4/6/14

RE(Y)NUNCIA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 04/06/2014

Una incisiva viñeta del diario suizo Le Temps muestra a un chambelán, junto a un retrato del rey Juan Carlos, leyendo un edicto al príncipe Felipe: “Votre altesse hérite d’une démocratie”. Su alteza hereda una democracia. (http://www.letemps.ch/chappatte/)
Vivir tiempos de crisis supone ejercer un responsable revisionismo crítico sobre el sistema, sus instituciones y las medidas con las que se encaran los retos del presente. También supone adoptar un principio básico de coherencia. ¿Es congruente una monarquía hereditaria con un sistema democrático?
Nada de descabellado tiene la salida a las calles de miles de ciudadanos pidiendo un referéndum sobre monarquía o república. Ni es irresponsable ni revolucionario. En todo caso es un ejercicio de transparencia y honestidad. Demasiadas veces los españoles nos hemos visto menospreciados por nuestros gobiernos, que desconfían de nuestras capacidades o juicios, y nos salvan de nosotros mismos. El resultado es un sistema lleno de elusiones, de implícitos y no de verdadero ejercicio de soberanía. ¿Las razones? Retóricas, que no inocentes: no “estábamos preparados”, “la situación era crítica”, había que “evitar errores del pasado”… Las palabras del presidente Rajoy evidencian esta mala conciencia con su insistencia en la normalidad y naturalidad de un acto —la abdicación— que, sin embargo, no contaba con una norma resolutiva y que ha sido aprobada en tiempo récord. Igualmente retóricas son razones como el afán por mostrar a la corona como garante de la unidad de España, cuando evidentes tensiones y fracturas revelan la falacia de semejante afirmación.
Reivindiquemos España como una verdadera democracia. Madura, no porque lo digan sus élites, sino por conciencia y ejercicio de sus ciudadanos. El rey ha tenido momentos estupendos, como también los ha tenido penosos. Ocupar por cuna la Jefatura de Estado no deja de ser una ofensa a todos los hombres y mujeres que con su esfuerzo y compromiso han luchado por conseguir una sociedad de derechos y libertades. Las monarquías que se adaptaron al sistema democrático lo hicieron para preservar sus privilegios, cuando no sus cabezas. No es cuestión de estar más o menos preparado (¡después de toda una vida subvencionada!). Es una cuestión de coherencia, de democracia real.

Fot. Alfonso. Sufragistas pidiendo el voto en 1932.

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