18/11/15

EN GUERRA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 18/11/2015. Contraportada.

   Cada vez que un atentado sacude nuestra convivencia y autocomplacencia moral cogemos el rábano por las hojas y tratamos de recomponer el mundo con reajustes primarios y contradictorios. Así, lo primero es desatar una colérica venganza que reconduzca la lógica indignación. Luego, una de arena: declaraciones buenistas para exculpar a la religión —o lo que es lo mismo, revadalidarla— como si no fuera verdad que la religión está entre las razones de estos crímenes y muertes. Desde luego, la religión siempre ha sido un mecanismo para dar salida a la frustración, la angustia y la miseria. Decir hoy que “la religión es otra cosa” distinta a lo que practican los seguidores de ISIS es ignorarlo todo sobre las religiones, ahora y en el pasado.
   La construcción religiosa de aquellos que militan en esta guerra sorda depende, como tantas otras veces, de cuatro obviedades e imágenes bien utilizadas. Si durante siglos sirvieron las pobres esculturas de los tímpanos de las iglesias, ahora las imágenes las sirve youtube. No hace falta haber leído el corán, como durante siglos jamás leyeron la biblia los cristianos. Se trata(ba) de reconducir el miedo al caos, a la incertidumbre de la vida y el terror a la muerte. La nueva versión yihadista tiene todo lo que ha tenido siempre la religión: respuestas a los dramas y conflictos, también esperanzas, las más de las veces vanas. A la postre, los dioses siempre lo son a nuestra imagen y semejanza.
   En el pretendidamente laico Occidente tampoco hay demasiadas razones para el engreimiento: se sacralizaron las naciones convirtiéndolas en nuevas razones para la guerra y exclusión. Su sagrado nombre justifica arrasar, explotar y dominar… O morir.
   Las condiciones que propician el conflicto que enfrentamos hoy son la miseria, la explotación, la incultura, la insolidaridad, la marginación y la frustración. El detestable Estado Islámico surge de un fanatismo religioso autóctono y la vieja opresión de los pobres, que mucho debe a la secular e hipócrita rapiña de Occidente. La ceguera ante esta explotación y la profunda insolidaridad que viven nuestras sociedades europeas sirven las bases de un conflicto que salta fronteras y continentes. Podremos bombardear todo Oriente pero el problema no se solucionará. El problema somos todos, nuestras políticas (y nuestros dioses; y sagrados intereses nacionales).


4/11/15

EMBOSCADOS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 04/11/2015. Contraportada.

   El patético papel jugado por Ciudadanos estos días en Calatayud ha permitido que Franco siga ostentando los máximos galardones de la ciudad. La justificación del deseado Rivera a la abstención de su hueste no ha podido ser más ramplona: que no quieren abrir el debate de la memoria histórica, que ellos defienden la Transición. Qué casualidad, lo mismo que dijo el PP en el Congreso cuando se propuso que el 2006 fuera el año de la memoria. Todo un retrato frente a las víctimas del franquismo.
Ahora toca Burgos. En este caso, al inmenso baldón de haber sido la capital de la cruzada —título recibido a través del BOE en octubre de 1961—, se suman los reconocimientos otorgados por el afectísimo ayuntamiento al dictador: la medalla de oro de la ciudad, el título de alcalde honorario y una avenida.
   El Pleno municipal debe retirar estos galardones en una perfecta comprensión de lo que es la historia y el compromiso democrático. El honor de dar nombre a un espacio urbano se debe, por encima de todo, a una pedagogía de principios que hace del callejero fuente de ciudadanía y valores democráticos. Ostentar la medalla de una ciudad supone el reconocimiento a una personalidad que se quiere lleve el nombre de la urbe por el mundo y se asocie con él. ¿Queremos para Burgos perpetuar la identificación con el franquismo como ya recordaron los jueces de la malhadada capital cultural europea 2016?
 Quien ostentó la máxima responsabilidad de una dictadura que asesinó y represalió inmisericordemente a sus conciudadanos durante décadas, que condujo al país al desastre de la guerra civil y acabó con las libertades no merece ser alcalde honorario ni cualquier otro galardón. Eso no supone anular la historia, al contrario. La historia, la buena historia —bien documentada, sopesada, analítica y comprometida con los DD.HH.— queda en manos de los historiadores profesionales que la recogen en sus libros y divulgan convenientemente. Lo demás son zarandajas para ocultar la connivencia con el franquismo.
   Tiempos de soslayo, de miserabilizar todo principio en pos del voto que llaman de centro, ese que parece ser el de la congojilla y el miedito a que algo se menee mucho... Ser demócrata no es algo de derechas o de izquierdas. Pero es un compromiso. Otra cosa es ser franquista (y vivir agazapado).