17/9/14

HUÉRFANO

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 17/09/2014.

La orfandad es un vacío áspero, incómodo, negro. Queda uno solo y encogido, sin saber cómo sacarse la pena de encima… En apagado silencio se lleva uno a sí por entre la multitud ignorante, ajena, sin poder transmitirle el peso de su tristeza. No hay alivio, ningún consuelo en saber que la inexorable naturaleza acabó con el sufrimiento del padre. No lo hay porque desaparecido éste, su hueco es demasiado grande.
La vida entera es andar detrás de un padre. Pechar con sus afectos y ausencias, con sus aciertos y sus crueldades. En el ser y en el inventarse, en el crecer y perpetuarse… al fondo, inconsciente, onírica, siempre está la sombra del padre.
Tras la ausencia paterna ¿qué queda de la condición de hijo? Sólo queda impostar el papel y atemperar recuerdos, tratar de aliviar los fardos de la culpa, los resquemores y decepciones. Ser uno mismo padre en la orfandad del propio. Abrazar al hijo queriendo ser tú también imposiblemente abrazado.
Me cruzo con mucha gente que conocía y estimaba a mi padre… Para ellos era el humor y el trueno, su condición pública de señor de antes, el personaje irrepetible, el amigo, el “hermano”. Nunca he sabido dónde encajaba yo en su compañía y espacios. Jamás pude pagar una ronda en sus rutinas. De los muchos seres que cada uno somos, conocí al Teodoro al que todos se asomaban, con el que alternaban y bromeaban. Y, sí, ellos también han perdido… Pocos sabrán que jamás tuve una auténtica conversación con mi padre. A pesar de engañosos instantes en que parecía escuchar, pronto volvía a su existencia granítica e innegociable. Fue un ser imposible que admiré y amé y aborrecí y que, no sin grandes broncas, acepté. Fui, en muchos casos, a pesar de mi padre y contra mi padre. Fui con él y frente a él. Pero, hasta ahora, siempre estaba él.

Inauguro mi orfandad oscura sin aliento, seco. Echo de menos al cabrón de mi padre. Al intransigente y malhumorado, al que solo tenía bromas para los de fuera, pero también al rumboso y sentimental, al que me hacía saber por sus amigos de su orgullo por mí, al que me legó un mundo de dichos y expresiones… Echo mucho de menos a mi padre.