28/6/17

AÚPA FERDINANDO

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 28/06/2017. Contraportada.

Cuando era pequeño, mi padre me compraba por un duro una bolsita de pipas que se reconocían por el dibujo de un toro banderilleado y estoqueado que, mientras doblaba las manos y sacaba la lengua, miraba torvo al torero profiriendo: “Siento dejar este mundo sin probar pipas Facundo”. La frase, según la leyenda familiar, se le ocurrió al dueño de la empresa palentina, Facundo Blanco, cierto día en la Maestranza.
Aquel torito daba pena. Buen cuidado tuvo el dibujante de ponerle cara de mala bestia mareada mientras el torero apuntaba maneras infantiles premanga. Por enfoque y temática era inevitable compararle con “The Story of Ferdinand”, librito maravilloso del norteamericano Munro Leaf, publicado en 1936, y que Walt Disney llevó a la pantalla en 1938 bajo el título de “Ferdinand the Bull”. Con aquella peliculita de escasos ocho minutos, Disney ganó el Óscar al mejor cortometraje de animación —dejando para la posteridad plasmada una truculenta confusión de lo hispano y lo mexicano—. Ferdinando era un toro amable y sensible, amante de las flores, que se atreve a contradecir su naturaleza. La mala fortuna de su aspecto imponente y el concurso de un abejorro, le llevarán a la plaza bajo la incomprensible designación como “Toro Ferocio”. Allí, demostrará su mejor arte: la pasión por las flores. Por fortuna para el animal, se le devolverá vivo al campo.
Lo curioso de esta historia es que su éxito infantil internacional tuvo en Europa su tropiezo cuando la Alemania nazi y la España franquista prohibieron el libro. Cada uno con sus mañas, Franco y Hitler entendían a la perfección que aquello era un mensaje en contra de la virilidad —hispana y aria—, en contra de la naturaleza, en definitiva, sin llegar a decirlo, que escondía algo gay…
Algún extremista dirá que el éxito del cuento —traducido a todos los idiomas— habrá tenido que ver en la “explosión LGTB” de nuestros días… A pesar de lo que difunden ciertas sacristías tumefactas y radicalismos iletrados, la homosexualidad ni es antinatural, ni contagiosa, ni curable¡qué barbaridad! —. Ni pecado.
Madrid celebra el World Pride y toda España se regocija en el impulso a la igualdad y la aceptación de las distintas identidades sexuales. Aquí, aún con toros y un clima traicionero, también. ¡A celebrar!


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