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29/9/26

HABITAR

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 29/09/2026. Página 5.  

El mundo, nuestras sociedades, se divide cada vez más entre los poseedores y los desposeídos. Es un problema viejo, viejísimo, estructural, siempre acuciante y a cuya resolución no debemos renunciar. Los propietarios vienen propugnando desde los arranques del liberalismo una suerte de trato rayano en el privilegio: sólo ellos ─varones, además─ podían votar en razón de su tenencia, y las leyes de las democracias entonces en ciernes, y las hoy ya cernidas, debían legislar para, por encima de todo, proteger la propiedad. Por fortuna, todo es perfectible, la democracia también. El desarrollo del mejor sistema de gobierno que la humanidad ha alcanzado ─por su combinación de la defensa del sujeto, pero también del colectivo; de las mayorías, pero también minorías, todo ello con una lógica aspiración a la equidad y sostenibilidad, a que todo el mundo alcance condiciones de vida dignas y poder vivir en sociedad ejerciendo los derechos básicos─, es la base fundamental de nuestra supervivencia. Hoy más que nunca.

También la propiedad es perfectible. No todo es propiedad privada, también la hay pública, compartida o colectiva. Es ridículo oír a agoreros interesados decir que hay maniobras antipropietariado, soflamas sobre supuestos comunismos de tipo soviético. Cualquiera mínimamente informado se da cuenta de que con un recurso de primera necesidad como es la vivienda, se han alcanzado unas cuotas de sobrevaloración escandalosas, indignantes. Un bien que la propia Constitución española recoge como derecho básico en su artículo 47, junto con el mandato de impedir la especulación.

Hay muchos culpables de la situación actual, algunos de bastante atrás, con pérdidas de políticas públicas o de viviendas sociales que existieron, las burbujas inmobiliarias responsables de corrupciones sin número, la entrada de los fondos buitres, la insumisión legislativa de quienes se niegan a aplicar la Ley de Vivienda… El diagnóstico lo conocemos, pero hay que reaccionar. Hay que hacer una apuesta democrática, positiva, que permita condiciones de vida dignas a nuestros jóvenes, a cualquier persona. Un espacio para vivir no puede ser un bien para la acaparamiento y especulación más soez. No se trata de expropiar a los pequeños propietarios, se trata de producir sociedades más justas y equilibradas, en las que la seguridad se produzca por atender a la dignidad y justicia en el vivir de todos, y no por poner alarmas o muchos más policías, por hacer guetos, por desahuciar y expulsar a nuestros propios hijos, trabajadores, conciudadanos.