25/1/17

NO MÁS IMPUNIDAD

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 25/01/2017. Contraportada.

Estas navidades recibí por whatsapp una felicitación de una joven de 20 años. Se trataba de un panegírico sobre la bandera, con el águila imperial como fondo, deseándome felices fiestas y despidiéndose con un casposo ¡Arriba España! En realidad, la felicitación venía rebotada por su madre, orgullosa del patriotismo de su hija, perteneciente a nuevas generaciones. Contesté al mensaje con un “así, no”. Porque así no se es patriota sino sectario —además de inculto e insensible—. Como es de suponer, no sirvió de mucho. Por supuesto, fui tachado de mal español.
Se han hecho muchas cosas mal con relación a la memoria de la Guerra Civil y el Franquismo. Una de las peores es su banalización, su abandono como objeto de reflexión y rechazo para la construcción de una sociedad convencidamente democrática. Podemos entender que en la dificultad de los oscuros tiempos transicionales, lo que se denominó consenso, negociación, pacto, era el resultado de tensiones y posturas muy desiguales en cuanto a su capacidad de presión y acuerdo. Quien más cedió fue, sin lugar a dudas, la izquierda, lo que nos conduce a los inevitables legados del franquismo, conflictos y cierres en falso que lastran el régimen del 78. Pero ya han pasados 40 años, y hemos de aclarar de una vez qué queremos ser, en qué queremos reconocernos. Y no es una cuestión de sentimentalización de la historia. Se trata de una declaración de principios. O en misa, o repicando. O demócratas, o lo otro.
España nunca se desfranquistizó. Y eso se nota. Ciertos medios de comunicación, ciertos partidos, no han roto con el pasado dictatorial. Siguen con sus mantras y sosteniendo visiones totalizadoras de la historia y de las bases de convivencia entre españoles. Esa falta de hiato, de distancia con la falta de libertades, es lo que afean los organismos internacionales a España.
Por eso, la única reacción posible a la campaña lanzada ayer por Izquierda Unida es la del pleno apoyo: derogar la Ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía, una norma preconstitucional que, a decir de muchos juristas, es incompatible con el derecho internacional y los acuerdos firmados por España. Son muchos los crímenes por juzgar, no pocos de lesa humanidad. Basta ya de impunidad. Repiquemos, oigan.


11/1/17

VÍCTIMAS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 11/01/2016. Contraportada.


Las muchas víctimas que jalonan la historia de España engarzan un triste rosario de sufrimiento e incomprensión que no cesa. En este país sabemos mucho de manipular la información para favorecer o desfavorecer a ciertos colectivos, para patrimonializarlos o demonizarlos, convertirlos en guardianes de las esencias o en parias olvidables.
Ha sucedido con las víctimas de la violencia política de la Guerra Civil, a las que una parte de la población les niega su condición sufriente —y no así a los que bautizaron como Caídos por Dios y por España—. Sucedió con las víctimas del terrorismo etarra, marginadas socialmente —léase la imprescindible Patria, de Fernando Aramburu— y manipuladas para juego de ciertos partidos y sus políticas. Se ha negado la existencia de víctimas del terrorismo de Estado y sus cuerpos de seguridad —ahí queda el debate electoral entre Alfonso Alonso y Pili Zabala—. Algo semejante les pasó a las víctimas del metro de Valencia, devenidas en tóxicas ante la visita del Papa amigo. Les pasó a las víctimas del 11-M, a las que la ofensiva del gobierno de Esperanza Aguirre, trató de dividir constituyendo una asociación que recogiera la patética tesis de que lo de los trenes había sido un atentado etarra… Y también ha pasado con las víctimas del Yak 42.
Toda España, todo Burgos, debería pedir perdón por no haber estado desde el primer día al lado de estas familias que sufrieron el desprecio del infame Federico Trillo, de la cúpula del ministerio de Defensa y el maltrato de medios que antepusieron su ideología pro-PP a la solidaridad con las familias y su dolor, abandonando a leales servidores de España.
Casi 14 años después del accidente, el Gobierno sigue sin mostrar el firme apoyo a los afectados —desde el 20 de octubre han tenido guardado el informe del Consejo de Estado—. Solo al verse con el agua al cuello por los negocios del marido de la ministra Cospedal —esa que ahora es tan empática con las víctimas que va a ¡buscar! la documentación del Yak— se ha filtrado el dossier.
Este es un país ingrato con sus gentes, especialmente con los inocentes y generosos. Al menos lo son sus gobiernos. Los 62 militares del Yak no “murieron por su patria”, sino por las miserias de algunos que siguen escudándose en su pedigrí de fontaneros para no reconocer su culpa y responsabilidad. Para las familias, todo nuestro apoyo y comprensión.