19/10/16

LA DESDICHA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 19/10/2016. Contraportada.

En 2016, contaban las lenguas más viejas que con horror presenciaron aquellos sucesos, España perdió la vergüenza. Tal vez algo más. “Se perdió España”, decían. Y parece que fue verdad.
Los anaqueles del Gran Archivo guardan testimonios de ancianos espantados que vieron cómo millones de personas salían a la calle cubiertos de roña, hediondos. Dicen que actuaban como si aquel enmierde fuera invisible o, mejor, inodoro; pero de esto no debían estar tan seguros por los muchos afeites y colofonias, por los tantos plisados que buscaban distraer la vista, difícilmente el olfato... Eran, dicen bajando la voz, votantes del partido de la corrupción, del estrangulador del Estado y sus servicios, gentes obcecadas en su apoyo electoral al PP. Greenworld declaró irrespirables los aires de amplias zonas peninsulares. Los índices de contaminación alcanzaron tales niveles de toxicidad que afectaron el cortex prefrontal ventromedial de millones de españoles, lo que, según algunos expertos, explicaría las alteraciones morales y comportamentales… Tampoco hay consenso de los estudiosos en esto. La obstinación, hoy lo sabemos, condujo a la muerte de la razón de Estado, el exterminio de la clase media, y a la independencia de los catalanes y de la isla de El Hierro.
No hay espanto que viaje solo. Mientras el partido popular se desdibujaba entre cloacas y vertederos, el socialista, aseveran las espantadas crónicas, se descomponía también entre tufos putrefactos. Aquella toxicidad ambiental, la herrumbre lenta de la desideologización junto a la corrupción y unas buenas dosis de cainismo suicida, hicieron del PSOE una sombra, un zombi deletéreo. La susanización del partido metamorfoseó de tal manera el aparato que, ya sin tapujos, mostró un álgido síndrome de institucionalización. Sí —así lo recogen los temblorosos ancianos—, el PSOE se abstuvo en la votación parlamentaria de octubre de 2016 permitiendo al PP, “única alternativa de gobierno” según ellos mismo declararon, encadenar su continuidad en el poder, arrasando con los débiles elementos de nivelación social que quedaba en el país. Como en los grandes desastres de la historia, los votantes socialistas migraron o se extinguieron, en todo caso, desaparecieron. Miles de sus antiguos cargos engrosaron las listas de desasistidos por el Estado. Su contribución a la amoralidad institucionalizada fue proverbial. Tras la vergüenza fueron el pudor, el sentido común y la decencia. Se perdió España… Y dicen que, mientras se hundía, sonaban fanfarrias y jotas aragonesas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario