1/10/14

ERRORES DE AYER Y HOY

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 01/10/2014

Firmada la ley de consultas, comienzan los nervios, el tantearse la ropa, y las incógnitas propias de un país de fulleros: se perfilan estrategias, astucias, planes B, en lugar de practicar el diálogo y la negociación; el encaramiento de los problemas. Siendo penoso, son los lodos de aquellas lluvias llenas de rechazos y desprecios mutuos, de chantajistas apoyos parlamentarios en tiempos de minorías gubernativas, de la liquidación del Estatut
Desde las filas catalanistas, como desde las españolistas se blanden argumentos, muchos de carácter histórico. Todas son historias construidas ad hoc, falaces e interesadas, histéricamente prejuiciadas. En ambos lados con mucho de postdictatorial: ambas entidades retratadas se pretenden “unidad de destino en lo universal”. Toda esta manipulación, en el fondo, da igual: se trata de construir respuestas, o mejor, apoyaturas más o menos prestigiosas (de ahí la invocación al pasado) a deseos existentes en la sociedad actual (ni tan espontáneos, ni tan rotundos), pero innegablemente activadores y movilizadores.
Percibido como un advenedizo salido del Vogue, la propuesta del secretario general del PSOE, hasta ahora la más sensata y posibilista, una reforma constitucional, ha sido despachada por el PP con ignominiosa indiferencia. Y de un plumazo han ventilado la posibilidad de redefinir el encaje territorial, la bicameralidad inoperante, el funcionamiento autonómico, un pacto básico de Estado para blindar la educación, la sanidad y la asistencia social… y la relación con Cataluña. El peso histórico de un país inculto reverenciador de la palabra revelada parece imponerse sobre el interés común y el diálogo. O el todo, o la nada. Definida como sagrada la Constitución, acaban dando alas a quienes piden volar el actual edificio institucional.

Envueltos en sus trapos de idénticos colores, en los libros aclaratorios de la historia, en manipulaciones de la voluntad popular, unos y otros utilizan sus tribunas institucionales para fomentar un enfrentamiento artificial y estéril, negacionista del otro. Parece no importarles nada tanto error del pasado, tanto irredentismo histórico basado en el honor y el orgullo, términos absurdos, políticamente huecos y que solo supusieron más empobrecimiento y aislamiento en épocas pasadas. Otra cosa fue, sigue siendo, Gran Bretaña, o lo que es lo mismo, la voluntad de acuerdos y mutuo beneficio.