18/12/19
17/12/19
13/12/19
THE CHANCELLOR, 1
EN LIBRERÍAS A PARTIR DEL 20 DE DICIEMBRE 2019. PVP 14,00 €
Compra de ejemplares: https://anaquel.eu/producto/the-chancellor/
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2/1/19
PRESENTACIÓN DE "LOS HETERODOXOS REUNIDOS. UN DISCURRIR CRÍTICO POR TIEMPOS DE CRISIS". ED. ATTICUS.
RODRIGO PÉREZ BARREDO. PERIODISTA.
Constituye moneda común
cuando se presenta un libro hablar sobre su idoneidad, sobre el oportuno
momento en el que éste llega a las librerías y a manos de los lectores. No
siempre es cierto, claro está, hay mucha mercadotecnia detrás de determinadas
afirmaciones. Pero se da la circunstancia, la feliz circunstancia, de que este
libro que presentamos hoy, esta obra de Ignacio Fernández de Mata, no sólo es
hoy pertinente. Diríamos que es incluso necesaria. No deja de resultar extraordinario
que una recopilación de artículos de opinión publicados en prensa a lo largo de
ocho años posean todavía ahora, además de una radical vigencia, virtudes que se
antojan el mejor equipaje para comprender y defenderse de las horas que nos
está tocando vivir. Los heterodoxos reunidos puede leerse como uno de
esos mapas de las novelas de aventuras cuya atinada interpretación lleva al
protagonista hasta el tesoro. Porque la lectura de este libro tiene mucho de
revelación, de esclarecimiento, de discernimiento. Perspicacia, inteligencia,
capacidad de análisis, espíritu crítico, agudeza, vehemencia, ironía y ninguna
equidistancia son algunos de los principales ingredientes que su autor utiliza
para poner el dedo en la llaga de la actualidad y de la realidad, para
explicarnos el porqué de tantas cosas que nos horrorizan o escandalizan, que
nos irritan o sublevan, que nos ofenden o entristecen.
En este libro, por ejemplo,
se dan las claves del éxito de Donald Trump mucho antes de que éste, para
sorpresa y estupefacción de una mayoría, llegara a la Casa Blanca. Sus páginas
están llenas de señales rojas que alertaban de la irrupción de la ultraderecha
patria y presagiaban con temor su auge rampante desde muy distintos ángulos,
léase el separatismo catalán, la negligente gestión de los gobiernos centrales
o la impune corrupción que ha carcomido los cimientos de la sociedad hasta
dejarnos asomados al borde del abismo. Cada uno de los textos de que se nutre
el libro es un oasis de reflexión, un fogonazo certero, una iluminación de
zonas de sombra, una guía utilísima, como decíamos antes, para ser conscientes
de la arena movediza que pisamos, para cerciorarnos de por dónde sopla viento.
Y, a la vez y con ello, ofrecernos bien abrigo y consuelo, bien un camino que
ayude a alejarnos de la encrucijada.
Para quienes amamos la
prensa escrita, para quienes somos conscientes de su necesidad e importancia,
los artículos de Fernández de Mata constituyen un fuerte en sí mismos: son
refugio, trinchera, altavoz, faro. Ahora que tanta mediocridad campa a sus
anchas, ahora que hay tantos púlpitos desde los que lanzar opiniones, encontrar
un espacio tan reconocible y tan fiable como Los heterodoxos es algo muy
valioso. Con añadidos que lo hacen aún más especial: hay algo profundamente
romántico en la manera en la que Fernández de Mata aborda sus columnas de
opinión, que nace del enorme respeto, y aun admiración, por el soporte que los
cobija; y que sigue y crece con una postura responsable y comprometida. No
escribe un chisgarabís al que le regalan un espacio que rellenar de cualquier
ocurrencia fatua y sin vuelo. Lo hace un hombre de cuerpo entero, un
intelectual de altura comprometido con su tiempo, comprometido con la sociedad,
especialmente con los preteridos, con los sufrientes, con los más desvalidos. Y
lo hace, además, con un estilo bien definido, habiendo hallado una voz y un
tono perfectamente reconocibles, que es algo bien complicado para un espacio
tan reducido como es una columna de prensa, máxime cuando se procede del mundo
académico. Hay más: Ignacio logra, sin renunciar a sus vastos conocimientos,
que su crítica inteligencia sea inteligible para todos. Esa es otra innegable
virtud: no está subido en una peana, no está aupado en un pedestal. Escribe
como respira para que lo entienda todo el mundo.
Quisiera dejar también aquí
anotada otra virtud más de los escritos que Ignacio Fernández de Mata regala a
la estampa: la desnudez, la profunda verdad, la radical honestidad que destilan
todos ellos. Para quienes gozamos del privilegio de su amistad, sabemos que él
es cada una de las columnas que escribe. De la misma forma que en poesía no se
puede mentir, y que es perfectamente detectable si se hace, en Los
heterodoxos no hay poses ni postureos, está lo que su autor siente y es, lo
que su intelecto ha rumiado obsesivamente hasta la destilación final sin medias
tintas, sin ambigüedades, con meridiana claridad, a veces temerariamente,
siempre con una contundente sinceridad. Y si algo retratan sus textos, más allá
de ese episodio concreto de la actualidad política, más allá del análisis
certero de tal o cual asunto, es a él mismo. Al intelectual, al profesor, al
ciudadano implicado, pero también al hombre, al hijo, al marido, al amigo, al
padre que es Ignacio Fernández de Mata. Al hombre fieramente humano que sabe
ser un látigo para quienes amargan nuestra ventura, pero también el ser tierno
que se conmueve ante el dolor, ante la injusticia, que se reconoce desvalido y
desnortado frente a la orfandad, que se esperanza con el alborozo de un niño
ante un avance social, que confiesa una tristeza o pide perdón. Creo que
debemos celebrar que la editorial Atticus haya tenido a bien reunir a estos Heterodoxos
y creo llegado el momento de que sea su autor quien tome la palabra. Gracias.
Rodrigo Pérez Barredo. Burgos, diciembre de 2018.
14/12/18
LA RESPONSABILIDAD DE LA IZQUIERDA ANTE LOS RESULTADOS DEL 2 DE DICIEMBRE
IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
Mucho se ha dicho estos días sobre el resultado de
las elecciones andaluzas con la irrupción parlamentaria de la extrema derecha. Y
las reacciones de la izquierda han sido, cuando menos, desconcertantes. Mientras
Susana Díaz, con aspecto de púgil sonado, miraba sin ver, sin creerse su
pírrica ventaja, Pablo Iglesias jaleaba a sus huestes para que tomaran las calles
ante la llegada de Vox… ¿Qué ha sucedido en torno al 2 de diciembre?
El primer eslabón del relato interpretativo
postelectoral arranca de las declaraciones hechas por los principales líderes
políticos la propia noche de marras. Las apariciones exultantes de los líderes
de las derechas aclaraban los ejes de su victoria: había ganado el voto anti-Puigdemont,
por España y, por último,
anti-Susana.
Desde luego, el éxito de Vox se puede considerar
cualquier cosa menos una sorpresa. Hacía meses que Casado y Rivera competían en
la fagocitación del discurso ultra. Las tendencias y resultados electorales
europeos y mundiales no dejaban mucho espacio a la duda. Al final, la máxima de
que es mejor el original que la copia, volvió a cumplirse.
Vox ha culminado la clarificación de los espacios
electorales. Ya no hay criptovotantes del PP —aquellos que votaron por lo
bajini a Rajoy en 2011, sin demasiado afán— ahora topamos con la identificación
orgullosa y pública de quienes se reconocen en cada una de las siglas. Esto es,
que votan con el corazón. Adviértase que
las derechas, particularmente C’s y Vox, aún no han asentado sus suelos
electorales.
Quien mejor lo ha entendido es San Josemaría
Aznar, reclamando la paternidad de los tres bloques conservadores —no en vano construyó
su ascenso al gobierno con un PP que incluía a todo el espectro de la derecha—.
Ahora, el expresidente pretende aupar FAES a un Olimpo convergente: la
pretendida casa común de la derecha. Este hombre siempre ha tenido alma de
gurú.
¿Cómo será la evolución del voto conservador a
nivel nacional? Plausiblemente, el PP se mantendrá como una opción en
desmantelamiento —como la CDU/CSU alemana—, apoyado en una sociología
envejecida y leal, con mentalidad cetácea —se ven mayores de lo que en realidad
son—, sin asumir por completo su ralentización. Sus intentos de ampliar el voto
seguirán yendo en dirección al caladero de Vox. Y se equivocarán.
Ciudadanos seguirá creciendo, en parte sobre el
votante urbano y más tecnológico que en otro tiempo oscilaba entre el PP y
UPYD, y que ahora también bebe del desengaño de la socialdemocracia. Se ve a sí
mismo como una derecha moderna, liberal, cosmopolita, que mantiene en alto las
expectativas aspiracionales de la clase media. Su discurso nacionalista es
compartido con las otras formaciones conservadoras, si bien la parte de
electorado más exaltada y combativa que había arrancado al PP, la ha perdido en
favor de Vox, con lo que la posibilidad del sorpasso
se diluye.
Vox, como sabemos, crece sobre un sector
masculinizado, de mediana edad, vapuleado emocionalmente por una modernidad
frustrante en las referencias y el sostén de sus principios identitarios. Es el
auge del hartazgo y la más evidente crítica a las amenazas de la diversidad. Uno
de los principales impulsores de Vox está en la Iglesia católica, tanto desde
sus sectores semiindependientes más rancios —Opus, Kikos, Hazte oír, etc.—,
como desde las máximas estructuras institucionales con sus proclamas contra el
matrimonio homosexual, la ideología de género, el aborto y el feminismo. Este
refrendo religioso facilita desprenderse de las constricciones de lo
políticamente correcto y mostrarse públicamente orgullosos de su militancia.
Y luego está Cataluña. ¡Los españoles estamos
hartos de la deriva independentista de una parte de Cataluña y su matraca
permanente de irredentismo! La
posibilidad de expresar esto en las urnas ha condicionado enormemente la
dirección del voto. Que no se haya previsto el peso de este hartazgo en el
mundo de la izquierda es de una ceguera preocupante en lo que supone de
desconexión emocional con las bases.
A pesar de los intentos de Marx, Engels y Lenin de
definir a los obreros como apátridas ajenos al discurso nacionalista de la
burguesía —la principal herramienta emocional para acabar con la lucha de
clases—, la realidad social humana se basa en la pertenencia y el
reconocimiento. A la propia internacional socialista no le quedó otra que
organizarse sobre la base de las nacionalidades... No se puede pretender que
los votantes de izquierda no reaccionen al impulso nacionalista. Esta es una
idea absurda en el marco de los estados-nacionales, con un permanente traslado
a la población de la simbología nacional y sometidos a los potentes refuerzos
emocionales del deporte de masas. Pretender, como hace Pablo Iglesias, que el
pensamiento de la clase trabajadora es, simplemente, primario, es todo un
error. Y un insulto. Llegar a fin de mes es una prioridad, evidentemente. Que
sea la única preocupación, y no les
afecten cuestiones sublimes o
elevadas, caso de la identidad nacional, ¡por favor!
Las elecciones andaluzas eran el espacio perfecto
para visibilizar este hartazgo con Cataluña. Y sus frutos más evidentes los han
recogido las derechas, particularmente Vox y C’s. El PP se ve lastrado por su
acendrada irresponsabilidad —primero, como agitador contra el Estatut,
provocando el despertar del monstruo; posteriormente por la inoperancia
política de los gobiernos de Mariano Rajoy—. Las campañas de las banderas han
dado cierto consuelo a los suyos, pero no han afianzado el voto más visceral
que le ha abandonado en pos de mayor visibilidad de la defensa activa de la
idea de España —C’s—, o de mayor combatividad —Vox—. La participación de los
líderes nacionales ha reforzado esto, particularmente para C’s con la presencia
luciferina de Rivera y, sobre todo, de la gran figura del españolismo en
Cataluña: Inés Arrimadas, —lo que de paso resolvía para el electorado el
problema de la anodina personalidad de Juan Marín—.
Para el PSOE esta cuestión ha sido la puntilla rematadora
del cansancio general sobre su permanencia en el poder. El mayor problema del
PSOE andaluz es el propio PSOE andaluz. Las muchas razones históricas que
ayudan a entender la permanencia del partido socialista en las instituciones
andaluzas se ven lastrada por el inevitable clientelismo que ha generado
décadas de gobierno, el desgaste de la corrupción y la patrimonialización del
partido y de la autonomía que ha hecho Susana Díaz, particularmente acentuado
tras ser derrotada en las primarias del PSOE nacional.
La alta abstención — superior al 41%— también
tiene algo que ver con Cataluña, mezclada con los problemas del propio PSOE
andaluz.
La distancia entre Susana Díaz y Pedro Sánchez ha
afectado a la traslación al gobierno de Andalucía de los efectos euforizantes
de la moción de censura de junio. El impulso del gobierno bonito de Pedro Sánchez parece no haber cruzado Despeñaperros.
Pareciera que entre los desencantados votantes socialistas andaluces han calado
las críticas de la oposición a Sánchez sobre los auténticos motivos de su
acercamiento al independentismo catalán —que no sería para resolver el problema
de Cataluña sino por puro afán de
sostenerse en el poder a toda costa—. Para el cansancio de tanto PSOE en el sur,
tales ataques tienen una lectura local particular que ha reforzado la tendencia
a la abstención inesperada de
votantes socialistas. (La insistencia de las encuestas en el triunfo de Susana también
ha facilitado que los menos entusiastas con este continuismo y con una
candidata que ha encarnado lo peor del pragmatismo y la desideologización
—defenestración de Pedro Sánchez facilitando el gobierno de Rajoy—, se quedaran
en casa).
De lo que no cabe duda es de que la importantísima
abstención —¡2,6 millones de posibles votantes!— representa el gran fracaso de
la izquierda. Ella —tanto el PSOE, como Ahora Andalucía— es la destinataria de
este no-voto de protesta que rechaza el continuismo, pero que tampoco se ven
reconocidos en ninguna otra opción. Notables son los casos de Cádiz y Huelva,
las provincias con mayor abstención de la región y en ambos casos con tasas de
paro que superan el 25% de la población activa.
No se debe olvidar sumar el voto de indignación
absoluta —el nulo—, que se ha duplicado con respecto a las anteriores elecciones
—de 41.000 a 81.000; en el caso de Granada triplicado: de 4.500 a 13.700—. Y el
particular fenómeno fuera de órbita de PACMA, rayando ya los 70.000 votos.
El caso de Podemos/IU —Adelante Andalucía— muestra
el desnortamiento en el que anda su dirección, tanto la andaluza como la
nacional. Podemos ha entrado en una deriva de enroques en torno al intento de
fidelización de electorados diversos que no conforman una identidad común, lo
que deviene en asunto imposible. No se trata ya de las familias internas —pablistas, errejonistas y anticapitalistas, que,
evidentemente, cada una tiene sus percepciones y lealtades— sino de la
fragmentación de los interlocutores. El discurso de Pablo Iglesias durante la
noche electoral era la evidencia más penosa de esto. Decididos a presentarse
como superadores de la identidad nacional —a pesar de sus contradictorias
reivindicaciones de patriotismo privándolas de las necesarias gotas de
simbolismo—, Iglesias se dirige a una suma de colectivos que en un número
importante se configuran bajo el formato posmoderno de la hiperidentidad basada
en un fragmento de su realidad personal y social. Sería el caso de la
exaltación de las identidades sexuales por encima de las personales, de la
causa del feminismo como identidad particularizada, así como otros movimientos —el
de los jubilados, el memorialismo, afectados por la hipoteca, etc.—. Con ello,
Iglesias define una simplificación de la realidad por la vía de parcelarla. El
ciudadano-votante ya no se percibe como ser complejo en su personalidad y
compromisos. Esto es, se aboca a quien se siente de izquierdas —concernido por los derechos colectivos, la justicia
social y la solidaridad— a la orfandad si no puede autoaplicarse una etiqueta posmo. Tanto debate sobre los
significantes ha privado de significado.
El cálculo electoral de Podemos se topa con la
distancia creciente experimentada por quienes demandan izquierda frente al
pragmatismo descafeinado del PSOE —a pesar de la refundación de Sánchez—. Y ahí se evidencia por qué decrece Podemos
y por qué Izquierda Unida suma siglas pero no votos al proyecto de Unidos
Podemos. El discurso de compromiso abierto y general que sostenía
históricamente Izquierda Unida ha perdido a sus bases, que no se ven
reconocidas en el discurso podemita. La descomposición permanente de la
realidad que hace Iglesias adquiere el valor de un lenguaje entre huero y
sectario para el olvidado votante de izquierdas clásico.
También a Podemos le ha pasado factura el tema
catalán. Las maniobras hipercalculadas en torno a la insoportable ambigüedad de
Ada Colau, van alejando a los votantes españoles que no comparten ni el
análisis ni las formas de los independentistas catalanes. La ingeniería
electoral que hace de las circunscripciones catalanas el granero más ansiado de
votos ha llevado a Podemos a esta anfibología permanente. Y hubiera hecho mejor
Iglesias en escuchar las advertencias de Carolina Bescansa que en perseverar
con su aproximación al independentismo. ¿De qué sirve recoger pequeñas miserias
de un campo tan definido y estanco como es el catalán, si eso implica la
desafección en el resto de España? El conjunto de la izquierda ha perdido en
estas elecciones andaluzas 684.445 votantes, mientras las derechas han ganado
350.883.
No deja de sorprenderme la irresponsable declaración de “alerta antifascista” lanzada por Pablo Iglesias durante la noche electoral, en lo que resulta un acto de desesperación y de no asunción de sus responsabilidades —las suyas y las de Teresa Rodríguez— por su fracaso con la pérdida de 282.519 votos directos. Pedir a los jóvenes que se manifiesten permanentemente contra Vox es un acto de irrespeto democrático, de exaltación del radicalismo y depreciación de las instituciones. De hecho, Vox habría obtenido menos escaños si la izquierda hubiera hecho sus deberes alcanzando un mayor número de votos y dejando a la Ley d’Hondt hacer el resto. A la ultraderecha no se la vence con manifestaciones que acaban en quemas de contenedores, radicalizando posturas y alejando al elector que rechaza la violencia de los extremismos. Si la parte de indignación y hartazgo que se esconde tras una parte de los votantes de formaciones antisistema no recibe contraofertas sensatas, comprometidas y convincentes, de nada sirve salir a la calle. Por otro lado, que el radicalismo entre en las instituciones suele conllevar su atemperación, evidencia sus incongruencias y se ve obligado a abandonar las gratuitas soflamas de los mítines para encarar la realidad y la crudeza gris de manejar presupuestos con los que responder a las necesidades de la población. Sacar las huestes a las calles refuerza la percepción de lucha, de enfrentamiento y solo sirve para robustecer el discurso victimista de la ultraderecha.
No deja de sorprenderme la irresponsable declaración de “alerta antifascista” lanzada por Pablo Iglesias durante la noche electoral, en lo que resulta un acto de desesperación y de no asunción de sus responsabilidades —las suyas y las de Teresa Rodríguez— por su fracaso con la pérdida de 282.519 votos directos. Pedir a los jóvenes que se manifiesten permanentemente contra Vox es un acto de irrespeto democrático, de exaltación del radicalismo y depreciación de las instituciones. De hecho, Vox habría obtenido menos escaños si la izquierda hubiera hecho sus deberes alcanzando un mayor número de votos y dejando a la Ley d’Hondt hacer el resto. A la ultraderecha no se la vence con manifestaciones que acaban en quemas de contenedores, radicalizando posturas y alejando al elector que rechaza la violencia de los extremismos. Si la parte de indignación y hartazgo que se esconde tras una parte de los votantes de formaciones antisistema no recibe contraofertas sensatas, comprometidas y convincentes, de nada sirve salir a la calle. Por otro lado, que el radicalismo entre en las instituciones suele conllevar su atemperación, evidencia sus incongruencias y se ve obligado a abandonar las gratuitas soflamas de los mítines para encarar la realidad y la crudeza gris de manejar presupuestos con los que responder a las necesidades de la población. Sacar las huestes a las calles refuerza la percepción de lucha, de enfrentamiento y solo sirve para robustecer el discurso victimista de la ultraderecha.
Por último, las autonómicas andaluzas han
coincidido, lamentablemente, con la irrupción de protestas sociales y
profesionales en Cataluña fruto del desastre político en que está la región por
los recortes impuestos por Artur Mas y sus continuadores. Esta bofetada de
realidad a la ficción independentista ha pasado un tanto inadvertida por los resultados
de las elecciones andaluzas —y así lo han hecho notar tanto Puigdemont como
Torra interesadamente—. Así que, vuelta burra al trigo.
No hay elección pequeña ni asunto ajeno. En unas
municipales llegó la II República, pero en aquel entonces pilló a todo el mundo
con los deberes hechos…
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2/12/18
27/5/18
27/12/17
INOCENTES
IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 27/12/2017. Contraportada.
Escribe Mateo —solo él— que en alguna de las
inmarcesibles brumas del judeocristianismo hubo una fea matanza: todo varoncito
menor de dos años, en Belén, fue pasado por la espada. ¿Registros históricos?
Los habituales en estas narraciones: ninguno.
DIARIO DE BURGOS, 27/12/2017. Contraportada.
Parece de muy mal gusto celebrar tal fake event con las bromas que
caracterizan al día de los inocentes. Su origen está en la obsesión de la
Iglesia por poseer y resignificar toda fiesta romana y prerromana. De esta
forma, cristianizó las saturnalia, un
casi carnaval en diciembre, convirtiendo lo del día 28 en una marcianada.
Luego, algún padre de la Iglesia interpretó que la
matanza era un signo para el Cristo a la manera de Moisés, que también tuvo su
matanza de primogénitos egipcios. ¡Acabáramos! No hay barreras para la
conquista de significados o profecías. Lástima que Moisés tampoco existiera —a
pesar de la esplendidez física de Charlon Heston—. Qué magnífico Prometeo este falso
príncipe egipcio que prácticamente convirtió a unos pastores marginales en
reino…
Hace una semana murió el cardenal Bernard Law, el
encubridor de los abusos sexuales de más de 130 niños en su diócesis de Boston.
Para que este otro príncipe pudiera eludir la justicia norteamericana, el papa
Juan Pablo II le dio asilo e inmunidad en el Vaticano. Y allí se ha muerto. La
historia de esta complicidad institucional con los abusos y violaciones cometidos
por los sacerdotes fue narrada en una investigación periodística del Boston Globe que obtuvo el premio Pulitzer
y, más tarde, en la oscarizada película, Spotlight.
Más recientemente la soberbia serie de Netflix The Keepers ha contado lo sucedido en otro feudo católico, Baltimore.
Lamentablemente, se trata de un mal endémico. Tras comisiones de investigación
en Irlanda, Estados Unidos, Australia y cientos de juicios por todo el mundo, más
el análisis de expertos independientes, se ha estimado que entre el 7 y el 9%
del clero católico comete abusos sexuales sobre niños —cifras mayores en
ciertas órdenes, según determinaron las comisiones irlandesa y australiana—.
Conceptualmente, el sufrimiento de los niños
abusados se acerca mucho más al inconsolable dolor de la historia de la matanza evangélica. Y, aunque entre nosotros sigamos
haciendo bromas, nuestro total apoyo y exigencia de plena justicia debe ser para
las víctimas, los inocentes; nunca para los Herodes.
13/12/17
EMBUDOS VENDO
IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 13/12/2017. Contraportada.
DIARIO DE BURGOS, 13/12/2017. Contraportada.
Tras asegurar el alcalde Lacalle
que las excavaciones realizadas en el solar del Cid iban a confirmar la tradición
oral de una casa de la familia del de Vivar, R. Pérez Barredo entrevistó
en Diario de Burgos al catedrático de historia medieval, Dr. Francisco Javier Peña Pérez, uno
de los mayores expertos internacionales en la figura del Cid. El profesor
señaló la imposibilidad de que el Cid hubiera vivido en el solar mencionado y
calificaba toda la información relativa a ese espacio como un puro acto de
especulación inmobiliaria de los monjes de Cardeña para sacarle los cuartos al
siempre crédulo ayuntamiento
Al día siguiente, bajo un faldón
titulado “Puigdemont es una caricatura al cuadrado”, Antonio José Mencía
escribía su particular respuesta al prof. Peña —sin mencionarle— en una columna
titulada “El Cid”. Mencía, quejoso, se quedaba con su Cid de la
infancia, al que sumaba el Capitán Trueno y el Jabato. Trató de validar la
infumable operación Tizona —la millonaria compra de una espada
que se ha querido hacer pasar por la del Cid sin prueba fehaciente alguna—. Lo
importante no es la historia sino la memoria sentimental, “los valores del
mito”, venía a concluir quien ha sido director de comunicación de un museo de
historia… La leyenda manda. Se quiere convertir a Burgos en parque temático
cidiano y nada debe obstaculizarlo. Llámese Historia, llámese verdad.
Han sido legión quienes han criticado
la manipulación histórica hecha por el independentismo catalán: la invención de
los Països Catalans; la inexactitud de que la corona fuera
catalano-aragonesa; la pretensión de convertir la derrota de la Guerra de
Sucesión —la Diada— en la pérdida de no sé qué inventada independencia catalana
a manos castellanas; que la guerra civil de 1936 sucediera únicamente en
Cataluña, o que solo los catalanes fueran los reprimidos por el franquismo... A
aquellos les exigimos rigor. ¿Y qué pasa con las otras manipulaciones
históricas? ¿Sólo porque nos inunda la nostalgia hemos de cerrar los ojos ante
las falsedades que enseñó la escuela franquista? Lo siguiente, claro, es
declarar innecesaria la Ley de Memoria Histórica... Y así nos va, confundiendo
verdad con ajustes de cuentas… Y ya puestos ¿para qué una Universidad con
investigadores tan pesados que se empeñan en deshacer mitos tan bonitos, las
grandiosas leyendas?
Creerán Mencía, Lacalle y demás
que así hacen patria. Es lo que viene haciendo Esquerra…
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