12/11/14

BORRASCAS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 12/11/2014. Contraportada.

El victimismo es uno de los grandes motores de la política nacionalista. Unas veces porque se asumían invadidos, o no reconocidos, o porque se consideran tratados con injusticia (esto es, hay alguien ahí afuera a quien culpar y contra quien “ser”), todo converge, en definitiva, en la eterna insatisfacción.
El nacionalismo es, como bien dijo Ernest Gellner, un sentimentalismo. Contra eso no hay razones. Quiero decir, da igual que nos dediquemos a desmontar uno por uno los mitos y forzamientos con los que se construye la historia nacionalista. A la postre, el nacionalismo no se apoya en razones, sino en querencias. Otra cosa es cómo conseguir que miles o millones de personas asuman estas no-razones como definición restrictiva de su propia identidad. (Permítanme, un absurdo: somos, nos reconocemos pertenecientes a demasiadas cosas y lugares como para conjugar en singular nuestras complejas identidades). En cualquier caso, la identidad colectiva no es inmanente, un eterno fluir. Se construye, se articula y también se manipula, es decir, es un proceso vivo y no esencial. En eso el papel de los medios de comunicación y del sistema educativo es fundamental, y no porque utilicen tal o cual lengua, eso no debería suponer mayor conflicto, sino por el mensaje, la insistencia en el exclusivismo, en la diferencia.
Lo más gracioso del caso nacionalista catalán es su convencimiento de ser proscritos maltratados. Toda España, creen, conspira para hacerles la puñeta. Y, sin embargo, la sonrisa triste que ha abundado en nuestras caras al descubrirse la corrupta mafia de los Pujol vino, sobre todo, por lo que supone de desmontaje del hiriente “España nos roba” y por lo mucho que, desgraciadamente, acerca a la sociedad catalana al resto del país. En esto del robar, en España hay monolingüismo…

Yo sí creo posible ser español y catalán, siempre y cuando no españolicemos, no restrinjamos con otro tipo de nacionalismo la forma de sentirse participantes en una sociedad plural y heterogénea. Desde luego, a los intereses del independentismo catalán (por lo que se ha visto, no más de un tercio de la sociedad catalana), nada ha podido venirle mejor que tener enfrente a don Tancredo Rajoy. Debe ser semejante a la felicidad de Florentino por la permanencia de Luis Enrique.

Don Tancredo López