23/9/15

MOLT FART

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 23/09/2015. Contraportada.

   Más que hartos estamos del asunto Cataluña. Nos han zarandeado sin compasión prometiendo, anunciando, profetizando las estupideces mayores mientras iban llegando a casa las facturas, los cargos y las letras entre decretos de recortes.
   Harta ver el nivel de manipulación, irresponsabilidad y despilfarro de quienes vienen construyendo ese anhelo popular de independencia. Casi tanto como la inoperancia, bravuconería, también irresponsabilidad, de nuestro españolísimo gobierno.
   Neoliberales los dos pastores, Mas y Rajoy han aplicado las mismas recetas de austericidio. Plena coherencia, ambos lo han hecho contra los de abajo, esos “que han vivido por encima de sus posibilidades”. Fatal casualidad debió ser que mientras algunos despilfarraban comprándose un piso, otros tejieran los bonitos paños de la púnica, el palau, la gurtell y demás tres por cientos… Rajoy dejó que creyeran que todo era cosa de la Merkell; Mas, ha jugado a acelerar la historia haciendo creer que la culpa era de Madrid, “que nos roba”.

   Prestos a ver qué dirán las urnas, pocas son ya las esperanzas. Satanizados quienes salieron con la boutade esa del “derecho a decidir” —¡en una democracia!—, se han salido con la suya al hacer creer al vulgo que su cabreo, sus problemas diarios, tienen que ver con que no les reconocen como nación… Con don Tancredo como presidente de España, los independentistas se han limitado a aplicar los moldes decimonónicos para la creación de naciones: invención del pasado, del pueblo y de los agravios. El resultado siempre es el olvido de la lucha de clases. La nación antes que los ciudadanos. Lo peor es esa penosa izquierda provinciana que de la mano de su cacique, hace propio el deseo de su burguesía.



9/9/15

PAÍS DE CIUDADANOS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 09/09/2015, Contraportada.

   Situaciones como la crisis de los refugiados sirios remarcan la triste realidad de nuestro nuevo Estado tras el paso de las huestes neocon. La aplicación de las modas económicas aprendidas en las elitistas escuelas de negocio de fanatismos lockeanos propugnaban —y así lo hicieron— asaltar la economía pública y privatizar sus activos. Teóricamente la ley de oferta y demanda —lo menos parecido a una ley que pueda existir— iba a aumentar la competitividad y a redundar en mejores y más baratos servicios para los ciudadanos. El mantra de los necios defendía la eficacia de la gestión privada frente a la pública, perfecta excusa para posesionar o externalizar algo… (Ya saben, todo eso que luego hay que rescatar con dinero público).
   Lo que de verdad aumentó fue la corrupción —esa sí es una ley fija y consecuente con las privatizaciones— e inmediatamente la pauperización de los ciudadanos. Las grandes fortunas, los bancos, los amigos del presidente se han forrado en su espiral de corruptos y corruptores mientras nuestros servicios menguaban y se encarecían.  El neoliberalismo ha dejado al Estado capitidisminuido tras malbaratar sus activos, ha traído las burbujas de lo innecesario, la tensión social y un patológico egotismo de las clases medias altas que entienden al resto de la población como lastre.
   La penosísima reacción del gobierno ante la crisis humanitaria de los refugiados es reflejo de esa mentalidad mercantilista que jamás antepone el bien común a los beneficios privativos. Invocar nuestro propio pasado como refugiados o emigrantes es tontería ante quienes desde su clasismo y elitismo nunca han empatizado con el sufrimiento de los otros. Son los hijos de los de abajo los que emigran, o como dice Fátima Báñez, practican la “movilidad exterior”. Para ser solidario hay que ser capaz de empatizar, de compadecerse, de entender el drama de la pobreza, del hambre, de la inseguridad y la desesperación. Y de eso los españoles corrientes saben mucho. Lo incomprensible es apoyar a quienes te desprecian y exprimen, esos que fuera del tiempo de campaña jamás visitarían tu barrio, tu casa ni comerían tu comida.

   Celebremos ser un país de ciudadanos que por encima de su carcundia política sabe decir “Refugees Welcome”.