22/2/17

LA NOSTALGIA DEL FRANQUISMO

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 22/02/2017. Contraportada.

La ley 52/2007, de 26 de diciembre, conocida como Ley de Memoria Histórica, forma parte de nuestro ordenamiento jurídico y, por lo tanto, es de obligado cumplimiento. El primer objetivo de esta norma es reconocer y apoyar a las víctimas del franquismo, eternos olvidados de nuestra democracia. Para ello se han de “adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre los ciudadanos, todo ello con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones de españoles en torno a los principios, valores y libertades constitucionales” (art. 1).
Hubo, ciertamente, muchos españoles que vivieron confortablemente al amparo del franquismo, conniventes con la ideología nacionalcatólica, o simplemente sin pensamiento crítico. Desde luego, su situación fue muy distinta de aquellos que sufrieron asesinato, represión, cárcel, vejaciones, multas, expropiaciones, persecución… El franquismo jamás desarrolló políticas de reconciliación. Como todo régimen totalitario, controló la educación, los medios de comunicación, los libros… Educó en el odio, el exclusivismo y en la defensa de sus principios de intolerancia y persecución del contrario. Ese férreo control de la información sirvió también para edulcorar las biografías de numerosos prebostes de la dictadura. Muchos de quienes alcanzaron puestos relevantes en la administración y el gobierno lo hicieron como pago a su participación en la conspiración, sublevación, represión y guerra. Un currículo sangriento que duró la totalidad del régimen.
No se puede, por ejemplo, homenajear a Antonio José, dolernos por su suerte, y mantener los nombres de calles y honores de quienes fueron conniventes con su muerte y la de tantos otros miles de burgaleses. Es una cuestión de respeto, de humanidad, de coherencia. ¿Cómo puede tener más peso la nostalgia de algunos que el dolor, el permanente oprobio, que tales nombres ocasionan a los familiares de las víctimas asesinadas o represaliadas? No podemos hacernos cómplices de la injusticia y de la manipulación que la Dictadura usó para perpetuarse. No, no se puede ser demócrata para el presente, defensor de la Constitución, y a la vez franquista con relación al pasado. Esa es una trampa sentimental que se maneja arteramente. Entiendo que puede ser difícil, incluso doloroso, pero hemos de encarar el pasado no para negarlo u olvidarlo sino para reevaluarlo, analizarlo desde el conocimiento y el compromiso con los Derechos Humanos.
Una dictadura no es un recuerdo amable de infancia.


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