2/12/15

CASI DEBATE

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 2/12/2015. Contraportada.

   El debate del lunes en la UBU fue un acontecimiento celebrado que muestra un claro cambio de nuestra cultura democrática global y local.
   Reconozcamos, sin embargo, que el debate tuvo poco de tal. Sobró la confusa presentación del Delegado y, sobre todo, faltó coordinación y claridad. El acto estuvo regido por un reloj digital de absoluta e innecesaria presencia. Un debate funciona con el ritmo que imprime quien lo coordine y las interacciones de los participantes: nada de lo primero y poco de lo otro. Al no haber planteamientos temáticos las primeras intervenciones fueron los consabidos resúmenes de programas, bastante al tun tun. Las siguientes respuestas no llevaron a diálogo alguno. Algunas pullas y poco más. Que los contendientes estuvieran sentados fue otro error. Se debate de pie, con un atril que permita tener notas —y así no desperdigarlas por el suelo—, eso permite centrar el discurso y evitar que el cuerpo grite los nervios o inseguridades.
   Desde luego nunca un candidato debe pedir perdón por participar —M. Alonso, UA-IU—. Se debe ser preciso y saber dónde se está —“universidad de Derecho” espetó Vila, Podemos, en la facultad—. El papelón lo tuvo Mateu, PP, contando el mundo de Yupi-Rajoy o que el hospital de Burgos es público —ahí le dio duro Peña con buenas cifras—. Ibeas, de C’s, se hundió con su timorata postura ante este tema y sobre todo cuando le espetó al candidato y parado Manuel Alonso que, a diferencia de él, solo pudo estar en parte de las ponencias sobre el fracking en Villarcayo ya que “él trabajaba”.
   ¿Por qué solo hubo tres preguntas del público? Era la oportunidad de cierto debate real. ¿Y con qué criterio se decidía quién preguntaba? Resultó del peor tono que la primera cuestión —larga y adornada— fuera del propio Delegado de Derecho que peroró al principio…
   Las tablas se notaron. Por soltura, solidez en los datos y desparpajo ganó la representante del PSOE, Esther Peña. El toque de autenticidad lo aportó Manuel Alonso, quien a pesar de su inseguridad supo relacionar la lacra de la violencia de género con la injusticia laboral. La correcta frialdad, Miguel Vila, obsesivamente ceñido a las notas recibidas de Madrid.

   Como debate, justito. Pero el río suena... Hay hambre de política.