18/5/16

PORKY

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 18/05/2016. Contraportada.

Cada mañana, aquella sensación angustiosa: enfrentar otro día aterrorizador. Tal vez, si no abría los ojos podría alargar un poco más el sueño, sentirse pequeño, tranquilo, a salvo. Insensible, el despertador rompía la paz segura del catre y anunciaba las voces de su madre insistiendo en que se vistiera rápido, que iba a llegar tarde. Como si a él le importara…
Odiaba el colegio. Lo odiaba con toda su alma. ¿Cómo podía gustar andar sobre un campo de minas? En cualquier momento estallaban los ataques, las burlas de los guays, las mofas de su aspecto, de sus kilos de más… Era un acoso a ráfagas: un instante para respirar y vuelta a una guerra interminable y cruel. Hoy la cogieron con las rodilleras del chándal, ayer que la mochila reventaba, antes por el recorte de pelo, tantas veces por su torpeza en gimnasia, por la ropa demasiado grande, demasiado seria… Nada era apropiado a ojos de quienes competían por la popularidad, por ajustar su gregarismo a los machitos mandones.
Dolía tanto la maldad del cabrón que le empujaba, le tiraba los libros o hacía burlas en la cara como la pasividad del resto de sus compañeros, algunos sin reprimir una leve sonrisa en mitad del abuso. No tenía un solo amigo. Solidaridad cero. En el patio vagaba solitario, inseguro, con un ojo siempre alerta: allí era carne de cañón.
En casa no sabían nada… ¿Qué podía contar a un padre vocinglero que le llamaba “machote” y decía a los conocidos que iba a ser ingeniero, que nunca le escuchaba ni contaba con él para nada? ¿Qué a su madre, atenta a tantos detalles domésticos, sin reparar en su permanente falta de sonrisa? ¿Iba a decirles que detestaba ser como era, fofo, torpe, inseguro; que siempre estaba solo; que no destacaba en nada? ¿Cómo iba a contarles que al salir del colegio le agarraban y, en círculo cerrado, le pateaban las piernas y le golpeaban en el estómago entre risas y aullidos? ¿Les diría que odiaba ser su hijo? ¿Que odiaba la vida?
Estaba harto de tanto miedo, ira sorda, angustia y pesimismo, de tanta frustración… No puede ser que nadie vea lo que pasa; lo que ocurre es que no le importa a nadie. Cogió el boli y escribió: “No puedo más…”.

Bully Before. Norman Rockwell, 1921.