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14/5/24

PUES SÍ, LA AMNISTÍA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 13/05/2024. Página 5. 

Después de tanta sobredosis de máquina del fango, ver a Salvador Illa ganar las elecciones con serenidad de James Stewart, no solo conforta, es que a uno le alegra el alma. Necesitamos ese trato de confianza en el votante, en la capacidad de reflexión del ciudadano, hartos ya de ser jaleados como mulas cascabeleras. Cataluña es espacio complejo al que las muchas ignorancias y agitaciones complican permanentemente su gestión.

Los resultados electorales no son concluyentes, pero de lo constatado hay noticias con las que todo periódico que se precie debería haber abierto a cinco columnas, como: el independentismo derrotado en las urnas. Y, ocupando la mitad inferior de la portada, otro titular de igual tamaño: el presidente Sánchez tenía razón.

La política en democracia es un arte de mediaciones y gestión para la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos. Un servicio de resolución de conflictos y desigualdades, de promoción de la justicia… El buen político construye sobre estas bases en tiempos de bonanza para su proyecto, y ajusta cuanto puede a tales principios lo que llega por la vía de la necesidad o la imposición externa. Hacer política no es meramente desear, hay que tener la valentía de saber ver en la concesión, en la generosidad, incluso en la incomodidad de aceptar posturas ajenas rayanas en la indecencia, oportunidades para el encuentro, la desinflamación, la rotura de diques de agravios… El presidente del Gobierno tuvo el sapo de tener que negociar con Puigdemont su investidura ─incomodidad que le agradecemos todos los que no queremos un gobierno neoliberal en lo económico y ultraderechista en lo cultural y social─, y vio en la carencia una oportunidad para acercar Cataluña al ser común de España. Esta decisión ingrata, la de la amnistía, como en su momento la de los indultos, se ha revelado la mejor forma de coser España, frente a lo que dice el grupúsculo de energúmenos fascistoides y desinformados que acosan cada tarde la sede del PSOE injustificadamente.

Se puede vivir del odio o hacer política para los ciudadanos. Nada hay más parecido que el sionismo exaltado de Junts y el del PP-Ayusismo, dos perfectas máquinas de retroalimentación procesista a través del rencor y la deslealtad, con idénticas estrategias de desbordante clasismo y con sendos aliados ultras xenófobos.

     Veremos qué pasa con el  Govern,  pero la  apuesta de la victoria está clara: política para la convivencia y la mejora de la ciudadanía. 





15/11/17

CATALUÑA Y LAS EMOCIONES

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 15/11/2017.  Contraportada.

A los españoles de a pie, al pobrecito castellano que trabaja y paga sus impuestos descorazonadamente viendo la despoblación y sequía de sus campos, le sobrevienen un hipido interior que le encorajina cuando oye hablar del maltrato a Cataluña. Mira a su alrededor y contempla las ruinas de tanta promesa y agravio histórico, de cómo han esquilmado su vida y los sueños de sus nietos… Y se enciende.
A quienes llevan décadas luchando contra viento y marea por sacar a sus muertos de las cunetas, reclamando la dignidad robada por la dictadura; para los represaliados y torturados en las cárceles y comisarías del franquismo, escuchar las acusaciones de falta de libertad y represión hoy en Cataluña, es una ofensa, una burla a su experiencia.
Escuchar las grandilocuentes declaraciones de grupos de izquierda catalana sobre su internacionalismo y gran solidaridad con los pueblos del mundo, pero despreciando con sus actitudes a los andaluces o extremeños o gallegos… porque —dicen—, reciben parte de sus impuestos, es indignante.
Jugar permanentemente al lenguaje de la doblez, decir que no se es independentista, que las culpas son tanto del Gobierno como de la Generalitat pero solo participando en manifestaciones de apoyo a independentistas y políticos presos… Agota y descorazona.
Ahora que nos vamos enterando de que todo lo de la independencia era una broma sin efectos jurídicos, sin preparación real, con urnas pagadas del bolsillo de las marquesas amigas como si se tratara de un rastrillo… la cosa no mejora. Lo de Cataluña es tan triste como penoso. Hemos de tender puentes, acercarnos y, desde luego, tratar de deshacer tanta manipulación e irresponsabilidad. (Ahora, ¡a ver quién desinfla eso!). A la vez resulta tan bochornoso toparse con esos muros de victimismo, de supuestas incomprensiones… De su conocido provincianismo, Cataluña ha pasado a un tribalismo cerril que encima pretenden moderno. Querían ser nuevos europeos, dueños de frontera propia y discurso neerlandes… Del mitificado cosmopolitismo barcelonés no queda más que una pose de señoritos.
 Algunos aventuran que esto se arreglará con un buen acuerdo económico, recordemos, para la cuarta región más rica de España. La semana pasada, el Presidente de Extremadura, la comunidad autónoma con el PIB más bajo del país, daba una frase antológica “tener dos lenguas no significa tener dos bocas”. ¿Resultó insensible?



18/10/17

COSAS QUE NO CUELAN...

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
18/10/2017.

Resolver el problema catalán no va a ser fácil, como tampoco lo es mantener la serenidad y el juicio ante tanta manipulación informativa. El movimiento independentista viene marcando con maquiavélica inteligencia el ritmo desinformador con sus alucinantes videos y fake news, aprovechando cualquier oportunidad para deslizar las terribles condiciones de vida y represión incomparable que se sufren en Cataluña —ni Puigdemont se privó en su carta a Rajoy de aprovechar la palestra para deslizar el argumentario a lo Goebbels: miente, que…—. Si no fuera por el peligro que todo ello conlleva casi dan ganas de sonreír al ver sufrir al gobierno del PP con la misma moneda que ellos han aplicado a Venezuela… En fin.
El problema es que se está alcanzando el punto en que la polarización en las actitudes lleva camino de convertir a los partidarios en hordas, mientras da alas para la irrupción pública desvergonzada de la más fea ultraderecha.
Habrá que acercar posturas, imaginar, buscar salidas… pero no caer en la trampa de dos bloques, dos legitimidades, dos iguales. La trampa de la contraposición España vs. Cataluña se asienta, y la unilateral ruptura del marco legal democrático por parte de los independentistas no puede pasar por derecho histórico o libertad alcanzada. Existen límites, y legalidades.
Las trampas no pueden impedirnos ver el bosque, pero es importante conocerlas para hacer un diagnóstico y así poder partir de unas bases de resolución mínimas. Hay que poner un cordón léxico-sanitario sobre lo que se dice y aduce. No me cabe duda de que existe un lícito sentimiento identitario y un malestar que se expresa en la idea de la independencia como panacea, pero también dudo de la espontaneidad reciente del mismo y de su solidez. Como resulta preocupante la depreciación de la ley para la existencia de la democracia, la obsesión por los sujetos colectivos históricos frente a los derechos de los ciudadanos, etc. Lo que algunos llaman “procesos de construcción nacional-popular”, tienen mucho de manipulación, de defensa de intereses vinculados a ciertas élites u oligarquías, disfrazados de voluntad popular merced al uso abusivo de los medios de comunicación.

Defender la idea de una comunidad fraterna sigue siendo posible. No insulten nuestra inteligencia con acusaciones de ser franquistas represores, de cutres leyendas negras. De esa experiencia totalitaria sabemos tanto como el que más.

Imagen falsa y trucada. Hacia la construcción de una épica...

4/10/17

CUANTO PEOR...

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 04/10/2017. Contraportada.

Estoy en contra de las banderas en las ventanas. El irredentismo nos lleva a un cierto histerismo colectivo. No se blanden las banderas con un sentido integrador, se está haciendo como marcaje de la tribu, como señal de reconocimiento frente a otros.
El gobierno del PP está llevando el conflicto catalán por la peor vía posible y con escaso sentido de Estado. En primer lugar, porque no está defendiendo ninguna idea de España válida e integradora, sino una versión propia, patrimonializada, buscando réditos electoralistas, principalmente contra C’s —la lucha por el centro derecha—. El precedente de esta actitud está en la consulta del 9-N de 2014, en la que no trataron de impedir por vía policial la igualmente ilegal —y por tranquila, intrascendente— consulta. El resultado de las elecciones autonómicas del 2015 en Cataluña fue que el PP pasó de tener 19 diputados (2012) a 11. Ciudadanos, que se bregó denodadamente contra la consulta cosechó un espectacular aumento: de 9 diputados (2012) subió hasta 25 convirtiéndose en la primera fuerza de la oposición.
El Gobierno ha jugado al doble juego de la firmeza y la falta de culpa. La ausencia de imparcialidad e independencia del Tribunal Constitucional —¡qué decir de la Fiscalía general!— han servido al gobierno de Rajoy para que las decisiones no parecieran ser políticas sino jurídicas. El bochornoso espectáculo de las cargas policiales del domingo, nos dicen, responde a decisión judicial al haber declarado el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ilegal el referéndum. ¿Ordenó el tribunal vaciar toda España de policías y guardias civiles para que se trasladaran a Cataluña? ¿Paga el TSJC los barcos y hoteles que los alojan?
En el amplio espectro de mentiras y manipulaciones servidas por el Govern y el Gobierno, hay una diferencia sobre la que va a pivotar toda posible solución. Ambas partes jalean a los propios en pos de un enfrentamiento de intereses. El PP llama a la indignación, a la insolidaridad con la diferencia, al viejo centralismo. El Govern, con su manipulación terminológica —qué es, verdaderamente, libertad, democracia o votar—, ofrece una realidad alterada lisérgicamente que provoca excitación, entusiasmo, la sensación de protagonizar la historia… Contra eso, las porras de la policía no hacen sino reforzar tal ambiente.
Unos ofrecen amargura hortelana y otros un paraíso en la tierra. Los demás no nos podemos quedar de brazos cruzados.


20/9/17

HURACÁN

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA.
DIARIO DE BURGOS. 20/09/2017. Contraportada.

 He de reconocer que, como a millones de españoles, estoy del tema catalán hasta las gónadas. Pongo la radio y me largan la última intervención de la guardia civil confiscando papeletas o carteles; me asomo a la televisión y veo a Puigdemont o Junqueras dándose un baño de masas; abro un periódico y todo son frases altisonantes y disparatadas. Lo invade todo: portadas, tertulias, editoriales, columnas…
Sí, el asunto es grave. El anunciado choque de trenes ya está aquí. Avanza con parecida angustia a la que viven en el Caribe la llegada de cada huracán: se mide la velocidad de sus vientos, el posible itinerario destructor, mientras acopian agua, velas y aseguran ventanas y tejados… Pero aquello es un fenómeno atmosférico incontrolable y lo que tenemos aquí es fruto de la sinrazón intolerante, de los intereses espurios de cada parte.
La población no militante en el paroxismo asistimos al espectáculo de la pantomima del Govern catalán tratando de mostrarse víctima de un Estado totalitario que estaría matando la democracia que solo ellos dicen encarnar… No menos trágico resulta ver al inmovilista Gobierno del PP listo para envolverse también en la bandera y acabar con cualquier atisbo de pensamiento y razón a través de la asfixia financiera y un farisaico amor por la Ley. Ambas partes claman el “o conmigo, o contra mí”, exigen lealtades o, como dicen en la jerga política, que cada partido político se retrate, tal cual ha buscado con poco éxito Ciudadanos en el Congreso.
Como profesor universitario he recibido una solicitud de apoyo a un manifiesto que declara unilateralmente culpables a los independentistas, exige firmeza al gobierno y define como buen español al que apoye las decisiones que ha de tomar el gabinete presidencial. Y no, esa no puede ser la vía de la razón. Es indudable que a los independentistas se les ha servido el oprobio cuando el PP recurrió la reforma del Estatut, y que la posterior crisis económica ha sido el marco perfecto para esta escenificación en la que los dos partidos más corruptos del país se enfrentaran impasibles en su ademán. Tiene que haber otra forma de ser españoles, terceras vías que apuesten por el diálogo y el encuentro. Desacreditar esto y apostar por el huracán… será de machotes, a mí no me provoca más que hartazgo y tristeza.