7/9/16

BURKINI POLITICS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 07/09/2016. Contraportada.

El verano de 2016 pasará a los anales por, entre otras cosas, la aparición del burkini, un conjunto de prendas que se diferencian muy poco del uniforme habitual de los surfistas. Como en el caso del niño que mordió al perro, la noticia es que en algunas playas francesas uno se puede poner en pelota picada pero no cubrirse completamente: aparecen unos policías llenos de ropa, armados y obligan a las mujeres a desprenderse del burkini. Y las multan. ¿Las razones? La libertad, la identidad de Francia, el laicismo, la ofensa a la moral… y, sobre todo, por seguridad —¿y si llevan una bomba debajo?—.
Una vez más, las sociedades usan el cuerpo de la mujer como espacio de lucha. Para imponer, para prohibir, para liberar… Desde la óptica legalista occidental, no hay justificación alguna en ese afán por marcar cómo ha de vestir una persona. El Estado Francés —o ciertos municipios— aparece como un supermacho que quiere defender a sus mujeres de la esclavitud de la religión islámica. Porque, según ellos, solo hay una forma correcta de ser francés… Y para que quede claro, lo dejan reglamentado, mandan a la policía, humillan, multan…. —vamos, como en Irán—. Luego, cuando ya se ha montado el pollo, las imágenes han dado la vuelta al mundo y Francia ha quedado retratada como una sociedad sectaria, racista e imperialista, pretenden explicarnos que lo hacen para que sean, incluso, mejores musulmanas porque el Corán no dice nada de vestir así o asá; son víctimas del fundamentalismo… Un generoso paternalismo —muy machista, claro— que, sobre todo, evidencia el terror de algunos a aceptar los cambios sufridos, la pérdida de la imagen idealizada de su propia sociedad. —¿Acaso existió alguna vez una Francia como la que dice defender el Frente Nacional?—.
Vivimos en sociedades complejas, plenas de diversidad autóctona y alóctona,  con muchos conflictos culturales —lo que en sí mismo nada tiene de negativo—. Pero, desde luego, los conflictos culturales no se solucionan a cañonazos, ni a golpe de reglamento. Con tics autoritarios e intolerantes como la penosa polémica del burkini solo se consigue polarizar artificialmente y favorecer el aumento del fundamentalismo de todo tipo. Lo que, por otro lado es, en sí misma, una estrategia política. Lamentablemente, nada casual.