DIARIO DE BURGOS, 06/01/2026. Página 5.
Avaricia,
prepotencia, fuerza militar, justeza en inteligencia y un inconmensurable
narcisismo: he aquí el combinado de circunstancias que laten tras lo sucedido
en Venezuela. El ataque ilegal ―tras meses de injustificables homicidios y bombardeos
de embarcaciones en mitad del Caribe―,
el secuestro de Nicolás Maduro, el asesinato de decenas de ciudadanos en
la agresión, la rápida atribución de los recursos del país, la desautorización
de cualquier interlocución a la oposición y la evidente renuncia a emprender un
proceso democratizador muestran qué interesa a la administración Trump. El
presidente, desdeñoso de las relaciones internacionales, ha diseñado un
gobierno contra al mundo: levemente jeffersoniano, monroista convencido e
imbuido del viejo Destino Manifiesto. Cuenta con una ―hasta ahora― fiel base
electoral: la América fundamentalista, profundamente insolidaria, iliberal e
ignorante. La cabeza del emperador está imbuida de una elefantiásica egolatría,
de un cinismo y vanidad patológicos hasta aceptar ser considerado un enviado de
Dios.
Cual nuevo
Calígula o Nerón, el emperador Donald, que también hizo cónsul a su ketaminizado
caballo electoral ―Elon Musk―, pretende reescribir la historia de EE.UU. desde
los detalles más básicos ―reforma sin control de la Casa Blanca―, hasta acabar
con el sistema de checks and balances, su particular incendio de Roma: denigrar
toda presidencia anterior, acabar con las instituciones democráticas ―cámaras
parlamentarias y concejos municipales, alcaldías, gobernaciones, Tribunal
Supremo…―, represión de cualquier oposición interior distorsionando las
funciones de las agencias policiales y de inteligencia, pisotear los Derechos Civiles
y Humanos de los inmigrantes. Ha descabezado los servicios sociales, la escasa
atención médica pública, ha acabado con el sistema público de vacunas, ha
impuesto censuras a contenidos educativos, intelectuales e informativos…
Retrocedidos a la brutalidad decimonónica ―con la aterradora tecnología militar
del XXI―, a la exaltación del beneficio privado más feroz, quiere pasar a la
historia por duplicar el territorio de la Unión a costa de sus vecinos. No
entiende qué mierda es eso del Derecho Internacional, ni el respeto a la
autonomía de cada país.
Es el
petróleo, el patio trasero, las rutas de comercio internacional, la hegemonía
continental…, sí, pero, sobre todo, es un desequilibrado construyendo su mito
personal. Sin Derecho, el mundo es una selva atroz. Votar con las gónadas y la
cruz aseguran siempre el monstruo y el apocalipsis.
Contrapongamos
fría razón y humanitarismo a este patriotismo asesino. Claudicar ante el
neurótico conlleva la anulación final. Rijámonos por la decencia y el respeto
democrático. O desapareceremos.

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