17/5/24

DESPERTANDO A LA VIDA... EN RECUERDO DE JUAN JOSÉ MOLINERO, MOLI.

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
16/025/2024. Refectorio de la Universidad de Burgos.

Mi intervención aquí hoy se debe más a la conocida generosidad de Inés que a ninguna razón de peso esgrimible, fuera del afecto y respeto que tributo a la memoria de quien fuera mi profesor. Durante años, Inés ha sido responsable de un invisible hilo de saludos y recuerdos entre dos personas que, una vez terminadas las clases, nunca más se volvieron a ver.

 

 Juan José Molinero Martínez fue mi profesor de Historia de la Filosofía en el curso 1986/1987. En puridad, una estela fugaz en la vida de un estudiante de Historias, como decíamos entonces.

De primeras, para los estudiantes, él era “el filósofo”, lo que para los de la bancada popular se ajustaba a su mirar pausado y clemente, a su mano tan temblorosa como solían ser sus frases mientras mesaba las barbas, sosteniendo con la otra un cigarrillo ─que entonces en clase se fumaba─. Así empezó el curso, 2º de carrera, que era cuando uno se sacudía la mugre bachilleril ─en mi caso, postjesuítica─, y, con suerte, empezaba a mojar… Moli se acomodaba a nuestra demanda de mundo y aliento. Un tipo que parecía caminar del brazo de Georges Brassens y Paco Ibáñez, y que Moustaki le hubiera prestado la trenca. Un sujeto de un primer pasar sordo que, junto a la frescura insolente de Inés, la apostura colonial de personaje de Agatha Christie de Ángel Esparza, los amaneramientos de Hermida vaticano de Luis Martínez, de incomprendido Champollion bien macerado de Adriano Gutiérrez, o de la minuciosa curiosidad pretecnológica de Federico Sanz, ya entonces padre de la patria, hicieron otro el tiempo y nuestra vida en el CUI de Burgos.

1987 fue un hito más en la historia de las huelgas universitarias españolas (como 1913, 1915, 1949, 1965, 1968, 1969, 1972, 1976, 1977… ¡cómo nos gusta el autoerotismo a los universitarios!). Pero, seamos justos, 1987 vino precedido por un 1986 que fue el de las huelgas salvajes en las enseñanzas medias, con el asentamiento de las bases de la malhadada modernidad pedagógica pre-Logse.

En aquel año de segunda legislatura socialista, los estudiantes tomaron las calles, también los profesores, y gritaron, corrieron y recibieron sus buenos palos de los grises tornados ya maderos. Allí surgió un mito triste, un punkie, casi un detritus del sistema, que ni siquiera era estudiante pero que se sumó a las manifas con aire ludita destrozando el mobiliario urbano que poblaba el Madrid postdictadura: el Cojo Manteca.

1987 fue el año de la Universidad. José María Maravall, ministro de aquel ramo, entonces Educación y Ciencia, con su segundo, un tal Alfredo Pérez Rubalcaba como Secretario de Estado, trataron de imponer unas reformas que dejaban los planes de estudios de Letras, concretamente los de Filología e Historia, en ruinas. Los títulos quedarían mermados en una reducción tipo salsa Perrins, con fuerte disminución de sus especializaciones. De rondón se sumaron a las reivindicaciones el problema de las tasas, el que se arrastraba de los últimos PNNs y de los interinos, y la petición de derogación de la LRU. Pero el meollo de la huelga eran la reforma de los planes de estudio. Por entonces ya se oía algo de unas nuevas titulaciones difusas, de maneras anglosajonizadas, por llegar, ─no eran un bulo, seis años después nos colocaron graciosamente aquel engendro de Licenciatura en Humanidades que se comió los títulos de Filosofía y Letras y que tanto costó desfacer─.

Como diría un buen irlandés, en Burgos hicimos nuestra parte. Y lo hicimos bien. En cuanto conocimos los borradores de los planes de estudio, los estudiantes de Historia y Filologías nos movilizamos y fuimos a la Huelga. A la huelga total.

Nuestra purísima ciudad aguantó la respiración. Las fuerzas vivas siempre miraron con desconfianza al archipiélago universitario, que por supuesto entendían rojo sanguíneo tirando a moscovita… La Caput Castellae encogió el tipo. Se le retrajo aún más la incircundada pinga. Vamos, que apretó el culo. ¿Íbamos a romper marquesinas, a quemar autobuses, a levantar barricadas? ¿Corrían riesgo los adoquines de las Huelgas?

Con el arranque del año hasta finales de abril, el CUI se convirtió en un centro de reflexión y lucha que hizo correr ríos de tinta a la prensa local…, sin poder echarnos en cara nada. Nuestras manifestaciones, que no podían ser masivas, se caracterizaron por ser un modelo de civismo, pero también de provocación. El Colegio Universitario se convirtió en nuestra fortaleza, en la que mantuvimos una huelga activa, llena de reflexiones, asambleas, debates…  Cada mañana paríamos ardorosamente el mundo, y cada tarde lo enterrábamos con profunda solemnidad. Discutíamos con el mismo arrojo que, si en vez de ser el campus relegado de la Universidad de Valladolid, aquello fuera la capital del reino, qué digo, fuera París, Berkeley o Bolonia. Y no estábamos solos, participaron habitualmente los profesores más jóvenes, los más preclaros o concernidos, quienes tenían sentido histórico e institucional de lo que vivíamos. Moli, estaba.  Fue en aquel trato nuevo y confuso, para él rescoldo y eco de otras luchas de veinte años atrás, que me pidió que le apeara del Ud. con que yo me dirigía a los profesores y le llamara así, Moli.

Nos encerramos. He de decir que sin tumultos ni sobresaltos orgiásticos. Tomamos la parte de dirección, único espacio con suelo de madera, lo que sin volverlo de especial amabilidad, hacía menos penitencia dormir con los sacos. Fue sorpresa, y no lo fue tanta, ver aparecer bien temprano varias mañanas, churros y chocolate en ristre, a quienes no siendo asiduos a los debates, sí mostraron honda preocupación por el despertar de las chicas de Filología: Nicolás Castrillo y José Luis Moreno…

Una tarde, un par de policías nacionales aparecieron en casa buscándome. A mi madre le dio un soponcio. Me llevaron directamente al despacho del comisario jefe. Sin compunción, pero con cierto acojono, entré en aquella oficina, que si en ese momento me pinchan, no sangro. Extrañamente, el comisario parecía tan nervioso como yo. Tras un par de rodeos, acabó felicitándome por cómo estábamos llevando a cabo las protestas. Me confesó que su hija estudiaba Filología en el CUI y que, personalmente, estaba de acuerdo con nuestras reivindicaciones. Cuando se lo conté a Moli esa tarde, dijo, “pues ya podía el muy cabrón habértelo dicho por teléfono en vez de hacerte llevar a la comisaría…”.

En enero de aquel 1987, Moli había conseguido que se desatascara un proyecto especialmente querido: un ciclo de conferencias sobre la crisis de la Universidad, de la mano de algunos de los filósofos más importantes del país. Problemas económicos, nada infrecuentes en nuestro periférico campus, habían ido retrasando su celebración que, finalmente, pudo comenzar a últimos de mes.

Sin comerlo ni beberlo, el ciclo pasó de ser un notable acto académico más, a convertirse en uno de esos raros momentos que quedan marcados a fuego en el recuerdo.

El programa tenía unos intervinientes para quitar el hipo. Arrancó el 30 de enero con Agustín García Calvo, que apareció aquel viernes sonriente, con su aire de cantante folk californiano, para hablar “De las relaciones entre saber y poder”. Justamente, con el nuevo mes, fue que se desató la susodicha huelga con toda su parafernalia de actividades, encierros, manifas, asambleas y demás comensalidad goliarda.

Cómo no, Moli quedó en permanente entusiasmo y zozobra por lo que hacíamos y por lo que él tenía entre manos. Porque, si estábamos en aquellas…, ¿quién iba a ir a las conferencias? Aquellos eran tiempos gloriosos en que los estudiantes asistíamos con devoción a los actos culturales. Para colmo, el programa fue sufriendo cambios. Hubo conferenciantes que fallaron, por ejemplo, en el primer plantel estaba previsto que interviniera Francisco Fernández Buey, que luego no vino y en su lugar lo hizo Carlos París. Otros cambiaron la fecha asignada…

No sé muy bien por qué, yo había acabado al frente de la huelga ─de ahí la visita de la policía─.  Aprendí a dirigirme a una asamblea, a plantear los términos de nuestras discusiones y negociaciones, a hacer aprobar acuerdos, también a deshacerlos y a rehacerlos. Cada vez que uno de los conferenciantes movía su charla de fecha, ─”que Lledó no puede este viernes”; “que Aranguren retrasa el viaje…”─, Moli llegaba descompuesto, pues siempre coincidía con alguna de nuestras manifestaciones por el centro de la ciudad. Y en cada ocasión tocaba volver a convocar nueva asamblea y con una excusa u otra, cambiar los acuerdos para dejar libre la hora de la charla, que siempre eran en la Casa de la Cultura. Todo pudo ser resuelto. Pero esto fue el asunto menor del ciclo, que de puertas afuera fue un éxito rotundo, con el salón de la Biblioteca Pública a rebosar.  El Diario de Burgos recogió en largas previas el aviso de las conferencias, con despliegue del currículum del orador, oportunamente redactado por Moli. Al día siguiente, una página resumía el contenido de la conferencia, con fotografía del protagonista. En el caso de la última, la de Aranguren, éste apareció en portada.

Decía que, hasta cierto punto, aquello fue el asunto menor ─la celebración de las conferencias en el centro de la ciudad─, porque Moli se encargó de Sorbonizar o Nanterrizar  nuestro encierro con aquel ciclo de los más importantes filósofos de entonces. Todos ellos hicieron doblete. Al acabar su conferencia, bien aquella tarde, bien a la mañana siguiente, se reunieron con nosotros, los estudiantes, en el CUI para comentar y hablar de la huelga, sobre la universidad, sobre el papel de nuestros saberes en la sociedad, de nuestro compromiso y esfuerzos.  Si nuestra huelga ya había tenido un desarrollo y quehacer singulares, un convencimiento de estar haciendo y participando en reivindicaciones y esfuerzos que no eran estériles, que entendíamos que tenían que ver con momentos que eran verdaderas encrucijadas en la historia de nuestra recuperada democracia, aquellas visitas filosóficas fueron para nosotros una inserción de espíritu lleno de pureza, de compromiso, de vínculo directo con las luchas que venían de décadas de oposición al franquismo más crudo, de la ensoñación sesentayochista, del París de Sartre…, del sueño de poder soñar.

1987 fue un año inolvidable. Aprendí lecciones imperecederas, sentí formar parte de un mundo que me esperaba, pude creer en la fuerza de la juventud, en la capacidad de hacer y, sí, soñar.

1987 fue, qué duda cabe, Moli.

Al curso siguiente, dimitió el ministro.



Juan José Molinero Martínez (1943-2023)

14/5/24

PUES SÍ, LA AMNISTÍA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 13/05/2024. Página 5. 

Después de tanta sobredosis de máquina del fango, ver a Salvador Illa ganar las elecciones con serenidad de James Stewart, no solo conforta, es que a uno le alegra el alma. Necesitamos ese trato de confianza en el votante, en la capacidad de reflexión del ciudadano, hartos ya de ser jaleados como mulas cascabeleras. Cataluña es espacio complejo al que las muchas ignorancias y agitaciones complican permanentemente su gestión.

Los resultados electorales no son concluyentes, pero de lo constatado hay noticias con las que todo periódico que se precie debería haber abierto a cinco columnas, como: el independentismo derrotado en las urnas. Y, ocupando la mitad inferior de la portada, otro titular de igual tamaño: el presidente Sánchez tenía razón.

La política en democracia es un arte de mediaciones y gestión para la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos. Un servicio de resolución de conflictos y desigualdades, de promoción de la justicia… El buen político construye sobre estas bases en tiempos de bonanza para su proyecto, y ajusta cuanto puede a tales principios lo que llega por la vía de la necesidad o la imposición externa. Hacer política no es meramente desear, hay que tener la valentía de saber ver en la concesión, en la generosidad, incluso en la incomodidad de aceptar posturas ajenas rayanas en la indecencia, oportunidades para el encuentro, la desinflamación, la rotura de diques de agravios… El presidente del Gobierno tuvo el sapo de tener que negociar con Puigdemont su investidura ─incomodidad que le agradecemos todos los que no queremos un gobierno neoliberal en lo económico y ultraderechista en lo cultural y social─, y vio en la carencia una oportunidad para acercar Cataluña al ser común de España. Esta decisión ingrata, la de la amnistía, como en su momento la de los indultos, se ha revelado la mejor forma de coser España, frente a lo que dice el grupúsculo de energúmenos fascistoides y desinformados que acosan cada tarde la sede del PSOE injustificadamente.

Se puede vivir del odio o hacer política para los ciudadanos. Nada hay más parecido que el sionismo exaltado de Junts y el del PP-Ayusismo, dos perfectas máquinas de retroalimentación procesista a través del rencor y la deslealtad, con idénticas estrategias de desbordante clasismo y con sendos aliados ultras xenófobos.

     Veremos qué pasa con el  Govern,  pero la  apuesta de la victoria está clara: política para la convivencia y la mejora de la ciudadanía. 





30/4/24

CONTRAFACTUM

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 30/04/2024. Página 5. 

 A las 11:05 h., Busilis Tosantos dio paso a la conexión con el palacio de La Moncloa después de seis horas de especial informativo sobre el presidente del Gobierno: tahúr, llorón, ofendidito, dictadorzuelo enamorado, Ceaucescu de Tetuán, socialcomunista bilderbergiano, exterminador de la Transición, miniyo zapateril…, fueron algunos de los hitos señalados del currículum presidencial.

En cuanto se supo que Pedro Sánchez se iba, el empresario Stanislás Turrea dio orden de que las sirenas de la fábrica sonaran alborozadamente durante diez minutos. Hubo quien corrió a los refugios antiaéreos y quien acabó en el hospital con tremenda otitis. Se acabó el Perro. Bien está lo que bien acaba. La marcha le ha costado un pico en cheques a KO News, La Razor, The Subjective y El Confesor, pero está contento. Él ha hecho su parte.

A las 12:21, tres.radio Bierzo pinchó la contraseña acordada, “Como un vagabundo”, de Bertín Osborne. Fue oírse el “Buenas noches señora, buenas noches señora, hasta la vista” y lanzar las jumentudes fascistoides de Ponferrada un seat 127 lleno de garrafas de orujo con su trapo embocado ardiendo contra la sede del Partido Socialista.

Pasadas las 15:17 h., mientras el jefe de la Oposición amputaba con saña unos centollos en Combarro’s, Sovago Fangal irrumpía en la casa-cuartel de Sant Martí de Llémena, patria chica del fugado Puchcerrete. Sovago se identificó ante el cabo Descargamaría y el número Filabres, y al grito de ¡A la rapa del indepe!, incitó a los beneméritos a que le escoltaran para capturar al expresident que, señaló, se escondía en la comarca de La Selva.

A las 17:30 h., la presidenta de la federación madrileña de hostelería, Massiel Gáladriel Contuso, se personó en la marisquería acompañada de una legión de seguidores, todos con camiseta de Mahu extralúpulo. La legión, compuesta por diez cohortes de seis centurias cada una, rodeó el figón en el que brindaba el amado líder, que fue sacado a hombros y, una vez en la calle, desmembrado con el concurso de cuatro espectaculares ejemplares de hispano bretón traídos del Valle de Valdebezana. La orgía de libertad sanguínea se extendió hasta la media noche, momento en que un retén de los servicios privatizados de basuras limpió la zona con agua a presión.

Se acabó la dictadura, declaró el nuevo vicepresidente del Gobierno, Miguel Ángel Marínez, a las 7:15 h., ya 30 de abril. En España empieza de nuevo a amanecer.




 

16/4/24

UN HONOR ENRARECIDO

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

eldiario.es 14/04/2024 

https://www.eldiario.es/castilla-y-leon/opinion/honor-enrarecido_129_11288328.html

 

PRO PATRIA MORI

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 16/04/2024. Página 5. 

Cuando los parlamentarios y asimilados de Vox hablan en el Congreso de los Diputados, en las Cortes de Castilla y León o ante cualquier micrófono que les ponen delante, creen que dicen cosas como “He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser.” Pero, en realidad, graznan. Ellos se palmean, se jalean y animan como si la intervención hubiera sido un combate épico en el senado de Roma. Es obvio que les han dado algunas recomendaciones sobre cómo modular la voz y acompañar los gestos, pero todo queda en nada al escuchar la sinsorgada de turno. Sus declaraciones quedan muy lejos del dramatismo del replicante Roy Batty. Farfullan cosas sin sentido, exageraciones en el mejor de los casos, habitualmente falsedades históricas, barbaridades sacadas de algún vídeo que circulará por sus redes privadas, cuando no mentiras crasas. Vox ha comprobado que mentir sale gratis ─no son los únicos─. Tratan a la población sin respeto, como un ganado primario que reacciona a la provocación y la gestualidad incitadora, una masa tan iletrada como los diputados ultras, pero con ganas de marcha…

Las recientes intervenciones del diputado José María Figaredo en el Congreso deberían conllevar una expulsión del escaño por falsedad. No menos graves fueron las falacias y estupideces dichas por el procurador David Hierro en nuestras Cortes regionales negándose a condenar el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior dictadura franquista. Todo forma parte de la misma estrategia: negar las bases de convivencia acordadas en la única ley de concordia válida de nuestra sociedad, la Constitución de 1978.

Quienes votan a Vox pensando que con ello apoyan un ejercicio de patriotismo, siquiera con ciertos rescoldos franquistas, parecen ignorar el engaño del que son presos:  Vox es el partido más anticonstitucional de nuestro sistema. Su modelo propugna acabar con todo lo que supone concordia de la Constitución: un sistema de salud público universal y gratuito, derechos de los trabajadores, defensa de la igualdad y equidad, respeto de las minorías y situaciones de desigualdad, educación de calidad y gratuita, atención social. Eso sí, mucho golpe de pecho, mucha bandera, mucho marcar quienes se salvarán y quienes arderán en el infierno… Verdaderamente, su modelo no es para tibios, tampoco para quien vaya más allá de la lectura de un libro.



2/4/24

KONKORDIA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 02/04/2024. Página 5. 

 Con un texto que se debate entre el sermón de la Siete Palabras, un speech motivacional de coaching y un tono de feriante metido a jurista a lo Manolo Morán en Bienvenido Mr. Marshal, Vox y el PP han registrado una lisérgica Proposición de Ley “de concordia” en las cortes regionales.

La propuesta, que derogaría el Decreto de Memoria Histórica y Democrática vigente, parte de una gran presunción: somos imbéciles. Ha de venir Vox a iluminarnos sobre qué hemos de saber, qué podemos investigar, qué podemos conocer, qué podemos decir o publicar. Es, pues, un ejercicio de mala fe, de proyección de ignorancias y de tergiversación de lo que significa la Historia, la Libertad, los derechos individuales y colectivos, ¡ah!, y la concordia.

Vox, y al parecer el PP, nada saben de qué cosa es la Historia, de la que freudianamente desconfían. Creen que las Leyes de Memoria se basan en un ajuste de cuentas, en la contraposición de versiones ─o memorias─. Ignoran que las Leyes de Memoria, a pesar de lo que su nombre indica, se basan, en primer lugar, en la Historia, que es una disciplina académica, ajustada a una metodología científica, desarrollada por profesionales cualificados que analizan los hechos del pasado desde la comprensión de sus contextos de época. La Historia no es una versión, es un conocimiento plural del pasado, en el que puede haber discrepancias, normalmente no de orden fundamental. Lamentablemente para la ultraderecha, nunca será una fe, una religión. En segundo lugar, las Leyes de Memoria se fundamentan en el Derecho, en este caso en uno de los capítulos más dignos de la codificación jurídica: los Derechos Humanos. Ambos elementos, Historia y Derecho, se conjugan para dar a estas leyes su gran valor, su gran sentido basal: la reparación. Esta se dirige, de manera directa, a las víctimas que aún portan en su memoria la afrenta de crímenes e indignidades que han de ser atendidas; pero también al resto de la sociedad que ha elegido vivir en democracia y debe conocer su pasado. La expresión Memoria Democrática supone la necesidad de encarar la fealdad del pasado para, desde un compromiso ético, construir un presente democrático. No se puede ser franquista para el pasado y pretendidamente demócrata para el presente.

    El despropósito konkordial abunda en la idea de una minoría de edad mental ciudadana, en la necesidad de un dirigismo autoritario. Una libertad orwelliana. 




19/3/24

SEMOS LIBRES

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 19/03/2024. Página 5. 

Vivimos entre excrementos, en el lodo, el estiércol y la inmundicia, entre bostas y jiñes, enfangados, emplastados de boñigas, cubiertos de cascarrias, mascando basura, respirando orín, acorazados de sudor viejo. Vivimos en la constante mierda política, en la miserabilización de la Res publica más indignante.

La democracia es un antes y un después en la Historia al introducir una dimensión ética en el origen del gobierno. Nuestros representantes, los parlamentarios, reciben por el voto una delegación de la voluntad popular. De ahí nace el principio del Gobierno para el pueblo, y no, por ejemplo, para el partido o para cierta religión. Siendo esto así, ¿en qué momento se jodió todo? ¿Cómo hemos llegado hasta esta atmósfera irrespirable de indignidad y desvergüenza?

Hace veinte años, se dio un cambio inusitado: el gobierno (saliente), por su pura conveniencia partidista, mintió a todo su país (y exigió que se le siguiera), orquestando las patrañas del 11-M. Desde entonces, acumulamos un inmenso aturdimiento de turbiedad. La precuela mentirosa de la autoría etarra de los atentados, ha seguido hasta hoy con una indecencia insultante en los foros trumpistas, en las cabeceras de una derecha mediática abrazafarolas mientras haya quien pague el infame garrafón.

La escuela creada por Miguel Ángel Rodríguez, ese Torquemadilla fontaneril, que se tiene por lumbrera thatcheriana, ha servido para que una legión de seres de piel viscosa y lengua bífida medren en puestos amicrofonados en los que decir las sandeces más grandes para regocijo de una bancada pandillera y achispada. Por el camino murió la ética y la probidad. Y surgió Ayuso, la de la libertad infantiloide y el novio estraperlista que mercadeaba con la salud en tiempos del cólera.

Nos inunda un calculado gañanismo, que no es llaneza, sino descrédito de la democracia y sus instituciones, enjalbegadas de hez. En estos limos también se ha enfangado el PP local (ya se ha visto en luctuosas intervenciones senatoriales) sobresaliendo la figura bramadora del concejal Manso. Para regocijo de su sillería, expele el regidor acusaciones sin fuste contra el PSOE sobre Gamonal, y hoza pretendidas razones sobre los sucesos de hace 10 años, mostrando que no ha entendido nada, que no conoce el barrio, que apunta torcido y que se va a estrellar con sus propuestas alejadas del moderno urbanismo sostenible, en las que el aparcado es el ciudadano. Pero, oye, qué risotadas en el Pleno…




5/3/24

FACHOSFERA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 5 DE MARZO DE 2024. Página 5. 

 Me disgusta el palabro fachosfera porque otorga un aire de mofa o irrealidad a lo que hay detrás, que más que serio, es pavoroso.

En estos días hemos conocido cómo el mundo ultra se manifiesta con plena desvergüenza a través de tertulias de sacerdotes fanatizados en youtube, cómo Santiago Abascal profiere en EE.UU. exabruptos contra la Universidad de Salamanca ─y las de Bolonia y Harvard─, o del protagónico papel de la Iglesia en el asentamiento y difusión del bulo de ETA en los atentados del 11-M. No son casualidades, todo forma parte del mismo plan.

La ultraderecha se asienta sobre un principio básico: la realidad ha de acomodarse a sus creencias. Lo suyo es pura antimodernidad: contrarios a la observación científica del entorno social y natural, al desarrollo del pensamiento ilustrado y crítico, a la superación de los dogmas religiosos, a la separación Iglesia-Estado, a los principios liberales pro derechos individuales. Los ultras quieren orden, control y seguridad, tres imposibles vitales que solo pueden conseguirse por la vía violenta, la imposición, la manipulación y la intolerancia.

El desparpajo de los curas contrarrevolucionarios provoca sonrojo. Las barbaridades que dicen entre risas ─el deseo de muerte del papa, la exaltación de Franco…, son solo dos perlas─ muestran su deseo de alcanzar una sociedad fundamentalista. Evidentemente, esto tiene que ver con una clarísima involución dentro de la Iglesia, a la que los especialistas atribuyen de manera directa e indirecta un destacado papel en el surgimiento de la ultraderecha política en España.

La revelación ─en el extraordinario especial sobre el 11-M de El País, en su 20 aniversario─ de una breve conversación telefónica entre el entonces alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y el presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio M. Rouco Varela, resulta tan reveladora como estremecedora: la absoluta connivencia de la cúpula eclesial con la formulación del gran bulo, la inmensa mentira de que ETA estaba tras los atentados de los trenes de 2004. El Mundo de Pedro J. y la Cope de Jiménez Losantos construyeron un universo de mentiras, falsedades y manipulaciones adelantándose a las famosas fakenews. Allí se testó el poder de la mentira y la demostración de que feligresía, lectores y oyentes de derechas iban a seguirles ciegamente en su deriva antidemocrática y antiliberal. Las víctimas, la verdad, el respeto a las instituciones…, todo fue pasto de estos patriotas. Después llegó Vox. Hoy seguimos al borde del precipicio.




20/2/24

PARCAMENTE

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 20/02/2024. Página 5.

 Galicia es un ámbito proclive al estereotipo que, en el caso de analistas con lecturas, hunde sus raíces en eternidades literarias de Rosalía, Cunqueiro o Torrente Ballester, que no son el país de hoy. De aquellas imágenes entre románticas y mágicas, parecía surgir un mundo poco proclive a los excesos y rigideces, a pesar de lo mucho que se mató en la represión franquista y de la fortísima persecución cultural de la dictadura. Galicia, como casi todos los territorios, es un mundo mal comprendido desde fuera. Y ha entrado en un tiempo de profundos cambios. Obsesionarse con que sus elecciones son legibles en clave nacional conducirá a muchos errores. El PP, again, ha conseguido convencer a su base electoral conservadora de que lo gallego es un regionalismo sano, no un nacionalismo, pero esto tiene los días contados. Galicia apunta a un modelo vascogalaico, y eso supone abandonar el viejo paternalismo por mor del desarrollo y la pura ultramodernidad. O sea, más identidad.

La vergüenza se enseñorea en las izquierdas, fuera del BNG, que ha cosechado menos de lo merecido, pero al que le queda mucho por alcanzar su techo. El PSOE gestiona muy mal su imbricación territorial, y Sánchez lo sabe ─por aquí vendrán los cambios─. Hace falta pisar mucho asfalto y mucha tierra para aparecer confiable, para ser uno de los nuestros. En terrenos de fidelidades, la improvisación ─relativa, en este caso─ de un candidato que ejerce en Madrid como diputado, no habla a la región. Eso se paga, por encima de ninguna amnistía.

Lo que es de órdago es la debilidad de Sumar, que como todo proyecto sin base, hace agua por todos los lados, por más que le presupongamos un acierto en su idea de conjunción. En un tiempo de bloques ideológicos, Sumar o el Frente Amplio que debería ser, es absolutamente necesario en términos politológicos, pero, la verdad, apunta muy malas maneras. Con esta debilidad, la derecha solo tiene que sentarse a esperar.

Podemos está en los clamores. Han ido cavando tozudamente su tumba: con sus fútiles relaciones periféricas, que han alimentado el leftnationalism local volviéndose ellos innecesarios; con sus posmoderneces de lector recién llegado y mal digerido; con su cesarismo enervante, con su cainismo… Esperan a la circunscripción única de las europeas como agua de mayo para engañar a su muerte lenta. Pero con la Parca, ya se sabe, negociar es locura.



6/2/24

ANTIDEMOCRÀTIC

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 06/02/2024. Página 5.

 “No concurre terrorismo”. Así de claro lo dejó ayer el fiscal del Tribunal Supremo, concluyendo que no debe abrirse causa contra Puigdemont por Tsunami Democràtic.

¿En qué fango de estupidez hemos acabado? ¿Cómo es posible que con el dolor que nos ha causado el terrorismo, banalicemos esta lacra con tal de sacar réditos políticos? Los penosos sucesos de Cataluña, con toda la desafección que mostraban con el resto del país, con la obvia e irresponsable manipulación hecha por los convergentes, no fueron, todos lo vimos, actuaciones terroristas. Fueron manifestaciones contrarias a nuestro sentir ─no menos que otras que ha habido en Colón─, muchas con disturbios callejeros y vandalismo, sí, pero equiparlo a terrorismo ¿dónde deja eso lo de Ferraz o Gamonal? Beccaria se removería en su tumba; y reclamaría legislar para la convivencia, no para la represión.

La semana pasada, la alcaldesa de Burgos agradecía en un tuit a García-Castellón que no fuera aprobada la Ley de Amnistía en el Congreso. Inaudito. Era tanto como reconocer que el magistrado actuaba al dictado del Partido Popular. Eso mientras en Bruselas el PP mostraba a Europa que considera el CGPJ una propiedad inalienable.

La derecha ─sin distinción de siglas─ se ha convertido en el gran problema de la democracia, en movimiento antisistema. Se dicen liberales ─raíz del modelo actual─ pero conspiran contra los principios formulados por Locke y Montesquieu para evitar el acaparamiento de poderes. Han desvirtuado el poder judicial de manera grave; irrespetan los mandatos constitucionales ─como con el bloqueo a la renovación del CGPJ─; montan causas falsas con funcionarios corruptos/fanáticos para persecución de rivales políticos; incumplen flagrantemente leyes vigentes del ámbito laboral, de igualdad, memoria, asistencia social; vacían los presupuestos públicos que deberían atender a la sanidad general, al sistema de pensiones, a la enseñanza pública, para beneficio de sectores privados que encarecen la vida, dan peores servicios, pero financian sus políticas y campañas; pretenden cambiar el funcionamiento de órganos constitucionales, como el Senado, para interferir la lícita acción del Gobierno; desarticulan el sistema tributario, concebido para desarrollo e impulso del país y una mayor equidad entre los ciudadanos, buscando cimentar la lucha de clases; mienten constantemente sobre economía, sobre empleo, sobre ciencia, sobre sostenibilidad…

Hablan y hablan de España, pero para confundirla y cabrearla. Nos engañan con fruslerías mientras tratan de hurtarnos construir, sostener una sociedad decente.

     A ver cuándo, de una vez, se vuelven verdaderamente constitucionalistas.