13/1/16

EL PROCÉS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 13/01/2016. Contraportada.

   El traído y llevado debate sobre el ser de España surgió de una trampa del romanticismo para confundir a las buenas gentes sobre la suerte de sus vidas. El afán por construir un pueblo, una historia y un destino llevó a la invención de las tres cosas. Fue el surgimiento del Estado-Nación (s. XIX). Esto puede resultar confuso  a todos los que pasamos por las garras educativas del franquismo, obsesionado con un tipo de españolidad eterna y cristiana —lo que en sí mismo es una absurda contradicción—.
   Somos hijos de nuestros procesos históricos, que no de nuestra historia si entendemos por tal la estudiada en la escuela, —sépase que no hay historia rigurosa y competente hasta tanto se llega a la universidad, y eso según, como diría Mairena—. Los españoles somos profundamente ignorantes de la Historia y nos manejamos con cuatro simplicidades escolares: viejas falsedades, de base franquista bastantes; modernas ridiculeces autonomistas, otras. Para la mayoría esto no supone un conflicto porque la ignorancia histórica se suple con el sentimentalismo que siempre demanda el nacionalismo. Y así se puede ser español a machamartillo sin saber nada de España, o de cualquier otra playa.
   Mucho se nos habla de los mitos del nacionalismo catalán, olvidando que para el español no lo son menos. La identidad solo puede conjugarse por suma de plurales. Permitir que la piel de toro respire, transpire, sude y bostece como a cada uno le apetezca es seguramente lo más deseable a lo que podamos aspirar: felizmente diversos. 

   Son ya siglos sumando errores. En estas últimas décadas no han sido menores porque la confrontación de nacionalismos ha llevado al doble de absurdos. La cuestión territorial necesita ser redefinida a partir de un nuevo pacto de convivencia y no de soflamas airadas o de (falsos) prejuicios historicistas. En cualquier caso se me hace muy difícil pensar que los promotores de homogeneidades románticas —tanto el PP como el nuevo gobierno catalán— puedan llegar a solucionar hoy nada. Necesitamos nuevos actores, propuestas audaces, mucha cintura y pocas líneas rojas. No se trata de romper nada —salvo algún sueño absurdo—; se trata de sentar nuevas bases fundadas en el diálogo, el respeto y la justicia social. Una nueva Espanya.

Juan Valdés Leal. In ictu oculi. 1672.

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