19/4/17

SEÑORÍAS...

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 19/04/2017. Contraportada.

En política, como en tantas otras facetas de la vida social, el significado y valor de los símbolos es sumamente importante. Cuando España recuperó en 1978 la democracia, la vida política se revistió de los mejores ropajes de dignidad, entrega y servicio a la recuperación del país. Había que distinguirse de la generalizada corrupción de la dictadura. No fue algo fácil ni gratuito, la Transición fue bastante más dura y cruenta de lo que recogen los mitificadores manuales escolares (entre 1975 y 1983 se registraron 591 muertes por violencia política, de ellas, 188 tenían que ver con estructuras estatales y paraestatales vinculadas al franquismo). Aquellos años del primer PSOE en el gobierno, con un brío que recordará a la posterior revolución de terciopelo checoeslovaca, dejó su espíritu de virginal entrega plasmado en los carteles del gran José Ramón Sánchez, de un exultante estilo naif, muy consciente del valor simbólico de las instituciones para servicio del pueblo. Ser político le hacía a uno receptor de epítetos loables, menciones dignificantes en las que no eran extrañas las evocaciones a las magistraturas romanas. Los diputados del 82 eran “padres de la patria”, extraña novedad en un país que no ha llegado a acuñar próceres heroicos de la nación como sucede en tantas otras repúblicas.
Después, la indignidad y la podredumbre. El Estado concebido como gran nodriza ordeñable. Perdido el horizonte del servicio y el valor de la equidad, los recursos públicos volvieron a las viejas mañas de una corrupción a la manera que la institucionalizó la dictadura: para el servicio de propios. El interés egoísta de las culturas de partido alentadas por las dinámicas y modas privatizadoras generó el subsiguiente marco para la barra libre, el enriquecimiento ilícito y el engaño como estrategia permanente. Y así, hasta que ayer, por primera vez en nuestra democracia, un tribunal decreta que el Presidente del Gobierno tendrá que comparecer en sede judicial para aclarar las ya constatadas praxis corruptas de su partido.
Hemos de recuperar el valor de las instituciones y su simbolismo, su sentido de servicio y representación de nuestra sociedad, no por huero estilismo o por cuestión protocolaria, sino por la dignidad que nos debemos a todos. Y por la necesidad de un ejercicio político de servicio, transformación y mejora del país.





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