DIARIO DE BURGOS. 21/07/2026. Página 5.
A veces cuesta
una vida conocerse, sentirse uno con la propia piel. Un órgano desmedido y dado
al desajuste complica las cosas. El proceso de autodescubrimiento es paradójico,
poco gobernable, incierto, amigo de símiles y metáforas, medio químico. Hay
quien se maldice vitalmente en un desgastador proceso de búsqueda esencialista,
insatisfactoria, imposible ―la búsqueda es condición, no puerto―.
Las sociedades
humanas participan de idéntica naturaleza: lábil, propensa al (auto)engaño, al
conflicto, a dar mayor peso a la emoción que a la deducción. Con tales mimbres,
la confusión está asegurada, máxime porque todo grupo demanda afirmación y
seguridad. ¿Qué somos? O, digámoslo ya, ¿en qué reside el ser de España?
La competición
mundialista ha visibilizado ruidos que ya estaban ahí, pero que han buscado
subirse a la dopamina colectiva. Decenas de memes y videítos han caracterizado
a los futbolistas como guerreros emulando pretendidas gestas pasadas, añagazas
enardecedoras para alentar el cierre e identificación del grupo, el ataque, la
agresividad festiva. ¿Pero cuál es el grupo? ¿Y grupo para qué? ¿Qué nos
identifica como sociedad? ¿Tipos luciendo morriones, picas y mosquetones?
El
fútbol-guerra practicado por la selección argentina enardece a sus naturales
con vitos a la masculinidad hostiadora, muerte al flojo ajeno, al bobo que
respeta las reglas. La victoria lo justifica todo. A Rajoy le gusta porque
encincha al equino nacional. Sin tonterías ni colorines. Pero el fútbol de
España ha sido otra cosa: pausa, contención, inteligencia, cooperación,
construcción, talento, generosidad… Equipo. Con pocos o ningún golpe de pecho. Ahora que todos acercan su sardina al ascua de
la victoria, que quieren apropiarse de la euforia, malmeter contra quienes no
piafan como ellos, cabría pensar que este modelo de selección se parece mucho a
lo que desde hace varias legislaturas asoma como voluntad popular: la suma de
diversidades, de solidaridades e integraciones, un discurso que acaba
aproximando a la gente sin presiones ni alharacas, sin exigencias banderiles.
Todos dentro, que diría el maestro Enric Juliana.
Qué suerte
tenemos con una selección tan reconocible de quienes somos, de quiénes formamos
España sin que sobre nadie, tan potente en su suma, en su riqueza, en sus
solidarias diferencias. (Que se jodan la homogeneidad y la himnocracia).

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