8/3/17

LA ACTIVACIÓN ULTRA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 08/03/2017. Contraportada.

La capacidad crítica es tan importante como poco conveniente a las oligarquías. Es por ello que en el modelo económico actual nos han vendido que la educación debe ser algo práctico, al servicio de las empresas y no de la formación de personas —fuera filosofía, historia, literatura…—. Esta píldora desarmadora del ciudadano en ciernes no llegó sola, forma parte de la oleada neoliberal que ha acabado con el Estado de bienestar, ha impuesto condiciones precarias a los trabajadores —esos que se formaron para la empresa—,  ha generado un inmenso acaparamiento de riqueza en pocas manos mientras traía unos olvidados niveles de pobreza, insolidaridad, tensión, tristeza e intolerancia. Un mundo para unos pocos. En este régimen del egoísmo estructural, protegido por leyes sancionadoras de la crítica, la rebeldía y hasta de la risa, irrumpe como síntoma añadido, la acción ultra.
Ley mordaza mediante, en este país estamos asistiendo al patético espectáculo de la persecución judicial de individuos que escriben chistes, que hacen títeres, que se disfrazan en carnaval… Hemos caído en la paradoja de que quienes no creen en la libertad hacen uso de ella para coartar la de otros. Es el colmo de la desvergüenza: un país que pierde la capacidad de reír, de criticar, de transcender su realidad es, con todos los respetos, un país de mierda.
Los nuevos bunkers de la extrema derecha no han caído del cielo, quienes trajeron la infame reforma laboral y los recortes en sanidad, educación y servicios sociales después de haberse forrado con la burbuja inmobiliaria y las privatizaciones, son los padres putativos del fenómeno ultra. Aquí sí que perro come perro. Los ultras son la parte simplona y más estúpida del neoliberalismo: los que precisan corsés temiendo ahogarse de tanto aire respirable,  los que requieren mantras que les mandaten qué pensar, decir y hacer en su cotidianidad, los que no soportan la risa ajena, los que sufren al ver a alguien feliz sin tapujos.
¿Estamos dispuestos a que también, vía ultras, nos recorten la posibilidad de ironizar, criticar y reír? Pues prepárense, porque ahora resulta que en carnaval uno no puede ser irreverente. Apaga y vámonos. ¿Llamarán en Audiencia de Las Palmas a un antropólogo para que explique al juez qué cosa es el carnaval? Menudo chiste (malo).


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