21/1/15

Y SIN EMBARGO...

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 21/01/2015. Contraportada.


Tras los terribles atentados de Francia hemos asistido a un sinfín de declaraciones higienizantes de la religión, de toda religión, señalando que el fanatismo de unos pocos no debe extenderse a la totalidad de los creyentes. Correcto. Sin embargo, es indiscutible que las razones subyacentes de estos asesinatos son de tipo religioso, con factores histórico-políticos añadidos, si se quiere, pero en cualquier caso principios religiosos de tipo exclusivista.
La religión es un asunto complejo que va más allá de la adoración de este o esotros dioses. Es, por encima de todo, un asunto social, para ahormar  grupos, modelar moralidades, ejercer control y poder. Desde hace siglos se ha matado en nombre de la religión tanto a extraños como a disidentes, ha sido causa de guerra y de exclusión —casi siempre ésta por vía de exterminio—.
Con la Modernidad y la secularización de la ciencia, se sacralizó la política. El nacionalismo adoptó lenguajes religiosos para definir a la patria consagrando el poder en nuevos templos y símbolos —banderas, himnos, lenguas, rasgos— definiendo liturgias fanatizadoras  de las masas. Quienes antaño entregaban su vida por su dios, ahora lo harían por su patria.
La democracia navega estas mismas aguas benditas para defender un contrato social y corregir la idea de que el grupo —la nación de base histórica, étnica o religiosa— esté por encima del individuo. Solo a partir de la laicización de la política es posible alcanzar un pleno ejercicio de las libertades individuales, máxime en nuestras complejas y heterogéneas sociedades. La democracia no puede ser nunca un imperio de la seguridad. Inevitablemente es una sociedad de riesgo: el de vivir en libertad. Este riesgo implica convivir con grupos que se definen a partir de verdades reveladas, que se asumen elegidos, que se rigen por mandamientos que creen por encima de las leyes o que debieran ser el sustento de leyes. Es la contradicción que supone respetar la intolerancia de unos para poder defender la libertad de todos.
Entonces, ¿debemos entender y apoyar los recortes de libertades por decreto, para una supuesta defensa de la seguridad ciudadana? No nos engañemos, pretender la seguridad a toda costa solo conduce a la tiranía. La misma que quieren imponer los que invocan a tiros a su dios.

 Francisco de Goya. "Disparate de miedo", 1815-1819.