Algunas de las
cosas que nos hacen tan gregarios, tan necesitados de afirmación y aceptación
de los demás, son brechas con las que se nos influye y manipula a placer. Es
pura psicología, y no de la buena. No por casualidad, este tiempo de inmerecido
electoralismo se caracteriza por el más sucio manoseo de carencias y desafectos:
trumpismo desvergonzado.
Leo en un
interesante artículo de Manuel Viejo sobre las estrategias de Vox en
Extremadura y Aragón cómo adelantan las campañas para estar sobre el terreno
semanas antes que el resto de partidos y quintuplicar así su presencia. Eligen
núcleos poco visitados, un circuito secundario de quienes se saben invisibles, abandonados,
con mucha población de aluvión ante la carestía de la vivienda en las grandes ciudades,
con mucho ex C’s ─ya han vivido el engaño─. No hacen mítines, sino televisión: Abascal,
nunca el ignoto candidato, aparece con equipos de filmación y de redes sociales,
se pasea, deja que la gente le cuente sus penas, se hacen selfies. Los vecinos, agradecidos, se sienten parte de
un reality de supervivientes. No ofrece alternativas, no detalla
programa, solo se graba y, al calor de las frustraciones que le cuentan, señala
culpables como en la barra de un bar: los inmigrantes, los okupas, la Unión
Europea, Mercosur, los chinos... Son culpables sin rostro, de esos que aumentan
el miedo. La gente se mimetiza con su lenguaje alicorto: “esos, esos son los responsables”.
¿De la carestía de la vivienda? ¿De la privatización de la sanidad? ¿De la
falta de servicios en el medio rural? Mi pasmo llega cuando leo la despedida de
una mujer a Abascal: “gracias por lo que haces por el campo”. Perplejo, uno se
pregunta, pero ¿qué hace, más allá de llevarles banderitas? ¿Qué han hecho
mientras estuvieron en los gobiernos regionales salvo incumplir la legislación
y salir corriendo? ¡Ay, la fuerza del calor humano!
La ultrabioderecha
ha matado la política para crear el supermacho. Da igual que sea producto de
laboratorio, de injertos capilares, de prótesis en el mentón, de camisas muscle
fit. Como en los cómics del Capitán América, han creado el hombre-deseo, un
producto-éxito mediante inversión multimillonaria en imagen para convertirlo en
el nuevo cirujano de hierro repoblador. Mira duro, revienta planos y botones,
es la imagen de la fuerza, del líder de manada.
Y la manada, ante
semejante vacío, aúlla.








