7/10/15

CON DIGNIDAD

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 07/10/2015. Contraportada

Hay tardes en que uno siente con desazón la multitud agolpada de sus viejos yoes. Tardes incómodas en las que brota algo más que la carga de nostalgia y viejas demandas. Hay tardes en que uno se vuelve consciente del secreto que porta: guarda al niño, al adolescente, al cabestro y al calavera, al nieto y al hijo que ha sido en volátil cuchipanda de afectos y miedos, de inseguridades, recelos y deseos. Un discurrir que llamamos biografía que, dicen, se entiende al volverse uno interior de otro: padre, abuelo, viejo. Pero algunas tardes, ese nuevo viejo que acuno, se agita y clama.
El paso de la vida debería acercarnos más a la piedad y a cualquier afecto que suponga una sonrisa ajena, la expulsión de un temor, una caricia. Una sabiduría sencilla, efectiva, limpia: estar bien. Somos muy capaces de crear infiernos de estupidez y codicia, de intolerancia, de sufrimiento inútil y cruel. ¿Con qué objeto? Es una pregunta que cada vez me cuesta más responder. ¿Por qué hay tanta gente empeñada en joder la vida a otros? Debe ser algo consustancial a nuestra química cerebral y a la miseria moral de quienes tienen miedo de asumir la levedad de la vida, su intensa brevedad, su simple verdad: vivir es una suma de presentes. Hasta que llega el último.
A lo largo de estos últimos días me he puesto en la piel de Estela y Antonio, los padres de Andrea, inundado por una pena honda, un dolor que como padre entiendo será para ellos inconsolable. La lucha por conseguir que su hija deje de sufrir innecesariamente y pueda morir con dignidad los eleva a gigantes dueños de un amor profundo, terrible, admirable. Ellos son la cara de una cruz bochornosa, un verdadero escándalo de deshumanización: el de unos profesionales que anteponen principios y creencias personales a la empatía con los sufrientes. Qué infortunio compartir el breve viaje de la vida con tantos intolerantes que se arrogan ser dioses y jueces del sufrimiento ajeno bajo premisas religiosas. El tremendo acto de amor de estos padres topa con la impiedad de quienes violan los derechos de otros al invocar una objeción de conciencia que desatiende las necesidades y sufrimientos de sus prójimos. Démonos cuanto antes, sin alharacas ni electoralismos, una legislación sobre la muerte digna basada en una ética común y solidaria, humanitaria.


Norman Rockwell. "Forsaken". The New York Times, 7 de diciembre de 1952.

1 comentario:

  1. Muy de acuerdo contigo. La muerte digna es lo único que queda, muchas veces, después de un largo sufrimiento.

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