26/2/14

MOCKUMENTARY

Ignacio Fernández de Mata
Diario de Burgos, 26/02/2014, Contraportada.

Mockumentary es la expresión anglosajona para referirse a un falso documental (de mock, farsa). Utiliza elementos de un documental tradicional: investigación original, organización cronológica, narración en off, entrevistas a protagonistas o expertos, fuentes audiovisuales y documentales históricas, etc., pero deja claro que lo mostrado es un despropósito, una burla. Jugando con códigos y referencias compartidas por el espectador, entre sorpresas y sonrisas, consigue (brevemente) hacer pasar por creíbles ideas descabelladas.
La diferencia entre este género y aquellos que muestran “la realidad” es más compleja de lo que parece. Todos conocemos documentales auténticamente falsos en sus contenidos y propuestas que son creídos o aceptados como posibles: hablan de fantasmas, aparecidos, milagros, teorías conspiranoicas, etc. Otros, los verdaderos documentales que tuvieron su inicio en 1922 con Nanook of the North, de Robert Flaherty, ajustándose a una situación existente, cuentan una historia según la mirada del director. Éste reconstruye fílmicamente la realidad para, cautivando al espectador, alcanzar a levantar un retrato fidedigno y analítico de la problemática tratada.
Operación Palace resultó un magnífico mockumentary. Más allá de ciertas claves pintorescas de gran efectividad (el óscar de Garci) que junto a la calidad de los participantes contribuían a crear la sensación de coherencia inicial para la propuesta descabellada, la clave fundamental residía en el objetivo último del falso golpe de Estado: salvar la democracia. Aquel bien mayor que se entendía tan en riesgo en 1981, es igualmente percibido en 2014, y esta es una clave que se activó en el inconsciente de millones de espectadores. A los militares reaccionarios de entonces, 2014 contrapone la clase política, fundamentalmente el propio gobierno, con el desmantelamiento del Estado Social y la sustracción de la voluntad popular. Lo más paradójico, sin embargo, es que los mockumentaries se han convertido en nuestro pan de cada día televisivo: son protagonizados por diputados, divulgados por noticiarios y tertulias políticas en las que presentan las mentiras más descabelladas como verdades inexorables. A diferencia con el de Jordi Évole, todos esos mockumentaries se presentan tan reales como las invasiones extraterrestres o las posesiones diabólicas. Pero los únicos que sonríen son los bancos, las eléctricas, los políticos...