28/4/26

IDIOTIZACIÓN NACIONAL

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 28/04/2026. Página 5. 

 Mareado, Tonchu, necesita apoyarse en el pretil del río. Tres mujeres que, chiqui-chaca, no paran de hablar mientras caminan a buen paso, le adelantan. Respira con cierta fatiga. Levanta la cabeza e inhala con fuerza mientras contempla el agua y los chopos.

El vértigo sobrevenido le ha dejado inerte. La sensación de caer por un oscuro vacío, de estar ante la nada, no acaba de irse. Maldita sea, se dice. Pasa lentamente la mano por la frente sudorosa mientras su mirada se pierde ahora sin fijeza alguna. De un plumazo, su vida parece una farsa. Todas las viejas seguridades, los sólidos suelos de sus militancias y credos vueltos escombrera. Maldita sea.

Jubilado de banca, Tonchu dedica el tiempo conquistado a cubrir las muchas lagunas de conocimiento que sabe tiene. Abandonó los estudios cuando hizo las pruebas para entrar en la Caja. Años de ventanilla y libretas, de reuniones y traslados por la provincia, de zozobras y rumores de cierres, de despidos, absorciones −¿succiones, abducciones?− hasta que la directora de People & Talent Department −así son las cosas ahora−, le informó que formaba parte de la lista de próximos liquidables. Llegó la edad de su iluminación. Retomaría aquella carrera que dejó colgada, ahora rebautizada como Historia y Patrimonio.

Tonchu es un estudiante aplicado. Acude a clase, toma apuntes y lee, lee mucho. Tras un primer año de inseguridades y cierto estrés, las cosas van encajando. La Historia, confirma, es un edificio complejo, lleno de matices, datos y entreverados, de diversidad de gentes. Nada que ver con la falseada versión escolar de su juventud e infancia, en la dictadura. Pero el saber se ha vuelto exigente, incomodador. Por de pronto, los despreciados moros andalusíes resultaron la sociedad más refinada y culta de Europa; las rotundidades sobre la existencia milenaria de España se vuelven humo, como gran parte de las gestas imperiales; en América se dio estopa, se expolió y aniquiló hasta decir basta; sin la emigración no hay crecimiento ni desarrollo posible…

Ahora que sabe, el vértigo es mayor. Ignorante estaba más tranquilo, se dice. Casi no asoma al bar de la esquina: las barbaridades que se vociferan se le hacen insoportables. Sin embargo, no se arrepiente. Consciente de la conquista que ha sido para la humanidad la Democracia, mira incrédulo a su alrededor al oír el despropósito de la prioridad nacional. Una canallada de odiadores incultos, afirma. Una descomunal estupidez.



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