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27/10/26

ENTRE LULA Y NAZA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 27/10/2026. Página 5. 

    La victoria de Lula en Brasil es puro aliento para la democracia en el mundo. Que en esto estamos: en salvarla frente a los autoritarismos que propugnan la vuelta al siglo XIX: ricos acaparadores; pobres obligados a luchar entre sí por lo que jamás podrán conseguir sin unión.

Recalco la cuestión fundamental: la alegría es, sobre todo, por la defensa de la democracia, por encima de cualquier ideología. El enemigo no es en sí la derecha, sino en lo que ésta se ha convertido. ¿Cuándo aquellas derechas democráticas, las más democratacristianas, quedaron convertidas en esta visión oscura, insolidaria, deshumanizadora? El Papa ─este y el anterior─ no deja de advertirlo con razón, porque las Iglesias, ─aquí juega el catolicismo en segunda frente al neopentecostalismo evangélico─, son fuertes impulsoras de esta ola ultra que abandona el humanitarismo por la forma, por una ortodoxia intransigente ─y oscuramente sobrefinanciada─. Hasta el obispo de Solsona, nada amigo de colorarse, advierte contra la ola de pseudoespiritualismo que solo se basa en emociones, sin base doctrinal…

El ultraderechismo actual se basa en destruir, o como dice Vox, en desregular. La derecha se ha envalentonado a base de ser infiltrada por los millones de quienes exigen su parte de la tarta: los servicios que el Estado presta a los ciudadanos. Los partidos que asumen la privatización y externalizaciones, las bajadas de impuestos son dopados por las grandes fortunas, las multinacionales de la salud, de la tenencia inmobiliaria, de la explotación de recursos básicos como el agua, las fuentes de energía, las semillas, la industria armamentística. Tratan de devorar lo que tanto costó construir: un modelo opuesto al que destruyó las democracias de los años 30.

La política democrática no es un culto al Estado, que no es sino el instrumento para facilitar las vidas de los ciudadanos. La derecha actual nos hace creer que estar permanentemente cabreados con el sistema es ser libre ─percepción negativa del mundo, emocionalismo clave para aceptar el desmontaje del Estado Social─. Pero la vida es siempre comunidad, familias, barrios, pueblos, ciudades, sumas de colectivos que se apoyan y colaboran, que se cuidan ─a través del Estado y sus impuestos─. La victoria de Lula es la de la lucha por los derechos y libertades frente al golpismo, las manipulaciones electorales, los intentos de desarticulación del Estado. Por eso es tan importante. También lo es ver Naza para entender en qué nos estamos convirtiendo.



28/4/26

IDIOTIZACIÓN NACIONAL

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 28/04/2026. Página 5. 

 Mareado, Tonchu, necesita apoyarse en el pretil del río. Tres mujeres que, chiqui-chaca, no paran de hablar mientras caminan a buen paso, le adelantan. Respira con cierta fatiga. Levanta la cabeza e inhala con fuerza mientras contempla el agua y los chopos.

El vértigo sobrevenido le ha dejado inerte. La sensación de caer por un oscuro vacío, de estar ante la nada, no acaba de irse. Maldita sea, se dice. Pasa lentamente la mano por la frente sudorosa mientras su mirada se pierde ahora sin fijeza alguna. De un plumazo, su vida parece una farsa. Todas las viejas seguridades, los sólidos suelos de sus militancias y credos vueltos escombrera. Maldita sea.

Jubilado de banca, Tonchu dedica el tiempo conquistado a cubrir las muchas lagunas de conocimiento que sabe tiene. Abandonó los estudios cuando hizo las pruebas para entrar en la Caja. Años de ventanilla y libretas, de reuniones y traslados por la provincia, de zozobras y rumores de cierres, de despidos, absorciones −¿succiones, abducciones?− hasta que la directora de People & Talent Department −así son las cosas ahora−, le informó que formaba parte de la lista de próximos liquidables. Llegó la edad de su iluminación. Retomaría aquella carrera que dejó colgada, ahora rebautizada como Historia y Patrimonio.

Tonchu es un estudiante aplicado. Acude a clase, toma apuntes y lee, lee mucho. Tras un primer año de inseguridades y cierto estrés, las cosas van encajando. La Historia, confirma, es un edificio complejo, lleno de matices, datos y entreverados, de diversidad de gentes. Nada que ver con la falseada versión escolar de su juventud e infancia, en la dictadura. Pero el saber se ha vuelto exigente, incomodador. Por de pronto, los despreciados moros andalusíes resultaron la sociedad más refinada y culta de Europa; las rotundidades sobre la existencia milenaria de España se vuelven humo, como gran parte de las gestas imperiales; en América se dio estopa, se expolió y aniquiló hasta decir basta; sin la emigración no hay crecimiento ni desarrollo posible…

Ahora que sabe, el vértigo es mayor. Ignorante estaba más tranquilo, se dice. Casi no asoma al bar de la esquina: las barbaridades que se vociferan se le hacen insoportables. Sin embargo, no se arrepiente. Consciente de la conquista que ha sido para la humanidad la Democracia, mira incrédulo a su alrededor al oír el despropósito de la prioridad nacional. Una canallada de odiadores incultos, afirma. Una descomunal estupidez.



3/3/26

LAS COSAS Y LAS CAUSAS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 03/03/2026. Página 5. 

   Las elecciones en Castilla y León muestran tintes de esperpento, drama y vodevil. Treinta y nueve años de gobiernos del PP deberían ser causa suficiente para que todo se aireara. Es cosa de salud democrática, sobre todo a la vista de la cantidad de problemas irresueltos, del deterioro y abandono de la población rural y sus servicios, de la privatización encubierta de la sanidad pública ─ahí está el HUBU─, de la falta de inversiones en materia social, en vivienda, en infraestructuras… Se están juzgando gravísimos casos de corrupción que afectan a altos cargos de los gobiernos de Herrera: la Trama eólica ─la Fiscalía Anticorrupción pide 123 años de cárcel y 850 millones de € en multas─; La Perla negra, escándalo de construcción y especulación inmobiliaria con derivaciones en Panamá y Suiza, que ha costado 70 millones de € a nuestras mermadas arcas. También están los prendas de la Gürtel, con adjudicaciones irregulares, particularmente en Valladolid, que implicaban, entre otros, al exconsejero Jesús Merino. Todo esto pasaba mientras presidía el comité anticorrupción del partido un tal Fernández Mañueco, el de las 5000 firmas falsificadas para ganar las primarias del PP.

Vox, la franquicia más sionista y trumpista de nuestro panorama, por más followers que tenga en redes, muestra preocupantes signos de descomposición ─Madrid y Murcia─. Su espantada en 2024 dejó mal recuerdo, falta de compromiso y un reguero de desastres ─como el intento de persecución de los inmigrantes en Burgos─. Pero la memoria es frágil. Lo que hagan SALF y los ritidectomizados de Silvia Clemente, es cosa anecdótica.

Para sorpresa de algunos, IU&friends, otrora comunistas, hoy posmodernos globalizados, tiran por la borda la posibilidad de volver a las Cortes y ser parte de un potencial gobierno de izquierdas al plantear la peor campaña posible. Confundida CyL con un suburbio de Springfield, han prescindido de los problemas reales para, incomprensiblemente, enemistarse con una fuerza tan determinante como el feminismo.

El PSOE parece enderezar un nuevo proyecto que no empezó con el mejor pie, y con un candidato que parecía costarle abandonar la mocedad, a pesar de sus 52 tacos. El tiempo dirá si el sticker del chaleco y las greñas ayudó a crear marca personal más allá del multiverso. Lo que importa es transmitir solidez, compromiso con lo público, con las necesidades de la gente y territorios. Aparecer como un tipo fiable.

La cosa, ya lo ven, está que arde.



17/2/26

CAPT. AMÉRIKA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 17/02/2026. Página 5.  

Algunas de las cosas que nos hacen tan gregarios, tan necesitados de afirmación y aceptación de los demás, son brechas con las que se nos influye y manipula a placer. Es pura psicología, y no de la buena. No por casualidad, este tiempo de inmerecido electoralismo se caracteriza por el más sucio manoseo de carencias y desafectos: trumpismo desvergonzado.

Leo en un interesante artículo de Manuel Viejo sobre las estrategias de Vox en Extremadura y Aragón cómo adelantan las campañas para estar sobre el terreno semanas antes que el resto de partidos y quintuplicar así su presencia. Eligen núcleos poco visitados, un circuito secundario de quienes se saben invisibles, abandonados, con mucha población de aluvión ante la carestía de la vivienda en las grandes ciudades, con mucho ex C’s ─ya han vivido el engaño─. No hacen mítines, sino televisión: Abascal, nunca el ignoto candidato, aparece con equipos de filmación y de redes sociales, se pasea, deja que la gente le cuente sus penas, se hacen selfies.  Los vecinos, agradecidos, se sienten parte de un reality de supervivientes. No ofrece alternativas, no detalla programa, solo se graba y, al calor de las frustraciones que le cuentan, señala culpables como en la barra de un bar: los inmigrantes, los okupas, la Unión Europea, Mercosur, los chinos... Son culpables sin rostro, de esos que aumentan el miedo. La gente se mimetiza con su lenguaje alicorto: “esos, esos son los responsables”. ¿De la carestía de la vivienda? ¿De la privatización de la sanidad? ¿De la falta de servicios en el medio rural? Mi pasmo llega cuando leo la despedida de una mujer a Abascal: “gracias por lo que haces por el campo”. Perplejo, uno se pregunta, pero ¿qué hace, más allá de llevarles banderitas? ¿Qué han hecho mientras estuvieron en los gobiernos regionales salvo incumplir la legislación y salir corriendo? ¡Ay, la fuerza del calor humano!

La ultrabioderecha ha matado la política para crear el supermacho. Da igual que sea producto de laboratorio, de injertos capilares, de prótesis en el mentón, de camisas muscle fit. Como en los cómics del Capitán América, han creado el hombre-deseo, un producto-éxito mediante inversión multimillonaria en imagen para convertirlo en el nuevo cirujano de hierro repoblador. Mira duro, revienta planos y botones, es la imagen de la fuerza, del líder de manada.

Y la manada, ante semejante vacío, aúlla.






14/10/25

MENOS COFRADÍAS...

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 14/10/2025. Página 5.  

“Menos cofradías y más mamografías”, han coreado miles de mujeres de toda Andalucía en sus protestas contra la Junta. No es una mera rima ocurrente, es una denuncia airada de quienes ven en peligro su propia supervivencia ―para algunas es ya demasiado tarde―. El Partido Popular ha jugado despreciativamente con lo más sagrado de todas ellas: la salud. Y cuidado, los expertos advierten de que estamos ante la punta del iceberg y que podrían saltar miles de casos más de otros cánceres y enfermedades graves.

Las andaluzas han gritado a Moreno Bonilla: no somos productos, ni las personas ni las culturas. Su eslogan antepone lo importante y central, la vida, frente a cualquier otro interés ―religioso, identitario o turístico― o decorado.

El caso de los cribados del cáncer de mama revela cómo para los responsables del Partido Popular la salud de la población es un elemento de especulación más. Esta voracidad clasista rompe el pacto constitucional sobre el que se asienta nuestra democracia: “España es un estado social y democrático de Derecho”, art. 1.1 CE. Lo “social” se les atraganta a nuestros conservadores.

La privatización de nuestra salud y cuidados supone la pérdida de la calidad, de los tratamientos generalizados, del acceso universal, del trato humanitario. No suele aparecer en los programas electorales ―la privatización―, o lo hace de manera encubierta, como cuando aseguran que “reduciremos las listas de espera” ―nunca dicen cómo―, y más veladamente con las promesas de bajadas de impuestos, el gran engañabobos con el que se desmonta lo público para dar entrada a los especuladores, a los fondos buitre, a las empresas que no moverán un dedo por la salud de los más necesitados. La parasitación de lo público crea estos monstruos que, succionado el presupuesto de la Junta, abandonan, menosprecian y desatienden a quienes están en una situación crítica, necesitados de tratamiento inmediato, salvo que lo paguen bien pagado.

El engaño y trato inhumano a las mujeres andaluzas es imperdonable, injustificable, y pasará factura a Moreno Bonilla.

En cuanto al resto, habrá que espabilar. ¿De verdad Ud. vota feliz por perder su hospital, su centro de salud, su médico, su servicio de oncología? Porque cada vez que le sacan lo de Txapote y los impuestos, eso está haciendo.

Resistirse a la privatización de nuestra salud es uno de los mayores actos de patriotismo a nuestro alcance. 

 


8/9/25

MATAR CON EL VOTO

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
     07/09/2025 

Llegada la media veda y con el campo infernado, sujetos como el nefando Tellado, regurgitan su reclamo fascista de las fosas. La argucia es propalar barbaridades para tapar sus muchos engaños e ineficiencias; para, una vez más, decretar, matonismo mediante, olvido.

En un tiempo de encumbramiento de la estupidez y la incultura, personajillos de este jaez mienten en sus currículos para atribuirse falsos títulos académicos. El asunto es grave porque, ayunos de saber real, pretenden aleccionarnos sobre economía y gestión sin saber hacer la O con un canuto. Desde sus diplomas inventados y nula experiencia laboral, convencen a los necios de que bajar los impuestos es lo inteligente y correcto. Los zotes, en su orgullo zotal y tribal, asienten mientras cavan su desgracia y la de todos.

Los impuestos son la base de nuestra sociedad, gracias a ellos se ha conseguido el inmenso avance que supone la democracia frente a la vieja sociedad estamental del privilegio en la que unos pocos acaparaban todo.

 Quien vota a los que prometen bajar los más que razonables impuestos españoles, no solo atenta contra nuestras bases democráticas, se convierte en cómplice de la muerte de pacientes que esperan un diagnóstico urgente o una atención médica vital, impide la construcción de hospitales, favorece el aumento de las listas de espera, el cierre de centros de salud y escuelas en el ámbito rural, anula la investigación científica, convierte la educación en un erial, hace que la Justicia se eternice, que la vivienda siga encareciéndose, que el medio ambiente se degrade cada vez más... El ahorro que vota el azotado, le supondrá en lo personal una peor atención para cualquier gestión pública (ayudas, subvenciones, permisos, licencias…) al no contar con funcionarios suficientes, encarecerá su propia vida (adiós ahorro), pues al privatizarse los otrora servicios públicos pierden calidad y se encarecen, y contribuirá al desánimo y tensiones colectivas, una sociedad más infeliz, dado que todo se vuelve frustrante.

Lo sucedido este verano con los incendios es una dolorosa prueba de que la privatización de cuadrillas y medios forestales ha multiplicado exponencialmente el daño. Si usted ha votado esto, no puede quejarse, es cómplice de las muertes ocasionadas, de la destrucción del monte y hábitat, de una cultura hasta entonces viva o resistente, de todos los bienes y animales perdidos.

Ya vale de hacerse el tonto. Lo del voto no es cosa de redaños, de frases huecas, de invocaciones a realidades inexistentes (como que ETA siga existiendo). Lo del voto es cómo queremos vivir: prevenidos, seguros, cuidados, informados, atendidos, educados… Todo eso, y no otra cosa, son nuestros impuestos bien gestionados, que no son un robo ni un ejercicio de mala voluntad del gobierno, son nuestra supervivencia, la forma de hacer una mejor España.




22/7/25

DERRIBOS PP

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 22/07/2025. Página 5. 

 Había un país que sufría, que se jodía y sacrificaba, un país abrazado al sueño roto del desarrollismo, que había vivido una ilusión de esplendor. A esa gente cándida, socializada en la credulidad hacia sus gobernantes e ignorante de la economía, se le hizo asumir rigurosas falsedades del capitalismo: que la derecha gestiona mejor porque son empresarios cuasi por naturaleza ─a pesar de que las empresas suelen ser el epítome de la inequidad social─; y otra, que el Estado funciona como una sociedad limitada, inexactitud que supone la desarticulación de cualquier atisbo de interpelación humanitaria y hasta humanística.

La crisis que estalló en 2011, recordemos, supuso una recesión feroz:  aumentó brutalmente el desempleo ─más del 25 %─ y la precariedad laboral; los jóvenes más preparados tuvieron que emigrar en masa; el Gobierno redujo sueldos y anuló pagas disminuyendo gravemente los ingresos familiares; desaparecieron derechos asistenciales, como la atención sanitaria universal, que abandonó a los más desfavorecidos y puso en riesgo la salud general al reaparecer enfermedades erradicadas; subieron los suicidios y las depresiones; se disparó la deuda pública... El país andaba como pollo sin cabeza, pero la culpa, decía el gobierno Rajoy, el de los gestores, era que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades.

Lo que ignoraba aquel electorado agarrado a un clavo ardiendo, era que esta tercera derecha en el poder les estaba vendiendo con grave desprecio de su sufrimiento. Si resultó sospechosa la gestión del rescate bancario y sus putrefactas fusiones, puro saqueo de las arcas del Estado ─¿cuánto pagaron los bancos?─, ahora sabemos que el superministro de Hacienda, Cristóbal Montoro Ramírez, montó un superchiringuito paralelo al Gobierno para legislar ad hoc para los superamigos, las grandes empresas. Se superforró con su cúpula ministerial mientras empobrecía al país. La supergestión conservadora: fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Un Equipo Económico de supercorrupción.

Toda corruptela desde y sobre lo gubernamental es criminal y cruel, pues acaba afectando a quienes más precisan del amparo del Estado. Esto rige para el caso Koldo, y aún más para este inusitado y clasista complot milmillonario del Partido Popular.

Unir la información sobre clan Montoro con los efectos de la irresponsable oposición que viene haciendo el PP, degradando una y otra vez la democracia y sus instituciones, lleva a juegos de suma cero para los populares. Y así, ¿quiénes recogerán el hartazgo y asqueamiento de la población?



26/11/24

VOLANDO VOY

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 26/11/2024. Página 5. 

“Al soltar lastre, el globo se eleva con cierta alegría consiguiendo prolongar el efecto que produce la quema de paja y lana. Esto permite al aeróstato, con el viento oportuno, alcanzar mayores distancias”, anotó observador Monsieur Jacques-Étienne Montgolfier. Días después, 4 de junio de 1783, los hermanos globólogos pusieron en práctica sus conocimientos con el primer vuelo tripulado de la historia. Lo más difícil de todo fue hacer entender al carnero, una vez ascendidos, que tirara las bolsas de cáñamo con arena. No hubo manera. Por más “Allez, mutton, allez”, que le gritaron, el animal se mostró modorro, lo que explicó su mansedumbre y el desorbitado precio exigido por el pastor. Fueron los otros globonautas, pato y gallo, quienes por iniciativa propia picaron enloquecidos el suculento tejido de los sacos provocando las pérdidas de arena que propiciaron una ascensión de 2000 metros y un recorrido de 8 kilómetros.

¿Habrá anotado algo Madame Ayala en su cahier con la reciente pérdida de lastre? Porque lo ha perdido…, ¿verdad? Viendo el pleno del pasado viernes, a uno le entran dudas. Unas dudas terribles de si de verdad quería romper con Vox, y sobre qué hace esa mujer ahí. Cuanto más sabemos de Ayala, menos convencidos quedamos de su voluntad y compromiso como alcaldesa. Más allá de los repartos, de los ascensos de sus dos escuderos, nada traslada la idea de un mayor compromiso y competencia. Nada sugiere que se ponga al frente de nada. Lo que lleva a la gran pregunta: ¿qué hace al frente de la corporación Cristina Ayala? ¿Cuál ha sido, es, su aportación? Por el momento, lo único que le oímos decir es que sigue echando de menos a Vox, o mejor, su stabilità. No parece que entienda lo que es gobernar ni las exigencias que conlleva. Sigue lamentando que se haya roto el pacto por “una partida que económicamente era pequeña”, lo que implica que no se ha enterado de nada de lo sucedido, del trasfondo político, económico-laboral, del tren de racismo que ella ha propiciado y, sobre todo, del baldón que ha supuesto para la imagen de su partido y la ciudad.

¿Qué cree que van a encontrar los jueces europeos en su rastreo internetero sobre los compromisos éticos y culturales de la ciudad de Burgos, cuando le hagan la evaluación al no muy boyante proyecto cultural de Burgos 2031?

 

21/11/24

EL ERROR DE LAS ÉLITES

 SERIE ULTRA, IV

 El error de las élites. 
El mal negocio del terror migratorio

Artículo de Ignacio Fernández de Mata en la revista ctxt:

(Para acceder, pinche ↓ en el título ↓)

El error de las élites


                                               Portada de Diario de Burgos del 14 de noviembre de 2024.

12/11/24

EL PUEBLO SOLO, NO

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 12/11/2024. Pagina 5. 

Estos días de zozobra, solidaridad e indignación, se oye por distintas redes la frase “solo el pueblo salva al pueblo”. La expresión acompaña a imágenes emocionantes de voluntarios limpiando el barro en Valencia. La frasecita, lamentablemente, es una muestra más de manipulación ultraderechista para tratar de desacreditar al Estado, otro acto de inaceptable amaño emocional e informativo.

Los mismos que han estado negando los efectos del cambio climático, la necesidad de invertir en ciencia y cuidado del medio ambiente, en prevención y en contar con servicios públicos adecuados, ahora nos vienen con este mantra de insuflación de identidad y espíritu colectivo con el que tapar toda la irresponsabilidad anterior. España tiene que aprender ─nos va la vida en ello─ a gestionar catástrofes, a saber que invertir en previsión no es un dispendio, sino un acto auténtico de patriotismo, de protección y defensa de todos.

El Estado es lo que somos, es lo que construimos con nuestro voto y nuestros impuestos, nuestro motivo de orgullo, solidaridad y avance. Las catástrofes son situaciones de gran complejidad, no películas de Hollywood. En cuanto suceden requieren conocimiento del medio, planificación, técnicos especializados, medios de todo tipo, maquinaria pesada y gestión de infraestructuras, movilización de fuerzas de seguridad y ejército, legislación inmediata para ayudas multisectoriales, atención psicosocial a víctimas, etc. Es comprensible que para los afectados todo retraso sea vital, toda inmediatez sea importante, toda atención sea clave. Si existe prevención, unidades de emergencia, planes de contingencia, inversión, prudencia, alertas, es más fácil… Pero siempre las cosas son más complejas, y con la afectación de infraestructuras, todo es más lento. Puerto Rico, un país acostumbrado, pero no con tantos medios, sigue todavía reconstruyéndose siete años después del paso del huracán María…

Mientras el Partido Popular anda montando cazas de brujas para tapar con humo sus propias responsabilidades, el Gobierno de España, sin liarse en discusiones, aprueba grandes ayudas ─10.600 millones de euros la semana pasada, 3.765 millones ayer─, y sin alharacas, con el desembarco de 18.000 funcionarios del Estado en Valencia, se están reconstruyendo en tiempo récord las grandes infraestructuras, los tendidos eléctricos, las redes de alcantarillado, la potabilización de aguas, los colegios, centros sanitarios… Es importante contar con voluntarios, con la solidaridad de todos, pero sobre todo con la fuerza y competencia de nuestro Estado, el de nuestros impuestos y compromisos. Eso es lo que llamamos España. El pueblo solo, no.



 

23/7/24

¿PAÍS?

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 23/07/2024. Página 5. 

Una de las idioteces generales practicadas por la mayoría hoy es creernos un país. Lo mismo da este que el otro, Francia, que España, Portugal, que Marruecos.

Por redes corre un antiguo y divertido sketch del cómico británico Eddie Izzard que cuenta en un fingido diálogo cómo Gran Bretaña se hizo un imperio: robando países. “I claim India for Britain”. “You can’t claim as we live in five hundred million of us”. “Do you have a flag? Y todo el mundo rompe a reír. La clave del asunto: un país existe si tiene bandera, el símbolo, pero, sobre todo, como diría una pitonisa de la tele, si, a través del símbolo, se lo creen sus nacionales.

¿Pero qué es un país? ¿Votarían Uds. para elegir a quiénes forman parte o no de su país? ¿Para qué queremos un país?

Estas son preguntas fundamentales. En primer lugar, porque los países los inventamos los humanos en función de factores históricos o lingüísticos o económicos o geográficos o todos ellos entremezclados. En general, las razones que la gente repite suelen ser mentira ─mitos─. Los países actuales son muy modernos, pueden haber nacido por vocación o por descarte, pero siempre disfrazando su historia. La cosa está en saber para qué desean existir, cuál es la razón, la necesidad de su ser… Para mí, todo se reduce a dos preguntas: ¿para joder ─quien dice joder dice oprimir, explotar o exterminar─ a quien no piense como cierta ideología dominante religiosa, política, clasista, sexista, racista? ¿O para crear una comunidad de mínimos democráticos ─respeto, tolerancia, educación, convivencia─ y máximas oportunidades para todo el mundo? Si no compartimos un compromiso de mínimos, todo se vuelve irrespirable. No es un país, es un avispero al borde de su implosión.

¿Para qué quiere, por ejemplo, la derecha, España? ¿Para qué la quiere Vox? ¿Qué piensa el votante aguerrido cuando Abascal da la orden de abandonar los gobiernos regionales y ve las caras apesadumbradas de los propios vicepresidentes y consejeros que no dan crédito? ¿Por qué le importa más a Abascal Orban o Trump o Putin y votar en contra del Partido Popular Europeo en Bruselas que legislar en Valladolid o en Valencia? ¿Su lealtad dónde está, con quién está? ¿Y la del PP, emponzoñando la Justicia, haciendo suyo un radicalismo antimigratorio mientras gobierna autonomías de ancianos? ¿Votaría para expulsarnos a quienes no les votamos?

 

20/2/24

PARCAMENTE

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 20/02/2024. Página 5.

 Galicia es un ámbito proclive al estereotipo que, en el caso de analistas con lecturas, hunde sus raíces en eternidades literarias de Rosalía, Cunqueiro o Torrente Ballester, que no son el país de hoy. De aquellas imágenes entre románticas y mágicas, parecía surgir un mundo poco proclive a los excesos y rigideces, a pesar de lo mucho que se mató en la represión franquista y de la fortísima persecución cultural de la dictadura. Galicia, como casi todos los territorios, es un mundo mal comprendido desde fuera. Y ha entrado en un tiempo de profundos cambios. Obsesionarse con que sus elecciones son legibles en clave nacional conducirá a muchos errores. El PP, again, ha conseguido convencer a su base electoral conservadora de que lo gallego es un regionalismo sano, no un nacionalismo, pero esto tiene los días contados. Galicia apunta a un modelo vascogalaico, y eso supone abandonar el viejo paternalismo por mor del desarrollo y la pura ultramodernidad. O sea, más identidad.

La vergüenza se enseñorea en las izquierdas, fuera del BNG, que ha cosechado menos de lo merecido, pero al que le queda mucho por alcanzar su techo. El PSOE gestiona muy mal su imbricación territorial, y Sánchez lo sabe ─por aquí vendrán los cambios─. Hace falta pisar mucho asfalto y mucha tierra para aparecer confiable, para ser uno de los nuestros. En terrenos de fidelidades, la improvisación ─relativa, en este caso─ de un candidato que ejerce en Madrid como diputado, no habla a la región. Eso se paga, por encima de ninguna amnistía.

Lo que es de órdago es la debilidad de Sumar, que como todo proyecto sin base, hace agua por todos los lados, por más que le presupongamos un acierto en su idea de conjunción. En un tiempo de bloques ideológicos, Sumar o el Frente Amplio que debería ser, es absolutamente necesario en términos politológicos, pero, la verdad, apunta muy malas maneras. Con esta debilidad, la derecha solo tiene que sentarse a esperar.

Podemos está en los clamores. Han ido cavando tozudamente su tumba: con sus fútiles relaciones periféricas, que han alimentado el leftnationalism local volviéndose ellos innecesarios; con sus posmoderneces de lector recién llegado y mal digerido; con su cesarismo enervante, con su cainismo… Esperan a la circunscripción única de las europeas como agua de mayo para engañar a su muerte lenta. Pero con la Parca, ya se sabe, negociar es locura.



14/12/18

LA RESPONSABILIDAD DE LA IZQUIERDA ANTE LOS RESULTADOS DEL 2 DE DICIEMBRE

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

Mucho se ha dicho estos días sobre el resultado de las elecciones andaluzas con la irrupción parlamentaria de la extrema derecha. Y las reacciones de la izquierda han sido, cuando menos, desconcertantes. Mientras Susana Díaz, con aspecto de púgil sonado, miraba sin ver, sin creerse su pírrica ventaja, Pablo Iglesias jaleaba a sus huestes para que tomaran las calles ante la llegada de Vox… ¿Qué ha sucedido en torno al 2 de diciembre?
El primer eslabón del relato interpretativo postelectoral arranca de las declaraciones hechas por los principales líderes políticos la propia noche de marras. Las apariciones exultantes de los líderes de las derechas aclaraban los ejes de su victoria: había ganado el voto anti-Puigdemont, por España y, por último, anti-Susana.
Desde luego, el éxito de Vox se puede considerar cualquier cosa menos una sorpresa. Hacía meses que Casado y Rivera competían en la fagocitación del discurso ultra. Las tendencias y resultados electorales europeos y mundiales no dejaban mucho espacio a la duda. Al final, la máxima de que es mejor el original que la copia, volvió a cumplirse.


En general, la derecha ha construido sus cifras sobre la emoción y la visceralidad. Los tres partidos esgrimen hoy votantes satisfechos, con un apreciable reconocimiento en lo que representa cada sigla. Es una ideologización de mínimos operando sobre convenciones y tradicionalismos que, en última instancia, apela a lo inflamable y las grandes palabras. No nos engañemos mucho con esto, en este país la lectura de programas electorales jamás ha sido deporte de masas.
Vox ha culminado la clarificación de los espacios electorales. Ya no hay criptovotantes del PP —aquellos que votaron por lo bajini a Rajoy en 2011, sin demasiado afán— ahora topamos con la identificación orgullosa y pública de quienes se reconocen en cada una de las siglas. Esto es, que votan con el corazón. Adviértase que las derechas, particularmente C’s y Vox, aún no han asentado sus suelos electorales.
Quien mejor lo ha entendido es San Josemaría Aznar, reclamando la paternidad de los tres bloques conservadores —no en vano construyó su ascenso al gobierno con un PP que incluía a todo el espectro de la derecha—. Ahora, el expresidente pretende aupar FAES a un Olimpo convergente: la pretendida casa común de la derecha. Este hombre siempre ha tenido alma de gurú.
¿Cómo será la evolución del voto conservador a nivel nacional? Plausiblemente, el PP se mantendrá como una opción en desmantelamiento —como la CDU/CSU alemana—, apoyado en una sociología envejecida y leal, con mentalidad cetácea —se ven mayores de lo que en realidad son—, sin asumir por completo su ralentización. Sus intentos de ampliar el voto seguirán yendo en dirección al caladero de Vox. Y se equivocarán.
Ciudadanos seguirá creciendo, en parte sobre el votante urbano y más tecnológico que en otro tiempo oscilaba entre el PP y UPYD, y que ahora también bebe del desengaño de la socialdemocracia. Se ve a sí mismo como una derecha moderna, liberal, cosmopolita, que mantiene en alto las expectativas aspiracionales de la clase media. Su discurso nacionalista es compartido con las otras formaciones conservadoras, si bien la parte de electorado más exaltada y combativa que había arrancado al PP, la ha perdido en favor de Vox, con lo que la posibilidad del sorpasso se diluye.
Vox, como sabemos, crece sobre un sector masculinizado, de mediana edad, vapuleado emocionalmente por una modernidad frustrante en las referencias y el sostén de sus principios identitarios. Es el auge del hartazgo y la más evidente crítica a las amenazas de la diversidad. Uno de los principales impulsores de Vox está en la Iglesia católica, tanto desde sus sectores semiindependientes más rancios —Opus, Kikos, Hazte oír, etc.—, como desde las máximas estructuras institucionales con sus proclamas contra el matrimonio homosexual, la ideología de género, el aborto y el feminismo. Este refrendo religioso facilita desprenderse de las constricciones de lo políticamente correcto y mostrarse públicamente orgullosos de su militancia.



Y luego está Cataluña. ¡Los españoles estamos hartos de la deriva independentista de una parte de Cataluña y su matraca permanente de irredentismo!  La posibilidad de expresar esto en las urnas ha condicionado enormemente la dirección del voto. Que no se haya previsto el peso de este hartazgo en el mundo de la izquierda es de una ceguera preocupante en lo que supone de desconexión emocional con las bases.
A pesar de los intentos de Marx, Engels y Lenin de definir a los obreros como apátridas ajenos al discurso nacionalista de la burguesía —la principal herramienta emocional para acabar con la lucha de clases—, la realidad social humana se basa en la pertenencia y el reconocimiento. A la propia internacional socialista no le quedó otra que organizarse sobre la base de las nacionalidades... No se puede pretender que los votantes de izquierda no reaccionen al impulso nacionalista. Esta es una idea absurda en el marco de los estados-nacionales, con un permanente traslado a la población de la simbología nacional y sometidos a los potentes refuerzos emocionales del deporte de masas. Pretender, como hace Pablo Iglesias, que el pensamiento de la clase trabajadora es, simplemente, primario, es todo un error. Y un insulto. Llegar a fin de mes es una prioridad, evidentemente. Que sea la única preocupación, y no les afecten cuestiones sublimes o elevadas, caso de la identidad nacional, ¡por favor!
Las elecciones andaluzas eran el espacio perfecto para visibilizar este hartazgo con Cataluña. Y sus frutos más evidentes los han recogido las derechas, particularmente Vox y C’s. El PP se ve lastrado por su acendrada irresponsabilidad —primero, como agitador contra el Estatut, provocando el despertar del monstruo; posteriormente por la inoperancia política de los gobiernos de Mariano Rajoy—. Las campañas de las banderas han dado cierto consuelo a los suyos, pero no han afianzado el voto más visceral que le ha abandonado en pos de mayor visibilidad de la defensa activa de la idea de España —C’s—, o de mayor combatividad —Vox—. La participación de los líderes nacionales ha reforzado esto, particularmente para C’s con la presencia luciferina de Rivera y, sobre todo, de la gran figura del españolismo en Cataluña: Inés Arrimadas, —lo que de paso resolvía para el electorado el problema de la anodina personalidad de Juan Marín—.
Para el PSOE esta cuestión ha sido la puntilla rematadora del cansancio general sobre su permanencia en el poder. El mayor problema del PSOE andaluz es el propio PSOE andaluz. Las muchas razones históricas que ayudan a entender la permanencia del partido socialista en las instituciones andaluzas se ven lastrada por el inevitable clientelismo que ha generado décadas de gobierno, el desgaste de la corrupción y la patrimonialización del partido y de la autonomía que ha hecho Susana Díaz, particularmente acentuado tras ser derrotada en las primarias del PSOE nacional.
La alta abstención — superior al 41%— también tiene algo que ver con Cataluña, mezclada con los problemas del propio PSOE andaluz.
La distancia entre Susana Díaz y Pedro Sánchez ha afectado a la traslación al gobierno de Andalucía de los efectos euforizantes de la moción de censura de junio. El impulso del gobierno bonito de Pedro Sánchez parece no haber cruzado Despeñaperros. Pareciera que entre los desencantados votantes socialistas andaluces han calado las críticas de la oposición a Sánchez sobre los auténticos motivos de su acercamiento al independentismo catalán —que no sería para resolver el problema de Cataluña sino por puro afán de sostenerse en el poder a toda costa—.  Para el cansancio de tanto PSOE en el sur, tales ataques tienen una lectura local particular que ha reforzado la tendencia a la abstención inesperada de votantes socialistas. (La insistencia de las encuestas en el triunfo de Susana también ha facilitado que los menos entusiastas con este continuismo y con una candidata que ha encarnado lo peor del pragmatismo y la desideologización —defenestración de Pedro Sánchez facilitando el gobierno de Rajoy—, se quedaran en casa).



De lo que no cabe duda es de que la importantísima abstención —¡2,6 millones de posibles votantes!— representa el gran fracaso de la izquierda. Ella —tanto el PSOE, como Ahora Andalucía— es la destinataria de este no-voto de protesta que rechaza el continuismo, pero que tampoco se ven reconocidos en ninguna otra opción. Notables son los casos de Cádiz y Huelva, las provincias con mayor abstención de la región y en ambos casos con tasas de paro que superan el 25% de la población activa.
No se debe olvidar sumar el voto de indignación absoluta —el nulo—, que se ha duplicado con respecto a las anteriores elecciones —de 41.000 a 81.000; en el caso de Granada triplicado: de 4.500 a 13.700—. Y el particular fenómeno fuera de órbita de PACMA, rayando ya los 70.000 votos.
El caso de Podemos/IU —Adelante Andalucía— muestra el desnortamiento en el que anda su dirección, tanto la andaluza como la nacional. Podemos ha entrado en una deriva de enroques en torno al intento de fidelización de electorados diversos que no conforman una identidad común, lo que deviene en asunto imposible. No se trata ya de las familias internas —pablistas, errejonistas y anticapitalistas, que, evidentemente, cada una tiene sus percepciones y lealtades— sino de la fragmentación de los interlocutores. El discurso de Pablo Iglesias durante la noche electoral era la evidencia más penosa de esto. Decididos a presentarse como superadores de la identidad nacional —a pesar de sus contradictorias reivindicaciones de patriotismo privándolas de las necesarias gotas de simbolismo—, Iglesias se dirige a una suma de colectivos que en un número importante se configuran bajo el formato posmoderno de la hiperidentidad basada en un fragmento de su realidad personal y social. Sería el caso de la exaltación de las identidades sexuales por encima de las personales, de la causa del feminismo como identidad particularizada, así como otros movimientos —el de los jubilados, el memorialismo, afectados por la hipoteca, etc.—. Con ello, Iglesias define una simplificación de la realidad por la vía de parcelarla. El ciudadano-votante ya no se percibe como ser complejo en su personalidad y compromisos. Esto es, se aboca a quien se siente de izquierdas —concernido por los derechos colectivos, la justicia social y la solidaridad— a la orfandad si no puede autoaplicarse una etiqueta posmo. Tanto debate sobre los significantes ha privado de significado.
El cálculo electoral de Podemos se topa con la distancia creciente experimentada por quienes demandan izquierda frente al pragmatismo descafeinado del PSOE —a pesar de la refundación de Sánchez—. Y ahí se evidencia por qué decrece Podemos y por qué Izquierda Unida suma siglas pero no votos al proyecto de Unidos Podemos. El discurso de compromiso abierto y general que sostenía históricamente Izquierda Unida ha perdido a sus bases, que no se ven reconocidas en el discurso podemita. La descomposición permanente de la realidad que hace Iglesias adquiere el valor de un lenguaje entre huero y sectario para el olvidado votante de izquierdas clásico.
También a Podemos le ha pasado factura el tema catalán. Las maniobras hipercalculadas en torno a la insoportable ambigüedad de Ada Colau, van alejando a los votantes españoles que no comparten ni el análisis ni las formas de los independentistas catalanes. La ingeniería electoral que hace de las circunscripciones catalanas el granero más ansiado de votos ha llevado a Podemos a esta anfibología permanente. Y hubiera hecho mejor Iglesias en escuchar las advertencias de Carolina Bescansa que en perseverar con su aproximación al independentismo. ¿De qué sirve recoger pequeñas miserias de un campo tan definido y estanco como es el catalán, si eso implica la desafección en el resto de España? El conjunto de la izquierda ha perdido en estas elecciones andaluzas 684.445 votantes, mientras las derechas han ganado 350.883.


No deja de sorprenderme la irresponsable declaración de “alerta antifascista” lanzada por Pablo Iglesias durante la noche electoral, en lo que resulta un acto de desesperación y de no asunción de sus responsabilidades —las suyas y las de Teresa Rodríguez— por su fracaso con la pérdida de 282.519 votos directos. Pedir a los jóvenes que se manifiesten permanentemente contra Vox es un acto de irrespeto democrático, de exaltación del radicalismo y depreciación de las instituciones. De hecho, Vox habría obtenido menos escaños si la izquierda hubiera hecho sus deberes alcanzando un mayor número de votos y dejando a la Ley d’Hondt hacer el resto. A la ultraderecha no se la vence con manifestaciones que acaban en quemas de contenedores, radicalizando posturas y alejando al elector que rechaza la violencia de los extremismos. Si la parte de indignación y hartazgo que se esconde tras una parte de los votantes de formaciones antisistema no recibe contraofertas sensatas, comprometidas y convincentes, de nada sirve salir a la calle. Por otro lado, que el radicalismo entre en las instituciones suele conllevar su atemperación, evidencia sus incongruencias y se ve obligado a abandonar las gratuitas soflamas de los mítines para encarar la realidad y la crudeza gris de manejar presupuestos con los que responder a las necesidades de la población. Sacar las huestes a las calles refuerza la percepción de lucha, de enfrentamiento y solo sirve para robustecer el discurso victimista de la ultraderecha.
Por último, las autonómicas andaluzas han coincidido, lamentablemente, con la irrupción de protestas sociales y profesionales en Cataluña fruto del desastre político en que está la región por los recortes impuestos por Artur Mas y sus continuadores. Esta bofetada de realidad a la ficción independentista ha pasado un tanto inadvertida por los resultados de las elecciones andaluzas —y así lo han hecho notar tanto Puigdemont como Torra interesadamente—. Así que, vuelta burra al trigo.
No hay elección pequeña ni asunto ajeno. En unas municipales llegó la II República, pero en aquel entonces pilló a todo el mundo con los deberes hechos…

4/10/17

CUANTO PEOR...

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 04/10/2017. Contraportada.

Estoy en contra de las banderas en las ventanas. El irredentismo nos lleva a un cierto histerismo colectivo. No se blanden las banderas con un sentido integrador, se está haciendo como marcaje de la tribu, como señal de reconocimiento frente a otros.
El gobierno del PP está llevando el conflicto catalán por la peor vía posible y con escaso sentido de Estado. En primer lugar, porque no está defendiendo ninguna idea de España válida e integradora, sino una versión propia, patrimonializada, buscando réditos electoralistas, principalmente contra C’s —la lucha por el centro derecha—. El precedente de esta actitud está en la consulta del 9-N de 2014, en la que no trataron de impedir por vía policial la igualmente ilegal —y por tranquila, intrascendente— consulta. El resultado de las elecciones autonómicas del 2015 en Cataluña fue que el PP pasó de tener 19 diputados (2012) a 11. Ciudadanos, que se bregó denodadamente contra la consulta cosechó un espectacular aumento: de 9 diputados (2012) subió hasta 25 convirtiéndose en la primera fuerza de la oposición.
El Gobierno ha jugado al doble juego de la firmeza y la falta de culpa. La ausencia de imparcialidad e independencia del Tribunal Constitucional —¡qué decir de la Fiscalía general!— han servido al gobierno de Rajoy para que las decisiones no parecieran ser políticas sino jurídicas. El bochornoso espectáculo de las cargas policiales del domingo, nos dicen, responde a decisión judicial al haber declarado el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ilegal el referéndum. ¿Ordenó el tribunal vaciar toda España de policías y guardias civiles para que se trasladaran a Cataluña? ¿Paga el TSJC los barcos y hoteles que los alojan?
En el amplio espectro de mentiras y manipulaciones servidas por el Govern y el Gobierno, hay una diferencia sobre la que va a pivotar toda posible solución. Ambas partes jalean a los propios en pos de un enfrentamiento de intereses. El PP llama a la indignación, a la insolidaridad con la diferencia, al viejo centralismo. El Govern, con su manipulación terminológica —qué es, verdaderamente, libertad, democracia o votar—, ofrece una realidad alterada lisérgicamente que provoca excitación, entusiasmo, la sensación de protagonizar la historia… Contra eso, las porras de la policía no hacen sino reforzar tal ambiente.
Unos ofrecen amargura hortelana y otros un paraíso en la tierra. Los demás no nos podemos quedar de brazos cruzados.


20/9/17

HURACÁN

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA.
DIARIO DE BURGOS. 20/09/2017. Contraportada.

 He de reconocer que, como a millones de españoles, estoy del tema catalán hasta las gónadas. Pongo la radio y me largan la última intervención de la guardia civil confiscando papeletas o carteles; me asomo a la televisión y veo a Puigdemont o Junqueras dándose un baño de masas; abro un periódico y todo son frases altisonantes y disparatadas. Lo invade todo: portadas, tertulias, editoriales, columnas…
Sí, el asunto es grave. El anunciado choque de trenes ya está aquí. Avanza con parecida angustia a la que viven en el Caribe la llegada de cada huracán: se mide la velocidad de sus vientos, el posible itinerario destructor, mientras acopian agua, velas y aseguran ventanas y tejados… Pero aquello es un fenómeno atmosférico incontrolable y lo que tenemos aquí es fruto de la sinrazón intolerante, de los intereses espurios de cada parte.
La población no militante en el paroxismo asistimos al espectáculo de la pantomima del Govern catalán tratando de mostrarse víctima de un Estado totalitario que estaría matando la democracia que solo ellos dicen encarnar… No menos trágico resulta ver al inmovilista Gobierno del PP listo para envolverse también en la bandera y acabar con cualquier atisbo de pensamiento y razón a través de la asfixia financiera y un farisaico amor por la Ley. Ambas partes claman el “o conmigo, o contra mí”, exigen lealtades o, como dicen en la jerga política, que cada partido político se retrate, tal cual ha buscado con poco éxito Ciudadanos en el Congreso.
Como profesor universitario he recibido una solicitud de apoyo a un manifiesto que declara unilateralmente culpables a los independentistas, exige firmeza al gobierno y define como buen español al que apoye las decisiones que ha de tomar el gabinete presidencial. Y no, esa no puede ser la vía de la razón. Es indudable que a los independentistas se les ha servido el oprobio cuando el PP recurrió la reforma del Estatut, y que la posterior crisis económica ha sido el marco perfecto para esta escenificación en la que los dos partidos más corruptos del país se enfrentaran impasibles en su ademán. Tiene que haber otra forma de ser españoles, terceras vías que apuesten por el diálogo y el encuentro. Desacreditar esto y apostar por el huracán… será de machotes, a mí no me provoca más que hartazgo y tristeza.