18/6/14

EPPUR SI MUOVE

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 18/06/2014. Contraportada.
  
Como por los 60s ya lo tarareaba Bob Dylan, algunos creyeron que sólo se trataba de una canción… Pero los tiempos están cambiando. Como chirimiri imperceptible o como incontenible turbión, los cambios han ido calando, enraizándose, creciendo. Sólo los más temerosos pretenden ignorarlo. Se confunden: las sociedades siempre están en mudanza.
España tuvo sus propias respuestas y viento con la muerte del dictador. En los 70s Franco era tan solo el tapón que contenía el reconocimiento de una sociedad ya transformada. Fueron los melenudos y barbudos de trenka, las feministas de minifalda y pitillo los actores del cambio. El acierto de otros, figuras de la alta política de la Transición, no fue sino percibir, reconocer aquellos vientos de libertad. Los auténticos trasformadores corrieron delante de los grises.
Hoy vivimos un tiempo de aceleración, un tiempo de redefinición. Estrenamos hace 36 años una democracia que, pobrecita, ya se le ha pasado el arroz. El desgaste del modelo ha sido el del abuso, la desvergüenza y el incoherente capitalismo practicado. Y entre los hartos y los prescindidos, el sistema resulta hoy insostenible.
Negar la realidad no la cambia, como tampoco la cosmética rejuvenece. Pensar que tras los escándalos de la monarquía, un nuevo rey simbólico todo lo cambia, es ingenuidad navideña. Tratar de conciliar aparato, baronías y renovación en el PSOE suena a undécima secuela de Pesadilla en Elm Street. O que unos veraniegos contratos jibarizados signifiquen el fin de la crisis parodia una broma casposa de Bertín y Arévalo.
Lo curioso es que, salvo contadas excepciones, a quienes se anda tachando de antisistema son aquellos que luchan por mantener los hospitales dentro del servicio público de salud; la enseñanza pública como fundamento de una sociedad más igualitaria; el trabajo y la vivienda como elementos clave de dignidad y fundamento de un país. No nos engañemos, hace más daño al sistema Ruiz Gallardón con sus indultos y leyes que una marea ciudadana.

Tras las cenizas, la agonía y el miedo, nada puede ser igual. Ya no hay hueco para triquiñuelas lampedusianas (cambiare tutto per non cambiare nulla). Señores viejunos: lean más Historia. Cuanta más resistencia a los cambios, habrá más dolor.


4/6/14

RE(Y)NUNCIA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 04/06/2014

Una incisiva viñeta del diario suizo Le Temps muestra a un chambelán, junto a un retrato del rey Juan Carlos, leyendo un edicto al príncipe Felipe: “Votre altesse hérite d’une démocratie”. Su alteza hereda una democracia. (http://www.letemps.ch/chappatte/)
Vivir tiempos de crisis supone ejercer un responsable revisionismo crítico sobre el sistema, sus instituciones y las medidas con las que se encaran los retos del presente. También supone adoptar un principio básico de coherencia. ¿Es congruente una monarquía hereditaria con un sistema democrático?
Nada de descabellado tiene la salida a las calles de miles de ciudadanos pidiendo un referéndum sobre monarquía o república. Ni es irresponsable ni revolucionario. En todo caso es un ejercicio de transparencia y honestidad. Demasiadas veces los españoles nos hemos visto menospreciados por nuestros gobiernos, que desconfían de nuestras capacidades o juicios, y nos salvan de nosotros mismos. El resultado es un sistema lleno de elusiones, de implícitos y no de verdadero ejercicio de soberanía. ¿Las razones? Retóricas, que no inocentes: no “estábamos preparados”, “la situación era crítica”, había que “evitar errores del pasado”… Las palabras del presidente Rajoy evidencian esta mala conciencia con su insistencia en la normalidad y naturalidad de un acto —la abdicación— que, sin embargo, no contaba con una norma resolutiva y que ha sido aprobada en tiempo récord. Igualmente retóricas son razones como el afán por mostrar a la corona como garante de la unidad de España, cuando evidentes tensiones y fracturas revelan la falacia de semejante afirmación.
Reivindiquemos España como una verdadera democracia. Madura, no porque lo digan sus élites, sino por conciencia y ejercicio de sus ciudadanos. El rey ha tenido momentos estupendos, como también los ha tenido penosos. Ocupar por cuna la Jefatura de Estado no deja de ser una ofensa a todos los hombres y mujeres que con su esfuerzo y compromiso han luchado por conseguir una sociedad de derechos y libertades. Las monarquías que se adaptaron al sistema democrático lo hicieron para preservar sus privilegios, cuando no sus cabezas. No es cuestión de estar más o menos preparado (¡después de toda una vida subvencionada!). Es una cuestión de coherencia, de democracia real.

Fot. Alfonso. Sufragistas pidiendo el voto en 1932.