DIARIO DE BURGOS, 17/03/2026. Página 5.
Las izquierdas
configuran un plural esquivo, problemático, difícil, tal vez inasible, aunque necesario
si se pretende apostar por un Estado social. El 15-M ha mostrado cómo los
personalismos, pero sobre todo la falta de inteligencia, han supuesto la
debacle de cualquier opción situada a la izquierda del PSOE. Los misérrimos
resultados de IU-MS-VQ (2,2 %) y de Podemos-AV (0,7 %) en nada habrían mejorado
de ir juntos. Un fracaso sin paliativos.
Estamos ante micro
opciones políticas que se presentan a los electores como agrupaciones de
nanopartidos, todos con su fundamentalísima mismidad explicitada... No nos
detengamos en Podemos, marca fallida que se resiste a aceptar su defunción e
irrelevancia. Izquierda Unida, que siempre tuvo un hálito de promesa o
potencia, ha mostrado, sin embargo, parecidos y preocupantes tics: en la
campaña ha desplegado toda la ineptitud posible para ahuyentar firmes apoyos en
un panorama que de partida no le era avieso.
Aquella
izquierda que se identificaba con el utopismo ꟷpositivamenteꟷ ha caído en
algunas de las peores trampas de la Postmodernidad, lo que ha llevado a su
desnortamiento, a la acuñación de lenguajes incomprensibles e indefendibles que
hacen añorar los viejos palabros del materialismo dialéctico más riguroso. Convertida
la conciencia de clase en un lastre mal llevado, han abrazado irracionalmente el
credo queer, desde la más profunda desinformación de su contenido
neoliberal. Desarticulan solidaridades horizontales y con sus neorreivindicaciones
y elecciones ofenden permanente al feminismo, que para colmo de males no puede
protestar por la usurpación de su espacio y representación, pues se le acusa de
villanada, de transfóbico, cuando no es tal. ¿Cuál es la inteligencia de este
permanente agravio a la lucha de las mujeres por sus derechos, al 51 % de la
población?
La ciudadanía
necesita, además de ilusión, confianza, certidumbres. El domingo la
posmoizquierda provocó abstención, votos nulos/blancos y voto útil ꟷal PSOEꟷ. No
votaron los hartos y desencantados. En blanco/nulo se agrupó un voto protesta
en el que convergieron muchas feministas ofendidas (2,8 %, más que lo cosechado
por IU-MS-VQ). El voto útil, ese que los cargos orgánicos identifican como
culpable de sus malos resultados ꟷo traidorꟷ no se articuló como resignación,
sino como reivindicación de una identidad política sólida, capaz, con verdadera
capacidad de transformación.
El problema de
esta izquierda no es de uniones, de suma de más microsiglas. Es de concepto, de
prioridades y, finalmente, de estructura.

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