29/6/16

VENCEDOR

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 29/06/2016. Contraportada.

Contaba hace uno días George Monbiot, en The Guardian, cómo el neoliberalismo —esa ideología vinculada al gran capital, a la acumulación desmedida y que tiene en los Estados su gran enemigo al insistir estos en la regulación y protección de derechos colectivos— ha conseguido impregnarlo todo y, a la vez, parecer invisible, innombrado. La perfecta siembra de la Escuela de Chicago, los efectos de las políticas de Reagan y Thatcher y la profusa red de think tanks financiados por las grandes corporaciones, han convertido las políticas neoliberales en algo indiscutible, en una especie de fin de la historia a lo Fukuyama. Lo que empezó como una gran carrera contra el New Deal de Roosevelt, se pretende hoy teleología contrastada: sus políticas son, dicen, las únicas acertadas y deben aplicarse a costa de durísimos sacrificios…, de los de abajo, claro. Una versión macarra del darwinismo donde los pobres, por inadaptados, acaban siendo abandonados para favorecer a los más exitosos —acomodados—, desmantelando toda política pública niveladora —demostradamente antieconómica dado el fracaso de los pobres—.
Innombrado y silente, pero cotidiano. Las políticas europeas de esta última década han seguido los principios del neoliberalismo clásico combinado con el desbocamiento del capitalismo financiero capaz de comprar países completos, cosechas aún no sembradas y objetos que jamás llegarán a las tiendas. En su aplicación más reciente las medidas políticas han sido denominadas de austeridad, de reducción del déficit, de adelgazamiento del estado, de control del gasto público, de salvaguarda del pequeño inversor, responsables… Sonoros eufemismos. Jamás, sin embargo, siéndolo, neoliberales. No hace falta que me detenga en lo del aumento de la brecha entre pobres y ricos, en cuánto han multiplicado los últimos sus ganancias con la crisis…
Y tras la campaña electoral del miedo y la memez, los resultados: los partidos neoliberales, gracias al apoyo o indiferencia de quienes empobrecidos, con los hijos emigrados, vapuleados en sus derechos y condiciones laborales, pactarán sus políticas austericidas para ¿devolverles sus hijos, sus derechos, sus condiciones laborales? Pero así somos: no me hable de turbiedades que ahora toca chiringuito y sangría… Cuando empiece lo de “no quedaba más remedio que cortar o cerrar…”, no vengan llorando. Ale, al tinto de verano.

Nicole Eisenman. "El triunfo de la pobreza", 2009.


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