven hoy el mundo de las finanzas y de la geopolítica internacional. Muy atrás quedaron los siglos en que los reyes chanchulleaban el planeta. En todo caso, tras el escándalo de la précieuse Corina, reconozcamos cierto pasteleo.
Un Jefe de Estado debe ser temporal, elegido, con obligación de rendir cuentas e imputable. El modelo actual está obsoleto. Existen mejores alternativas, aún más baratas. La predestinación, la cuna… no son de recibo en una democracia. Para romanticismos (siempre falseadores de la realidad y la historia) ya está el cine.

 Lucas de Heere. 1559. Visita de la reina de Saba al rey Salomón (Felipe II).  
Catedral de Gante.