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27/10/26

ENTRE LULA Y NAZA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 27/10/2026. Página 5. 

    La victoria de Lula en Brasil es puro aliento para la democracia en el mundo. Que en esto estamos: en salvarla frente a los autoritarismos que propugnan la vuelta al siglo XIX: ricos acaparadores; pobres obligados a luchar entre sí por lo que jamás podrán conseguir sin unión.

Recalco la cuestión fundamental: la alegría es, sobre todo, por la defensa de la democracia, por encima de cualquier ideología. El enemigo no es en sí la derecha, sino en lo que ésta se ha convertido. ¿Cuándo aquellas derechas democráticas, las más democratacristianas, quedaron convertidas en esta visión oscura, insolidaria, deshumanizadora? El Papa ─este y el anterior─ no deja de advertirlo con razón, porque las Iglesias, ─aquí juega el catolicismo en segunda frente al neopentecostalismo evangélico─, son fuertes impulsoras de esta ola ultra que abandona el humanitarismo por la forma, por una ortodoxia intransigente ─y oscuramente sobrefinanciada─. Hasta el obispo de Solsona, nada amigo de colorarse, advierte contra la ola de pseudoespiritualismo que solo se basa en emociones, sin base doctrinal…

El ultraderechismo actual se basa en destruir, o como dice Vox, en desregular. La derecha se ha envalentonado a base de ser infiltrada por los millones de quienes exigen su parte de la tarta: los servicios que el Estado presta a los ciudadanos. Los partidos que asumen la privatización y externalizaciones, las bajadas de impuestos son dopados por las grandes fortunas, las multinacionales de la salud, de la tenencia inmobiliaria, de la explotación de recursos básicos como el agua, las fuentes de energía, las semillas, la industria armamentística. Tratan de devorar lo que tanto costó construir: un modelo opuesto al que destruyó las democracias de los años 30.

La política democrática no es un culto al Estado, que no es sino el instrumento para facilitar las vidas de los ciudadanos. La derecha actual nos hace creer que estar permanentemente cabreados con el sistema es ser libre ─percepción negativa del mundo, emocionalismo clave para aceptar el desmontaje del Estado Social─. Pero la vida es siempre comunidad, familias, barrios, pueblos, ciudades, sumas de colectivos que se apoyan y colaboran, que se cuidan ─a través del Estado y sus impuestos─. La victoria de Lula es la de la lucha por los derechos y libertades frente al golpismo, las manipulaciones electorales, los intentos de desarticulación del Estado. Por eso es tan importante. También lo es ver Naza para entender en qué nos estamos convirtiendo.



20/1/26

RECETAS PARA BOBOS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 20/01/2026. Página 5. 

 Se hace duro comprobar cuán vulnerables somos. Rodeados de adelantos tecnológicos, de máquinas y aplicaciones atentas a cualquier circunstancia de nuestras vidas, al final todo se reduce a la salud, la familia, a poder aportar el sustento y disfrutar algún rato de concordia con los propios. Cuando esto falta, nos volvemos apesadumbrados filósofos. Entonces, las renuncias nos parecen posibles, todo pasa a ser secundario. La muerte, la enfermedad, la ausencia de alguien querido nos devuelve a nuestra pura condición social, a lo que de verdad somos: unos complicados simios que se necesitan unos a otros.

Durante los escasos tiempos que la Humanidad se ha concedido para ello ―sin guerras, sin tiranos, sin fanatismos― la política se reivindicó como un ejercicio de compromiso con la felicidad colectiva. La II Guerra Mundial, que enfrentó a una gran parte del mundo a la inmensa fealdad y crueldad de la que somos capaces, trajo una reflexión positiva sobre la necesidad de construir sociedades más justas, más equilibradas, mejor atendidas como forma de evitar los radicalismos y odios. Ese compromiso que trajo a las sociedades europeas la socialdemocracia produjo los mayores índices de justicia social que nuestro continente haya conocido en toda su historia, con sus problemas, sí, pero con inmensos logros. Que ochenta años después de la pesadilla nazi-fascista pidamos a gritos cilicios y disciplinas, autócratas y matones que nos arrastren a guerras, invasiones, asesinatos, masacres y genocidios habla de nuestra estupidez infatigable. Siempre es más fácil ser un necio que asumir la exigencia, el trabajo de construir esforzadamente.

El auge de la extrema derecha se asienta en la agitación vulgar del egoísmo y la insolidaridad, la comodidad de señalar culpables, de agitar medidas infantiles ―te vas, sobras, sin ti todo funcionará― en vez de darnos cuenta de que solo con la contribución de todos se pueden encarar los problemas de salud, de envejecimiento, de desigualdad, de vivienda… para construir mejores espacios de vida, mejores condiciones, más justicia social.

Las recetas para bobos: echar a gente, cerrar servicios, reducir impuestos y normativa que aseguran el funcionamiento de lo público, son las vías sobre las que se levanta el odio, el enfrentamiento, la mayor desigualdad, la amargura permanente que trae a los tiranos y sus imbecilidades identitarias.

El 15 de marzo habrá elecciones en CyL. Preguntémonos, ¿ha mejorado algo la vida en esta legislatura con los mensajes ultras?




8/9/25

MATAR CON EL VOTO

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
     07/09/2025 

Llegada la media veda y con el campo infernado, sujetos como el nefando Tellado, regurgitan su reclamo fascista de las fosas. La argucia es propalar barbaridades para tapar sus muchos engaños e ineficiencias; para, una vez más, decretar, matonismo mediante, olvido.

En un tiempo de encumbramiento de la estupidez y la incultura, personajillos de este jaez mienten en sus currículos para atribuirse falsos títulos académicos. El asunto es grave porque, ayunos de saber real, pretenden aleccionarnos sobre economía y gestión sin saber hacer la O con un canuto. Desde sus diplomas inventados y nula experiencia laboral, convencen a los necios de que bajar los impuestos es lo inteligente y correcto. Los zotes, en su orgullo zotal y tribal, asienten mientras cavan su desgracia y la de todos.

Los impuestos son la base de nuestra sociedad, gracias a ellos se ha conseguido el inmenso avance que supone la democracia frente a la vieja sociedad estamental del privilegio en la que unos pocos acaparaban todo.

 Quien vota a los que prometen bajar los más que razonables impuestos españoles, no solo atenta contra nuestras bases democráticas, se convierte en cómplice de la muerte de pacientes que esperan un diagnóstico urgente o una atención médica vital, impide la construcción de hospitales, favorece el aumento de las listas de espera, el cierre de centros de salud y escuelas en el ámbito rural, anula la investigación científica, convierte la educación en un erial, hace que la Justicia se eternice, que la vivienda siga encareciéndose, que el medio ambiente se degrade cada vez más... El ahorro que vota el azotado, le supondrá en lo personal una peor atención para cualquier gestión pública (ayudas, subvenciones, permisos, licencias…) al no contar con funcionarios suficientes, encarecerá su propia vida (adiós ahorro), pues al privatizarse los otrora servicios públicos pierden calidad y se encarecen, y contribuirá al desánimo y tensiones colectivas, una sociedad más infeliz, dado que todo se vuelve frustrante.

Lo sucedido este verano con los incendios es una dolorosa prueba de que la privatización de cuadrillas y medios forestales ha multiplicado exponencialmente el daño. Si usted ha votado esto, no puede quejarse, es cómplice de las muertes ocasionadas, de la destrucción del monte y hábitat, de una cultura hasta entonces viva o resistente, de todos los bienes y animales perdidos.

Ya vale de hacerse el tonto. Lo del voto no es cosa de redaños, de frases huecas, de invocaciones a realidades inexistentes (como que ETA siga existiendo). Lo del voto es cómo queremos vivir: prevenidos, seguros, cuidados, informados, atendidos, educados… Todo eso, y no otra cosa, son nuestros impuestos bien gestionados, que no son un robo ni un ejercicio de mala voluntad del gobierno, son nuestra supervivencia, la forma de hacer una mejor España.