DIARIO DE BURGOS, 27/10/2026. Página 5.
Recalco la
cuestión fundamental: la alegría es, sobre todo, por la defensa de la
democracia, por encima de cualquier ideología. El enemigo no es en sí la
derecha, sino en lo que ésta se ha convertido. ¿Cuándo aquellas derechas
democráticas, las más democratacristianas, quedaron convertidas en esta visión
oscura, insolidaria, deshumanizadora? El Papa ─este y el anterior─ no deja de
advertirlo con razón, porque las Iglesias, ─aquí juega el catolicismo en
segunda frente al neopentecostalismo evangélico─, son fuertes impulsoras de
esta ola ultra que abandona el humanitarismo por la forma, por una ortodoxia
intransigente ─y oscuramente sobrefinanciada─. Hasta el obispo de Solsona, nada
amigo de colorarse, advierte contra la ola de pseudoespiritualismo que solo se
basa en emociones, sin base doctrinal…
El
ultraderechismo actual se basa en destruir, o como dice Vox, en desregular.
La derecha se ha envalentonado a base de ser infiltrada por los millones de
quienes exigen su parte de la tarta: los servicios que el Estado presta a los
ciudadanos. Los partidos que asumen la privatización y externalizaciones, las bajadas
de impuestos son dopados por las grandes fortunas, las multinacionales de la
salud, de la tenencia inmobiliaria, de la explotación de recursos básicos como
el agua, las fuentes de energía, las semillas, la industria armamentística. Tratan
de devorar lo que tanto costó construir: un modelo opuesto al que destruyó las
democracias de los años 30.
La política
democrática no es un culto al Estado, que no es sino el instrumento para
facilitar las vidas de los ciudadanos. La derecha actual nos hace creer que
estar permanentemente cabreados con el sistema es ser libre ─percepción
negativa del mundo, emocionalismo clave para aceptar el desmontaje del Estado
Social─. Pero la vida es siempre comunidad, familias, barrios, pueblos,
ciudades, sumas de colectivos que se apoyan y colaboran, que se cuidan ─a
través del Estado y sus impuestos─. La victoria de Lula es la de la lucha por
los derechos y libertades frente al golpismo, las manipulaciones electorales, los
intentos de desarticulación del Estado. Por eso es tan importante. También lo
es ver Naza para entender en qué nos estamos convirtiendo.










