30/11/16

MESIANISMO

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 30/01/2016. Contraportada.

Para mucha gente de este país, la irrupción de Trump ha sido una mezcla de sorpresa y broma amarga que se viene expresando en permanentes comentarios de incredulidad rayana en la indignación. Trump parece haber roto las imágenes de un Estados Unidos de pop corn cinematográfico que alimentaba un relato eufónico sobre el país de las libertades y los grandes sueños, el de los finales felices. Lo cierto es que en una nación de más de 300 millones de personas habitan muchas almas, y también que los pilares americanos oscilan entre unas bases hiperreligiosas, una Nueva Jerusalén muchas veces devenida en fanática, intolerante y racista; y una superlativa violencia fundacional y estructural, con el esclavismo y consiguiente supremacismo blanco, la salvaje conquista del oeste, la 2ª enmienda de una nación en armas, y la insolidaridad como eje posibilitador del american dream.  En EE.UU. el Estado está bajo sospecha, a menudo retratado como el enemigo que impide el éxito del individuo.
No todo es penumbra, desde luego, pero el fenómeno Trump viene incubándose desde atrás, desde los tiempos de Ronald Reagan. Ha sido la pertinaz lluvia fina del abandono de políticas sociales —y/o las continuas trabas para su mantenimiento—, el descontrol absoluto del neoliberalismo más insolidario, lo que ha propiciado que los mensajes de exclusivismo hagan su hogar entre los americanos. Pase lo que pase con los recuentos de votos, muchos millones han votado a Trump, y eso es tan preocupante como el personaje mismo. No nos confundan con otros términos, por favor, esto es mesianismo
El discurso falsario de los nuevos curanderos que dicen tener todas las soluciones para el país desde una mirada cortoplacista, se basa en la simplificación de las culpas, en cargarse de recetas inevitables, en su mayoría a costa del de abajo. La radicalización del conservadurismo más xenófobo nos provee estridentes mesías que recuperan el nacionalismo casposo, ese que anulaba la lucha de clases y las injusticias sociales para enaltecer la belleza de la patria y su necesaria grandeza. Lo vemos en Francia, en Reino Unido, en Hungría, Austria, Holanda… Asquea esta deriva, que tanto debe al empobrecimiento monetario, intelectual y educativo. Trump repele, claro, pero por aquí también se cuecen habas. Y muy gordas, oigan.





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